La explicación de porqué el antisemitismo se disfrazó de antisionismo durante la guerra contra Hamas

Bret Stephens es columnista del diario The New York Times. En su editorial expuso las incongruencias del progresismo para justificar sus críticas a Israel

Un soldado israelí junto a un lanzador de misiles del Iron Dome en el norte de Israel (Reuters)
Un soldado israelí junto a un lanzador de misiles del Iron Dome en el norte de Israel (Reuters)

Bret Stephens es quizás uno de los periodistas más lúcidos de los Estados Unidos. Pasó por las redacciones de grandes diarios y hoy es uno de los columnistas más leídos del The New York Times, el periódico universal que lleva el nombre de su ciudad de nacimiento. En su última editorial -titulada ¿El antisionismo no es antisemitismo? Alguien no recibió el memo -plantea las incongruencias que el progresismo o cierta izquierda no tuvo en cuenta a la hora de juzgar las acciones de Israel en su última ofensiva contra el grupo terrorista Hamas que se extendió por once días.

Para Stephens -cuya familia huyó del nazismo y se radicó en los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial- en muchos sectores se convirtió en una cuestión de fe repetir que una cosa era el “antisionismo” y otra muy distinta era el “antisemitismo”, tratando de justificar críticas al accionar israelí en Gaza. “En los últimos años se ha convertido en un artículo de fe de la izquierda progresista que el antisionismo no es antisemitismo y que es una calumnia asumir que alguien que odia a Israel también odia a los judíos”, plantea.

Sin embargo, esta afirmación -repetida hasta el cansancio en las últimas semanas en forma de justificación- escondería otros sentimientos ocultos, de acuerdo al autor de la columna de opinión. “Algunos no recibieron la notificación. No (la recibieron) las personas que, ondeando banderas palestinas y coreando ‘Muerte a los judíos’, agredieron a los comensales judíos en un restaurante de sushi de Los Ángeles. No (lo recibieron) quienes lanzaron fuegos artificiales en el distrito de los diamantes de Nueva York. No las personas que golpearon brutalmente a un hombre que vestía kipá en Times Square. Ni quienes conducían por Londres insultando a los judíos y gritando: ‘Viola a sus hijas’ Tampoco las personas que se reunieron fuera de una sinagoga en Alemania gritando insultos. No recibieron el memo las personas que, en una protesta en Bruselas, corearon: ‘Judíos, recuerden a Khaybar. El ejército de Mahoma está regresando’”.

Tras la ilustración de las manifestaciones antisemitas que recorrieron el mundo, Stephens ahonda más en su explicación y lanza un reproche contra Twitter quien según su punto de vista permitió que hashtags insultantes y marcadamente antisemitas inundaran la red social: #HitlerTeniaRazon y #COVID1948 en referencia al año de la creación del Estado de Israel. Quizás para algunos parámetros de esa plataforma no impliquen discurso del odio.

Un fanático del grupo terrorista Hamas flamea una bandera israelí mientras la quema en Gaza (Reuters)
Un fanático del grupo terrorista Hamas flamea una bandera israelí mientras la quema en Gaza (Reuters)

Si ha habido una campaña en línea masiva de alianza progresiva con los judíos, me la he perdido. Si los ejecutivos corporativos han enviado memorandos a los lugares de trabajo expresando preocupación por la seguridad de los empleados judíos, me lo he perdido. Si las asociaciones académicas han emitido cartas públicas denunciando el uso de tropos antisemitas por parte de activistas pro-palestinos, las he echado de menos. Es un silencio curioso. En la tierra de la inclusión, a los judíos se les niega la inclusión”, sentenció el editorialista del diario The New York Times.

Más adelante en su artículo, Stephens explica lo absurdo y antisemita que representa atacar a un judío norteamericano, inglés o alemán por las cosas que pueda llegar a hacer Israel. Y ridiculiza los argumentos en sentido contrario: “¿Habrían sido más justificables los ataques en Los Ángeles y Nueva York si las víctimas hubieran sido ciudadanos israelíes, incluso, digamos, diplomáticos israelíes? ¿Es aceptable el odio a todo un país y las amenazas o la violencia a su pueblo siempre que el odio no esté manchado por algún prejuicio más antiguo?”.

Además, argumenta el periodista, los parámetros y estándares que se aplican contra Israel no se ven reflejados en el accionar de otros países que ejecutan abominables acciones contra comunidades enteras ante el silencio de líderes políticos y naciones enteras. “Es especialmente despreciable cuando se señala a Israel de una manera que no se aplica a ningún otro país. Para tomar solo un ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que escuchó sobre una manifestación en un campus universitario o un llamado a boicots y desinversión en respuesta a la ocupación de 47 años por Turquía en el norte de Chipre o su bombardeo de rutina, utilizando aviones de fabricación estadounidense, de militantes kurdos en Irak?”. El silencio será abrumador ante esta pregunta.

Las acusaciones hechas contra Israel -robo de tierras palestinas y violencia desenfrenada contra civiles palestinos, en particular niños- no pueden evitar hacerme pensar en antiguos libelos sobre la codicia y la sed de sangre de los judíos”, resalta Stephens. “La cosmovisión antisemita es siempre judeocéntrica, en el sentido de que está obsesionada con el comportamiento judío como factor supremo en la vida política nacional e internacional. Últimamente, la izquierda ha sido terriblemente judeocéntrica”, añade a su lógica el columnista.

Esto debería ser un silbido fuerte en los oídos de los progresistas que afirman estar horrorizados por toda forma de prejuicio. En cambio, se han complacido con un movimiento antiisraelí que sigue descendiendo a las formas más crudas de antisemitismo”, continuó.

Finalmente, Stephens concluye con una advertencia sobre los difíciles tiempos que podrían avecinarse: “Los progresistas tendrán que tomar sus propias decisiones sobre qué hacer con el floreciente antisemitismo entre ellos. En cuanto a los judíos, deberían tomar los acontecimientos de los últimos días menos como un ultraje que como un presagio”.

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