
En 2002, Hamida Banu, una viuda india que trabajaba como cocinera en los países del Golfo para mantener a sus cuatro hijos, recibió una oferta de empleo en Dubai. Un agente de contratación le prometió ayudarla a conseguir el trabajo, a cambio de 20.000 rupias (USD 250). Sin embargo, en lugar de viajar a los Emiratos Árabes Unidos, Banu fue víctima de una red de trata de personas y trasladada a Hyderabad, Pakistán, donde estuvo retenida en una casa durante tres meses sin posibilidad de contacto con su familia.
Desde entonces, su vida cambió drásticamente. Con el tiempo, se casó con un vendedor ambulante en Karachi, quien, según le dijo a la BBC: “Nunca la molestó”. Sin embargo, cuando su esposo falleció durante la pandemia de COVID-19, Banu quedó aún más desprotegida en un país extranjero, sin documentación y sin medios para regresar a su país de origen. “Pasé los últimos 22 años como un cadáver viviente”, dijo la mujer de 75 años tras cruzar la frontera de regreso a India.
Un video en YouTube lo cambió todo
La historia de Banu podría haber quedado en el olvido de no ser por un video de YouTube publicado en julio de 2022 por el activista paquistaní Waliullah Maroof. En él, Banu relató su calvario y su deseo de regresar a India. El periodista indio Khalfan Shaikh vio la entrevista y decidió compartirla en su plataforma.

Lo que sucedió después fue un golpe del destino: el nieto de Banu, a quien ella nunca había conocido, la reconoció en el video y alertó a la familia en India. Esto llevó a que Shaikh y Maroof organizaran una videollamada entre Banu y sus seres queridos, un encuentro que fue a la vez emocionante y desgarrador.
En la llamada, su hija Yasmin le preguntó con ansiedad: “¿Cómo estás? ¿Me reconociste? ¿Dónde estuviste todos estos años?”. Banu, conmovida, respondió: “No me pregunten dónde estaba ni cómo he estado. Los he echado mucho de menos. No me quedé aquí por voluntad propia, no tenía otra opción”.
Las complicaciones de su repatriación
A pesar de que la familia ya había encontrado a Banu, su regreso no fue inmediato. Debido a la tensa relación entre India y Pakistán, su caso fue sometido a rigurosas verificaciones por parte de ambos gobiernos. Solo en octubre de 2023 se confirmó oficialmente que era ciudadana india.

El Alto Comisionado de India en Pakistán informó que para su identificación se utilizaron documentos como fotografías antiguas, su tarjeta de racionamiento emitida en Mumbai y la tarjeta Aadhar de sus hijas. Además, el Ministerio del Interior de India (MHA), basado en un informe del CID de Mumbai, corroboró su nacionalidad, lo que permitió dar luz verde a su repatriación, según el medio local, Times of India.
Finalmente, después de más de dos décadas de espera, se fijó su regreso para el 16 de diciembre de 2023.
El día del reencuentro
El lunes 16 de diciembre, Hamida Banu cruzó la frontera de Attari-Wagah, el paso terrestre entre Pakistán e India. Allí la esperaban su hija, su hermana, su sobrino y su hermano, quienes viajaron desde Mumbai para recibirla. Su hija Yasmin y su otra hija, Parveen, lloraban de emoción al verla.
Desde la estación de Amritsar Express, donde tomó un tren hacia su hogar, recordó al medio local, Hindustian Times, su lucha: “Mi video fue compartido hace dos años. No estaba segura de si llegaría a la India. Pero la embajada india me llamó hace un año y me dijo que podía regresar”.

Al preguntarle cómo se sintió al dejar Pakistán, Banu relató que sus parientes políticos en Karachi le preguntaron si los extrañaría. Su respuesta fue clara: “No, en absoluto. Estoy muy contenta de volver a casa”.
A pesar de estar feliz por haber vuelto, Hamida Banu dejó en claro: “Tengo hermanos, hermanas e hijos allí [en India], pero no quiero ser una carga para nadie”. Sus palabras reflejan los desafíos que enfrentan muchas víctimas de la trata de personas, quienes, tras años de separación, deben reintegrarse en una sociedad que ha cambiado durante su ausencia.
Como destacó el activista Waliullah Maroof, quien ayudó a difundir su historia: “Hoy es el día más feliz de mi vida. La humanidad ha superado todo odio, todas las diferencias religiosas y nacionales”.
El caso de Banu es un testimonio del sufrimiento de muchas mujeres engañadas por falsas promesas de trabajo en el extranjero. Su historia, marcada por el dolor de la separación y la esperanza de regresar, es un recordatorio de los peligros de la trata de personas y la necesidad de mecanismos más eficientes para la repatriación de víctimas.
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