
Los negociadores de Afganistán y Pakistán reanudarán este jueves en Turquía las conversaciones para consolidar el alto el fuego acordado tras los peores enfrentamientos registrados en años entre ambos países vecinos.
La relación entre Kabul e Islamabad se deterioró notablemente, con Pakistán acusando a Afganistán de albergar grupos militantes responsables de ataques transfronterizos, cargos que las autoridades talibanes rechazan.
El último brote de violencia se desató después de explosiones en Kabul el 9 de octubre, atribuidas por el gobierno talibán a Pakistán, lo que desencadenó una ofensiva armada en la frontera.
Los combates dejaron más de 70 muertos, entre ellos civiles, y cientos de heridos. El 19 de octubre, las partes pactaron un alto el fuego mediado por Turquía y Qatar, pero quedan pendientes detalles clave para su implementación.
La semana pasada, la ronda de negociaciones en Estambul concluyó con un acuerdo para prorrogar la tregua y el compromiso de crear un “mecanismo de seguimiento y verificación” que sancione a los infractores. Se espera que durante la sesión de este jueves se definan los detalles del sistema y otros aspectos logísticos.

Sin embargo, pese al avance diplomático, la desconfianza permanece: ambas partes se acusaron mutuamente de falta de buena fe y advirtieron sobre la posibilidad de reanudación de los combates si el alto el fuego se ve amenazado.
Pakistán también acusa a Kabul de actuar como representante de la India —su histórico rival—, tras el regreso al poder de los talibanes en 2021. Las explosiones en Kabul que detonaron el conflicto coincidieron con la visita del canciller afgano, Amir Khan Muttaqi, a Nueva Delhi.
El ministro de Defensa paquistaní acusó el sábado pasado al gobierno talibán de “patrocinio traicionero y bárbaro del terrorismo auspiciado por la India”. En el fondo de la disputa, Islamabad insiste en que Kabul corte vínculos con los talibanes paquistaníes y otros grupos militantes que usan Afganistán como base para ataques. En contraposición, Kabul lo niega y denuncia violaciones recurrentes de su soberanía por parte de Pakistán.
La frontera bilateral permanece cerrada desde hace semanas, generando importantes pérdidas económicas en ambos países. El paso fronterizo sigue siendo foco de tensiones, especialmente tras los recientes enfrentamientos mortales de octubre, en un contexto de disputas históricas sobre su estatus.
La administración talibán, al igual que sus predecesores, rechaza la validez de la Línea Durand —la frontera establecida en el siglo XIX—, calificándola de “imaginaria”. Por su parte, Islamabad sostiene que el trazado está internacionalmente reconocido.
La frontera, de más de 2.600 kilómetros, atraviesa regiones montañosas desde Irán hasta China, dividiendo comunidades pashtunes —base principal de apoyo de los talibanes— y dejando a Afganistán sin litoral marítimo.
Es importante mencionar que las rutas que dividen Afganistán y Pakistán son una arteria clave para el comercio bilateral, ya que Pakistán constituye el mayor socio comercial afgano. Camiones transitan regularmente la ruta, transportando productos como frutas y verduras.
(Con información de AFP)
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