
París amaneció sacudida el domingo 19 de octubre por un robo digno de película. Minutos antes de las 9:30 de la mañana, un grupo de ladrones irrumpió en el Museo del Louvre y se llevó nueve joyas históricas de valor incalculable.
El golpe, ejecutado con precisión quirúrgica, tuvo como escenario la icónica Galerie d’Apollon —la Galería de Apolo—, uno de los espacios más visitados del museo y donde se exhiben piezas vinculadas a la realeza francesa del siglo XIX.
Según informaron las autoridades, los cuatro sospechosos ingresaron utilizando una escalera mecánica montada sobre un vehículo. En cuestión de minutos, rompieron las vitrinas de seguridad, tomaron los objetos y escaparon antes de que el personal pudiera reaccionar. Las joyas robadas estaban incrustadas con miles de diamantes y piedras preciosas, y formaban parte de una colección emblemática que testimonia el lujo de la antigua corte francesa.

Entre los objetos sustraídos se encontraba una corona que perteneció a la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III. Esa pieza, sin embargo, fue recuperada en el lugar del hecho, aparentemente arrojada por los intrusos durante la huida. Los investigadores creen que podría haberse caído accidentalmente o que los ladrones decidieron abandonarla para ganar tiempo.
Otras ocho joyas, de enorme valor histórico y artístico, continúan desaparecidas. Por su singularidad y relevancia cultural, fueron incorporadas de inmediato a la base de datos internacional de INTERPOL sobre obras de arte robadas. Esa plataforma reúne descripciones e imágenes de más de 57.000 objetos sustraídos en todo el mundo y es la única con información policial verificada.
En paralelo, la organización emitió un cartel de edición especial para alertar a sus países miembros sobre el robo y facilitar la identificación de las piezas en caso de que aparezcan en el mercado negro. Las autoridades francesas trabajan en coordinación con INTERPOL y otras fuerzas europeas en busca de pistas que permitan dar con los responsables.

Hasta el momento, no hay detenidos y el Louvre permanece abierto al público, aunque con medidas de seguridad reforzadas. Mientras tanto, el golpe ya es considerado uno de los más audaces de los últimos años contra un museo de renombre mundial.
Robo, controversia y reclamos
La reacción del personal del Louvre fue inmediata. Durante la reunión convocada por la dirección, la directora Laurence des Cars fue recibida con abucheos, lo que reflejó el malestar acumulado entre los trabajadores.
Esta inconformidad ya existía desde hacía meses: en junio, el museo cerró temporalmente por una protesta de vigilantes de sala, taquilleros y agentes de seguridad, quienes denunciaron la insuficiencia de personal y condiciones laborales insostenibles.
Uno de los principales reclamos fue la reducción de 200 puestos de trabajo a tiempo completo en los últimos 15 años, sobre una plantilla total cercana a los 2.000 empleados.
“No podemos prescindir de la vigilancia física”, declaró un representante sindical a la Agence France-Presse. Yvan Navarroa, miembro del sindicato CGT, expresó a France Info radio: “Las colecciones no están seguras y el personal tampoco”.
El vicealcalde de París, David Belliard, recordó en la red social X que el robo se produjo meses después de que los empleados del museo alertaran sobre fallos en la seguridad. “¿Por qué la dirección del museo y el ministerio ignoraron esas advertencias?”, cuestionó.

Un informe oficial elaborado antes del robo, citado por el diario Le Figaro, calificó los sistemas de seguridad del Louvre como obsoletos e insuficientes, señalando la falta de cámaras de videovigilancia (CCTV) y la postergación reiterada de mejoras, que solo se implementaron en salas renovadas. El aumento del número de visitantes también contribuyó al deterioro de los equipos de seguridad.
El robo reciente se inscribe en una larga historia de hurtos y problemas de seguridad en el Louvre. El museo, fundado durante la Revolución Francesa para proteger el patrimonio nacional, fue escenario de robos notorios, incluido el célebre hurto de la Mona Lisa en 1911.
En aquella ocasión, Vincenzo Peruggia, antiguo empleado, sustrajo la pintura disfrazado con su uniforme de trabajo y logró ocultarla durante dos años. La investigación llevó incluso a la policía a interrogar brevemente a Pablo Picasso, quien devolvió unas esculturas robadas por temor a ser implicado.

Tras la ocupación nazi de Francia en 1940, el director del museo coordinó la evacuación de más de 1.800 cajas de obras de arte al campo, aunque algunas piezas quedaron en manos de altos mandos alemanes.
En las décadas siguientes, el Louvre sufrió robos a plena luz del día: desde joyas antiguas recuperadas en Nueva York en 1966, hasta la desaparición de pinturas y objetos valiosos en los años 70, 90 y finales del siglo XX. Aunque algunos objetos fueron recuperados, otras piezas siguen en paradero desconocido.
En respuesta al último incidente, la ministra de Cultura, Rachida Dati, anunció la instalación de nuevas cámaras de videovigilancia y recordó que ya se habían destinado EUR 160 millones (USD 187 millones) a la modernización de los sistemas de seguridad del Louvre, dentro de un plan decenal impulsado por el presidente Emmanuel Macron en junio, según medios locales.
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