
La Justicia de Francia absolvió este lunes al constructor europeo Airbus y la compañía Air France por el caso del accidente del 1 de junio de 2009 de un vuelo Río de Janeiro-París que se estrelló en el Atlántico y causó la muerte de sus 228 ocupantes, entre los que figuraban 58 brasileños.
Al término de una instrucción que se prolongó durante trece años ambas compañías acabaron en el banquillo acusadas de homicidio involuntario en uno los siniestros aéreos más fatales de los últimos veinte años.
Después de tres meses de proceso a finales de 2022 la Fiscalía se había alineado en su alegato con el grueso de las tesis de las dos multinacionales al considerar que era “imposible de demostrar” la culpabilidad del accidente, lo que enfureció a asociaciones de víctimas como Ayuda y Solidaridad AF447.
“La Fiscalía se ha dado el permiso de criticar a los pilotos durante 5 horas y las 228 víctimas no cuentan. Las han matado una segunda vez”, clamó el 8 de diciembre, día de la clausura del juicio, Daniele Lamy, presidenta de la asociación Ayuda y Solidaridad AF447 y quien perdió en el accidente a su hijo de 37 años. La requisitoria “carga exclusivamente contra los pilotos, en favor de dos multinacionales”, agregó Lamy, que representa a los familiares de las víctimas.

El avión A330-200 desapareció del radar en una tormenta sobre el Océano Atlántico el 1 de junio de 2009, con 216 pasajeros y 12 tripulantes a bordo. Tomó dos años encontrar el avión y sus dispositivos de grabación en el fondo del océano, a más de 4.000 metros de profundidad.
La investigación oficial de la Oficina de Investigación y Análisis concluyó que varios factores contribuyeron al accidente, como errores del piloto y la congelación de sensores externos de la aeronave. Cuando quedaron bloquedas las sondas de medición de la velocidad del avión, los pilotos desconocieron ese dato al atravesar una zona de turbulencias. Por ello, no aplicaron el protocolo adecuado y elevaron la posición del aparato hasta que este perdió su horizontalidad, dejó de tener sustentación y se colocó en situación de caída libre a 1.150 kilómetros de las costas de Recife (Nordeste de Brasil). Los pilotos creían que estaban ascendiendo cuando en realidad perdían altura.
Air France y Airbus se sentaron a finales de 2022 en el banquillo de los acusados por “homicidio imprudente” tras una larga instrucción de 13 años entre numerosos peritajes durante los que se tomó una decisión, posteriormente revocada, que levantaba la imputación a las dos empresas.
La clave del juicio fue saber si el accidente se debió a una falta de preparación de los pilotos, atribuible a Air France; a un fallo del dispositivo de medición de la velocidad, que sería responsabilidad de Airbus; o si, como se barajó durante la instrucción, todo se debió a una impericia de los pilotos, fallecidos en el siniestro.
Durante todo el juicio, los representantes de Airbus y de Air France defendieron que las empresas no cometieron ninguna falta penal. Sus abogados solicitaron la absolución, una “decisión humanamente difícil pero técnica y jurídicamente justificada”, según el consejo de Airbus.
A bordo del avión, un A330 con matrícula F-GZCP, iban personas de 33 nacionalidades: 61 franceses, 58 brasileños y 28 alemanes, así como italianos (9), españoles (2) y un argentino, entre otros.
El accidente es el más mortífero de la historia de las compañías aéreas francesas.
(Con información de AFP, EFE, AP)
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