
El presidente ruso, Vladimir Putin, pronunció su muy esperado discurso del Día de la Victoria en un gigantesco desfile militar en Moscú. Justificó el envío de tropas a invadir Ucrania diciendo que tienen la misión de defender la “Madre Patria” rusa de una “amenaza absolutamente inaceptable” al tiempo que buscó alimentar el patriotismo de la población y su apoyo a la campaña en el país vecino.
Pero sus palabras fueron escuetas. La decisión del Kremlin fue reducir al mínimo las referencias a la invasión, dejando en claro la verdad: no hay ninguna victoria que celebrar en Ucrania. Y hubo otra omisión, quizás más demostrativa de lo antipopular que resulta la guerra para los propios rusos: no hubo anuncios sobre el futuro. Así, las especulaciones de que podría usar el 77 aniversario de la victoria soviética sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial para expandir el conflicto se desvanecieron.
Su discurso incluyó un minuto de silencio. “La muerte de cada uno de nuestros soldados y oficiales es nuestro dolor compartido y una pérdida irreparable para sus amigos y familiares”, dijo Putin, prometiendo que el Estado cuidaría de sus hijos y familias.
Sin embargo, no precisó el número de fallecidos. Kiev y Occidente dicen que el número de muertos de Rusia en la guerra supera los 15.000 soldados soviéticos muertos en la guerra soviético-afgana de 1979-1989. Rusia no ha actualizado sus cifras de bajas desde el 25 de marzo, cuando dijo que habían muerto 1.351 soldados.
De hecho, el discurso de Putin de 11 minutos, el día 75 de la invasión, se destacó en gran medida por lo que no dijo.

Putin no mencionó a Ucrania por su nombre, no dio una evaluación del progreso en la guerra y no ofreció ninguna indicación de cuánto tiempo podría continuar.
Tampoco mencionó la sangrienta batalla por Mariupol, donde los defensores ucranianos, escondidos en las ruinas de la acería de Azovstal, aún desafían el asalto de Rusia. Esto resulta al menos llamativo, cuando hace pocos días el mandatario se había hecho grabar dándole órdenes a su ministro de Defensa sobre cómo debía actuar en esa batalla.
Algunos funcionarios occidentales sugirieron que Putin podría haber usado el aniversario para declarar formalmente la guerra en el conflicto que el Kremlin llama una “operación militar especial”.
Esto permitiría a Rusia ordenar una movilización masiva, lo que podría ayudar a reactivar la campaña estancada.
El Kremlin ha negado tales planes, pero Putin no mencionó el tema en su discurso.
En abril, Rusia abandonó los esfuerzos para apoderarse de Kiev y derrocar al presidente ucraniano Volodimir Zelensky y cambió su enfoque hacia el sureste de Ucrania. En esta infografía se puede ver el panorama en elq ue se ha estancado la guerra en el Día 75 de la invasión rusa:

El símbolo “Z”
Desde la llegada al poder de Vladimir Putin en 2000, el tradicional desfile del 9 de mayo celebra tanto la victoria soviética sobre la Alemania nazi como el poderío de Rusia tras la humillación de la caída de la URSS.
En Moscú, las fuerzas de seguridad, desplegadas a lo largo del recorrido de la marcha en el centro de la ciudad, lucían en el hombro derecho la letra “Z”, convertida en símbolo de los partidarios de la ofensiva en Ucrania, ya que está pintada en los vehículos de las unidades en el conflicto.
En el desfile de Novosibirsk, en Siberia, vehículos de la Segunda Guerra Mundial, también con una “Z”, recorrieron la ciudad.

Putin ha hecho del 9 de mayo una fecha patriótica para los rusos, aunque la URSS perdió a 27 millones de sus ciudadanos en la guerra.
Ante este terrible balance, el presidente ruso señaló el lunes el deber de Rusia de evitar otro conflicto mundial.
“Nuestro deber es guardar la memoria de los que aplastaron el nazismo (...) y hacer todo lo posible para que el horror de una nueva guerra mundial no vuelva a pasar”, dijo.

Después de su discurso, 11.000 soldados, decenas de vehículos --entre ellos lanzamisiles estratégicos-- desfilaron por la plaza Roja. También participaron unidades que regresaban del frente ucraniano.
La parte aérea tuvo que ser suspendida debido al mal tiempo. Estaba previsto que volara el “avión de la Apocalipsis”, el Il-80, concebido especialmente para permitir al presidente ruso seguir al frente del país desde el aire en caso de guerra nuclear.

Al final del desfile y rodeado de guardaespaldas, Putin caminó en la Plaza Roja con el ministro de Defensa, Sergei Shoigu, saludando a la multitud en las gradas cercanas.
Ha habido especulaciones en algunos medios occidentales sobre la salud y el paradero de Shoigu desde que Rusia lanzó su invasión de Ucrania.
Luego, Putin colocó una ofrenda floral en la Tumba del Soldado Desconocido y colocó claveles rojos en los monumentos conmemorativos de las Ciudades Héroes soviéticas que resistieron a las fuerzas de Hitler. Incluían Kiev y Odesa, un recordatorio de las enormes pérdidas sufridas por los ucranianos y los rusos en la guerra.
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