
Las recientes desapariciones de altos generales chinos, entre ellos el Ministro de Defensa, plantean dudas sobre la habilidad de Xi Jinping para mantener su control sobre el Ejército Popular de Liberación (EPL). Estas desapariciones también exponen las reservas del presidente chino acerca de la capacidad operativa del EPL en momentos de crisis o conflicto, lo que podría tener repercusiones significativas en la política de seguridad regional.
Así lo evaluó Joel Wuthnow, investigador principal del Instituto de Estudios Estratégicos Nacionales de la Universidad Nacional de Defensa de EEUU, en un artículo para Foreign Affairs que analizó las implicaciones de estas desapariciones y cómo afectan la percepción de la capacidad militar de China.
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Las desapariciones comenzaron en agosto, cuando el comandante en jefe y el comisario político de la Fuerza de Cohetes, encargada del control de los misiles balísticos intercontinentales (ICBM), fueron sustituidos por oficiales de la Armada y la Fuerza Aérea. Esto coincidió con la circulación de rumores sobre corrupción y venta de secretos militares en los niveles superiores de ese servicio, aunque no se han anunciado cargos.
La purga continuó en las semanas siguientes con la destitución del jefe del tribunal militar chino por parte de la Asamblea Popular Nacional. Luego, en septiembre, los observadores se dieron cuenta de que el ministro de Defensa, Li Shangfu, no había acudido a varias comparecencias programadas, validando los rumores de que también estaba siendo investigado por sobornos en el sistema de adquisiciones. Li ocupó el cargo de jefe del equipamiento entre 2017 y 2022.
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Según Wuthnow, las desapariciones muestran la dificultad de controlar una institución con un alto grado de autonomía como el EPL y alimentan interrogantes sobre la capacidad de Xi de elegir a los oficiales en cargos clave.
“Es de suponer que los candidatos para cada una de estas funciones habrían sido sometidos a la investigación más rigurosa posible y aprobados personalmente por Xi. Su fracaso a la hora de garantizar el cumplimiento en estas funciones críticas plantea dudas sobre su éxito en la gestión del ejército en general”, escribe el analista en la influyente publicación estadounidense.
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Las desapariciones causaron todavía más sorpresa porque Xi es a menudo retratado como el jefe más poderoso de las fuerzas armadas chinas desde Deng Xiaoping (en el cargo desde 1978 hasta 1989). El líder chino fue elegido presidente de la poderosa Comisión Militar Central en 2012 y desde entonces una de sus principales tareas fue eliminar a los oficiales superiores corruptos o de dudosa lealtad política, recuerda Wuthnow. Xi también ha seguido muy implicado en los nombramientos militares, y al parecer ha influido en los ascensos hasta el rango de general de división. Se suponía, por lo tanto, que su control sobre el ejército fuera sólido.
Por el contrario, “las desapariciones sugieren que el control de Xi sobre el EPL podría ser menos completo de lo imaginado”, según Wuthnow.
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El problema de la falta de controles
Las dificultades de Xi se deben también a la extensa autonomía del EPL, algo que a menudo terminó por favorecer casos de corrupción.
“A diferencia de los ejércitos occidentales, no existen controles y equilibrios externos, como la supervisión del Congreso, un poder judicial independiente o periodistas de investigación. Además, salvo contadas excepciones, Xi no incorporó al Estado Mayor a ayudantes cercanos que le hubieran conocido a lo largo de su carrera, a diferencia del sistema estadounidense, en el que los presidentes llenan la burocracia de leales cargos políticos”, observa Wuthnow.
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Esa autonomía continuó garantizada por Xi. A cambio, el líder chino obtuvo el apoyo del EPL para consolidar su poder y llevar adelante su ambicioso plan de modernización y reorganización de las fuerzas armadas, el mayor desde 1950 y que ninguno de sus antecesores había logrado.
“Xi pudo llevar a cabo esas reformas porque consiguió el apoyo de los mandos militares y permitió que el EPL permaneciera en gran medida libre de supervisión externa”, escribe Wuthnow.
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A eso se sumaron los continuos aumentos de los presupuestos militares, que de 2012 a 2022 se duplicaron con creces, pasando de 106.000 millones a 230.000 millones de dólares.
La lluvia de dinero y la falta de controles puso a funcionarios como los líderes la Fuerza de Cohetes y responsables de la compra de equipamiento, como Li Shangfu, en posición de beneficiarse. “Tenían los medios, los motivos y la oportunidad de llenarse los bolsillos, a pesar de la retórica de Xi sobre la lucha contra la corrupción y la profesionalización”, según Wuthnow.
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Crisis de confianza
La falta de confianza en algunos de los altos mandos del EPL plantea además nuevos interrogantes, tanto para los observadores externos como para Xi y otros civiles del Comité Permanente del Politburó del PCCh, sobre el grado de corrupción que sigue existiendo en el sistema de adquisiciones y sobre qué más puede estar ocultando el ejército en términos de gastos y operaciones.

Por ejemplo, los funcionarios civiles podrían tener válidas razones para sospechar que el EPL pueda incluso estar ocultando defectos en equipos críticos adquiridos en la última década, afectando las percepciones de la élite civil sobre la capacidad y fiabilidad de estas fuerzas en un conflicto.
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“Tendrían que preguntarse qué podría salir mal si se pide al EPL que vaya más allá de las demostraciones simbólicas de poder, como el envío de cazas cerca de Taiwán, y entre en un conflicto real contra un adversario capaz. Tales preocupaciones deberían informar las decisiones que Xi y el Comité Permanente del Politburó tomen sobre si entrar en un conflicto con Estados Unidos y Taiwán en primer lugar”, escribe Wuthnow.
Estas dudas podrían pesar en los cálculos de Xi sobre los riesgos de iniciar un conflicto, haciéndolo menos seguro de que una decisión de usar la fuerza lograría los resultados previstos. Así, según Wuthnow, la falta de confianza de Xi en sus generales podría paradójicamente tener un efecto positivo: ser un elemento disuasorio para la guerra.
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