
El repunte de la economía mundial desde las profundidades de la crisis del coronavirus se está desvaneciendo, lo que indica un final incierto para el año.
Las preocupaciones son múltiples. El próximo invierno del hemisferio norte podría desencadenar otra ola del virus mientras continúa la espera por una vacuna. Expirarán el apoyo del Gobierno a los trabajadores despedidos y las moratorias bancarias sobre los pagos de préstamos. La tensión entre Estados Unidos y China podría empeorar de aquí a las elecciones presidenciales de noviembre y socavar la confianza empresarial.
“Hemos visto un repunte máximo”, dijo Joachim Fels, asesor económico global de Pacific Investment Management Co., a Bloomberg TV. “A partir de ahora, el impulso se está desvaneciendo un poco”.
Esto representa un delicado acto de equilibrio para los Gobiernos. Han inyectado casi USD 20 billones en ayuda fiscal y monetaria, en un esfuerzo por hacer que la economía vuelva a la normalidad tanto como sea posible durante una pandemia, y pueden señalar muchos éxitos.
En EEUU, el desempleo cayó fuertemente en agosto y el mercado de finca raíz ha sido un punto estimulante. Los optimistas citan la recuperación constante de China como una guía de hacia dónde se dirige el resto del mundo, mientras que Alemania publica algunos datos industriales aceptables también. Además, los mercados emergentes están tomando un respiro con la disminución del dólar.

Gran esfuerzo
Pero mantener el impulso en todos estos frentes no será fácil. Es probable que requiera que formuladores de política aumenten sus esfuerzos de estímulo, en un momento en el que algunos buscan recortarlos. Y a pesar de todo el progreso científico con las vacunas, no estarán disponibles en el corto plazo en la escala necesaria para mantener el virus bajo estricto control, una condición clave para seguir como de costumbre.
Entretanto, hay vientos en contra. En los mercados laborales, por ejemplo, la ayuda gubernamental permitió impulsar un repunte inicial, que puede haber sido la parte fácil. El siguiente paso es el largo esfuerzo de reacondicionamiento de empresas, la reasignación de recursos y una nueva capacitación para trabajadores en industrias que ya no son viables. Ese tipo de reestructuración podría desarrollarse durante algún tiempo.
Ya este mes, algunas de las marcas industriales más conocidas del mundo han señalado que se avecinan recortes de empleo.
También hay otras señales preocupantes.
En China, que contuvo el virus hace meses, los consumidores siguen siendo reacios a gastar y los mayores bancos del país acaban de registrar sus peores caídas de ganancias en más de una década a medida que se dispararon las deudas incobrables.
Legisladores estadounidenses continúan negociando sobre más estímulos fiscales, que podrían ser necesarios para sostener la recuperación en la economía más grande del mundo.
Agregar 1,4 millones de puestos de trabajo en agosto fue “un gran paso en la dirección correcta”, dijo Ryan Sweet, director de investigación de política monetaria en Moody’s Analytics. Pero la economía necesita mantener ese tipo de ritmo, dijo, y “sin estímulo fiscal será difícil de lograr”.

Las cosas no pintan bien
En Europa, indicadores de actividad se están desvaneciendo y las fábricas están tratando de recortar costos a medida que la demanda débil y los recortes de precios reducen los márgenes de ganancia. Si bien Francia y Alemania han extendido sus programas de licencias, el Reino Unido planea finalizar su versión en octubre, dejando potencialmente millones de trabajos en riesgo.
El primer ministro japonés, Shinzo Abe, que anunció su renuncia el mes pasado por motivos de salud, advirtió en una conferencia de prensa que “se acerca el invierno” y la nación deberá prepararse para contener el virus.
Los mercados de valores serán vulnerables a decepciones en las cifras económicas en los próximos meses, en medio de una moderación gradual del apoyo fiscal de emergencia.
Lo que eclipsa todo es la continua propagación del virus, con brotes en todo el mundo.
Incluso si se está creando una vacuna, ponerla a disposición de todo el mundo en la escala necesaria llevará tiempo, según Warwick McKibbin, de Brookings Institution y la Universidad Nacional de Australia. Sus modelos sugieren que el virus podría costarle a la economía mundial unos USD 35 billones hasta 2025.
“Hay que vacunar a una gran parte de la población antes de que los costos económicos comiencen a bajar”, dijo.
(Con información de Bloomberg)
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