
Durante una fría jornada de 2010 en Virginia, Estados Unidos , Wayne Corprew acudió, como cada año, a la granja Joe’s Trees, próxima a Roanoke, para seleccionar el pino que decoraría su hogar en Navidad junto a su familia. Sin embargo, ese día rutinario se convirtió en el inicio de una historia singular, cuyo desenlace llegaría tres lustros después, uniendo a varias familias en la tarea de encontrar “una aguja en un pajar”.
La mañana transcurría con la emoción propia de los preparativos navideños. Corprew eligió el árbol, lo taló personalmente y usó guantes para protegerse del frío y evitar cortes con la sierra. Según detalló la cadena local WDBJ 7, al finalizar y retirarse los guantes, notó que el anillo de bodas —una pieza de oro caracterizada por sus ondas doradas y dos pequeños rizos realizados con el molino— había desaparecido de su mano. La pérdida repentina de un símbolo tan preciado generó angustia de inmediato, al quedar oculto entre ramas, hojas y tierra.
Búsqueda infructuosa y un mensaje persistente

Apenas detectó la ausencia del anillo, Wayne Corprew emprendió una búsqueda exhaustiva entre los árboles talados y el suelo alterado. Aunque las probabilidades no jugaban a su favor, regresó al día siguiente con un detector de metales. La jornada entera transcurrió sin éxito, a pesar de examinar minuciosamente el terreno y posibles zonas donde el anillo pudo haber caído mientras cortaba o manipulaba el árbol. Incluso regresó en verano, cuando la vegetación era menos espesa, pero los resultados no fueron diferentes.
Ante la falta de hallazgos, dejó en administración una nota manuscrita simple: “Anillo perdido. 2010-2013. No lo tires, es caro”. Añadió un número de teléfono, manteniendo la esperanza de que pudiera recuperarlo algún día. La nota quedó bajo el resguardo de Sue, entonces propietaria de la granja, quien, en vez de desecharla con el paso del tiempo, la guardó junto a otras notas de clientes que, como Wayne, habían perdido algo durante su visita.
El traspaso generacional y una práctica de memoria
En 2018, la granja pasó a manos de Darren y Samantha Gilreath, sobrinos de Sue. De acuerdo con Joe’s Trees, al hacerse cargo del negocio revisaron el archivo de avisos y decidieron conservar el sistema informal de registro de objetos perdidos. Según explicó a WDBJ 7 Darren Gilreath, todas las anotaciones sobre objetos extraviados continuaron exhibiéndose en el tablón de anuncios los años siguientes y, una vez retiradas, se almacenaban a la espera de poder ayudar a algún cliente a recuperar lo suyo. Sue, tras la venta, recomendó especialmente no deshacerse de la nota acerca del anillo extraviado, consciente de su valor sentimental, pues el dueño había regresado varias veces a consultar.
El hallazgo inesperado y la devolución
El giro de esta historia se produjo cuando Darren y Samantha Gilreath realizaban la plantación manual de maíz próxima al huerto de calabazas de la granja. Cerca del borde del sembradío, descubrieron un objeto brillante entre la tierra y restos de cosechas: era el anillo de bodas perdido hacía quince años. La situación los animó a repasar las notas guardadas durante años y dieron con la manuscrita por Wayne Corprew, que incluía la descripción del objeto perdido y su número de contacto.
Samantha y Darren contactaron a Sue para compartir la noticia, y luego se dispusieron a llamar al número anotado en la vieja nota. Wayne Corprew, que ya había perdido la esperanza de recuperar la joya, atendió sin imaginar el motivo de la llamada. Al escuchar que se trataba de Joe’s Trees y que el anillo había sido hallado, comprendió que, finalmente, la perseverancia y el compromiso de la familia de la granja habían vencido al azar. Confirmó inmediatamente que se trataba de su anillo, el mismo que consideraba perdido para siempre.
La sorprendente recuperación del anillo de bodas trajo gratitud y alegría tanto para Corprew como para la familia Gilreath. Wayne agradeció profundamente que su nota hubiera sido conservada tantos años y pudiera cerrar así un capítulo significativo de su vida, llevándose consigo su anillo y la experiencia de que aún existen personas dispuestas a ayudar y confiar en los demás. Para los Gilreath, devolver el anillo fue motivo de satisfacción y refuerza su deseo de mantener un fuerte sentido de comunidad alrededor de la granja, siendo guardianes tanto de tradiciones rurales como de pequeñas historias personales.
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