
En la semana mundial de los Bosques Tropicales, organismos internacionales y científicos advirtieron sobre la urgencia de reforzar la protección de ecosistemas esenciales para frenar la crisis climática.
Diversas problemáticas aceleran la degradación de estas áreas, situando al planeta ante riesgos irreversibles. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sin una intervención inmediata, las consecuencias sobre el clima global y sobre millones de personas serían incalculables.
Un sistema climático en riesgo
Los bosques tropicales cubren cerca del 9,3% de la superficie terrestre y almacenan alrededor de una cuarta parte del carbono de la biosfera, de acuerdo con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) de México.
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Su rol es decisivo para la estabilización del clima global: absorben grandes volúmenes de dióxido de carbono, regulan las lluvias y mantienen el equilibrio térmico de extensas regiones.

Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), sostuvo en ONU Noticias: “Los bosques no son solo reservorios de carbono o hábitats para la vida silvestre: constituyen la infraestructura de nuestros sistemas globales de alimentación, agua y economía”.
En años recientes, la comunidad científica ha documentado un deterioro acelerado de estos ecosistemas. La deforestación, la expansión de la agricultura y la ganadería, la tala ilegal y el crecimiento de la población han reducido millones de hectáreas de selva.
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México, por ejemplo, cuenta con cerca de 31 millones de hectáreas de bosques tropicales, distribuidos principalmente en la vertiente atlántica y el sur del país. La CONANP señala que su pérdida afecta la producción de oxígeno, la filtración de agua hacia el subsuelo y la conservación de la biodiversidad.
Puntos de no retorno y señales de alarma
La Amazonía ilustra el nivel de amenaza que enfrentan los bosques tropicales. Dolors Armenteras, investigadora del Instituto de Ciencias Forestales del INIA-CSIC y miembro del Panel Científico de la Amazonía, afirmó a EFE que el “punto de no retorno” en la Amazonía no es una exageración.
Explicó que no se trata de una única frontera, sino de una suma de umbrales locales y regionales. Algunas áreas del sur y sureste amazónico ya muestran signos críticos: en los años más secos, emiten más carbono del que absorben.
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Armenteras subraya que no existen tecnologías capaces de reemplazar a escala la función climática de estos bosques. La conservación, según la experta, sigue siendo la medida más rápida, eficiente y comprobada para mitigar la crisis climática.
Biodiversidad y servicios ambientales
El valor de los bosques tropicales se extiende mucho más allá del secuestro de carbono. La destrucción de estos ambientes impacta a árboles, animales, microorganismos e invertebrados que mantienen la fertilidad del suelo y el equilibrio ecológico.
Estos ecosistemas sostienen polinizadores esenciales para la agricultura, regulan el ciclo del agua y aportan materias primas, medicinas y recursos alimentarios.
El informe del PNUMA calcula que conservar 391 millones de hectáreas de bosques tropicales evitaría pérdidas económicas anuales de hasta 81.000 millones de dólares relacionadas con catástrofes y aseguraría la nutrición de al menos diez millones de personas cada año.
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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) añade que el valor económico total de los bosques mexicanos ronda los 4.000 millones de dólares anuales, mientras que la conservación de 650 millones de hectáreas de la selva amazónica reporta un beneficio neto global de 70.000 millones de dólares por su función de retención de carbono.
La FAO advierte que la valoración histórica de los bosques, centrada en la leña y la madera, ha invisibilizado servicios ambientales y sociales fundamentales. Aunque en las últimas décadas han mejorado los métodos para cuantificar su valor económico total, ese progreso aún tiene poco impacto en políticas, precios y mercados.
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Según la ONU, el gasto mundial para proteger estos ecosistemas debería pasar de 84.000 millones de dólares en 2023 a 300.000 millones en 2030 y 498.000 millones en 2050.
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