
Tomar el control de Chernobyl había sido uno de los objetivos primeros y fundamentales de Vladimir Putin al emprender la invasión a Ucrania, el 24 de febrero pasado. Y al conseguirlo, apenas pasadas unas horas de su incursión militar, el mundo tembló.
“Es imposible decir que la planta de energía nuclear de Chernobyl es segura después de un ataque totalmente insensato por parte de los rusos”, dijo Mykhailo Podoliak, asesor del director de la planta donde ocurrió el mayor desastre nuclear de la historia, en el año 1986. Un video mostró a tanques y vehículos blindados rusos parados frente al reactor destruido, que se encuentra a solo a 95 kilómetros al norte de la capital, Kiev. Por su parte, el presidente Volodomir Zelensky denunció que la incursión rusa en la zona de exclusión de la central nuclear de Chernobil era “una declaración de guerra contra toda Europa”.
Sin embargo, cuando ha pasado poco más de un mes desde la invasión, y con la guerra sin mostrar señales de finalización, el jueves se supo que las tropas rusas habían traspasado “por escrito” el control de la planta a Ucrania. La noticia, además de generar tranquilidad en la comunidad internacional, abrió los interrogantes: ¿Qué sucedió en la antigua central para que Putin accediera a resignar su dominio sobre el estratégico lugar?

Energoatom, la empresa estatal ucraniana que regula la energía nuclear, informó a través de Telegram que las tropas rusas habían estado expuestas a radiaciones tras haber levantado “fortificaciones” y excavado trincheras “en pleno ‘bosque rojo’, el más contaminado de toda la Zona de Exclusión” en torno a Chernobyl.
“No sorprende que los ocupantes recibieran dosis significativas de radiación y entraran en pánico ante el primer signo de enfermedad. Y se manifestó muy rápidamente. Como resultado, estalló casi un motín entre los militares”, agregó Energoatom.
Citando a fuentes ucranianas, la agencia Bloomberg también informó que las fuerzas rusas estuvieron expuestas a la radiación al cavar trincheras alrededor de la instalación nuclear, y que “eso fue lo que llevó al Kremlin a devolver, por escrito, el control de la instalación a Ucrania.
Un empleado de la planta, citado por el diario The Independent, dijo que el acto fue “suicida” para los soldados porque el polvo radioactivo que inhalaron probablemente cause radiación interna en sus cuerpos.

Según Yaroslav Yemelyanenko, miembro de la Agencia Estatal Ucraniana para la Gestión de la Zona de Exclusión, los soldados rusos afectados habían sido trasladados en siete autobuses a Bielorrusia.
El ‘bosque rojo’, llamado así porque decenas de kilómetros cuadrados de pinos se tiñeron de rojo tras absorber la radiación de la explosión, se considera tan contaminado que ni siquiera los trabajadores de la central nuclear pueden entrar allí.
“Nadie entra allí... por el amor de Dios. No hay nadie allí”, dijo Valery Seida, directora general interina de la planta de Chernobyl, que no se encontraba en el lugar en el momento de la invasión rusa.
De acuerdo con la misma fuente, un informe del 25 de febrero estableció que los niveles de radiación en Chernobyl habían aumentado debido a los pesados vehículos militares que están alterando el suelo, pero no habían surgido los detalles de lo que había pasado exactamente.

Tras capturar la planta, el ejército ruso indicó que la radiación estaba dentro de los niveles normales, y que sus acciones prevenían posibles “provocaciones nucleares” de parte de nacionalistas ucranianos.
Con todo, la OIEA, cuyo director general, Rafael Grossi, viajó a hoy Rusia tras visitar Ucrania, “no ha podido confirmar” hasta el momento los informes sobre soldados rusos que habrían recibido altas dosis de radiación.
La OIEA -la agencia del sistema de la ONU encargada de velar por el uso pacífico de la energía atómica- dijo que sigue “buscando más información para proporcionar una evaluación independiente de la situación”.
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