Aunque su nombre pueda engañar, el pollo de montaña no es un ave ni un pollo, sino una de las ranas más grandes del Caribe. Este anfibio, conocido científicamente como Leptodactylus fallax, se distingue por su cuerpo macizo, una longitud de hasta veinte centímetros y un peso superior al kilogramo.
La especie debe su curioso nombre al aprecio culinario que tuvo en Dominica y Montserrat, donde su carne era considerada un manjar local. A diferencia de otros anuros, su aspecto robusto y su coloración marrón moteada lo hacen inconfundible en el Caribe, según describe el portal científico HowStuffWorks.
Estudios científicos recientes han secuenciado el genoma mitocondrial de esta especie, confirmando su particularidad genética y su importancia para la conservación. La investigación, elaborada por un equipo internacional de expertos en genética animal, respalda la singularidad biológica del pollo de montaña y proporciona herramientas clave para entender su evolución y protegerlo ante las crecientes amenazas ambientales.
Distribución geográfica y hábitat natural

El pollo de montaña es originario de dos islas del Caribe: Dominica y Montserrat. En la naturaleza, esta rana prefiere los ambientes húmedos y boscosos de las tierras bajas, cerca de ríos y arroyos, donde la vegetación densa proporciona refugio y humedad constante.
Su presencia se ha visto fuertemente reducida y, en la actualidad, sus poblaciones silvestres han quedado restringidas a pequeños sectores de estas islas, principalmente debido a la degradación de su hábitat natural y a la aparición de enfermedades infecciosas.
La especie depende de áreas con abundante cobertura vegetal y cuerpos de agua limpia para sobrevivir. Estas condiciones favorecen su reproducción y el desarrollo de sus renacuajos, que requieren humedad constante durante su metamorfosis.
Alimentación y comportamiento

El pollo de montaña es un depredador oportunista que se alimenta principalmente de invertebrados, como insectos, gusanos y pequeños crustáceos. También puede consumir pequeños vertebrados, mostrando un comportamiento alimenticio variado y eficiente. De hábitos nocturnos, suele permanecer oculta durante el día y sale a cazar en la oscuridad, aprovechando la humedad y la menor presencia de depredadores naturales.
En cuanto a su comportamiento reproductivo, la hembra excava un nido en el suelo húmedo donde deposita los huevos. Los renacuajos pasan por una fase larval protegidos dentro del nido, alimentándose de material orgánico y, en ocasiones, de huevos no fecundados proporcionados por la madre, lo que incrementa sus posibilidades de supervivencia.
Amenazas y causas del declive poblacional
Las poblaciones de pollo de montaña han sufrido un descenso marcado en las últimas décadas, enfrentando un conjunto de amenazas que ponen en riesgo su supervivencia.

Una de las principales causas de declive es la infección por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, responsable de la quitridiomicosis, una enfermedad que afecta a los anfibios en todo el mundo y que ha sido letal para esta especie en particular. La rápida propagación de este patógeno ha provocado mortandades masivas en Dominica y Montserrat, con consecuencias difíciles de revertir para los ecosistemas locales.
A esta amenaza sanitaria se suman otros factores como la caza intensiva para el consumo humano, que históricamente redujo las poblaciones silvestres, y la pérdida de hábitat asociada a la deforestación, el avance agrícola y el desarrollo de infraestructuras. La fragmentación del territorio y la desaparición de zonas boscosas han limitado de manera grave las áreas de reproducción y refugio del pollo de montaña, agravando aún más su situación.
El efecto combinado de enfermedades emergentes y presiones humanas ha colocado a la especie al borde de la extinción en estado silvestre, restringiendo su presencia a zonas muy pequeñas y poblaciones mínimas, según indica el portal de divulgación científica HowStuffWorks.

Esfuerzos de conservación y estado actual de la especie
Frente a la reducción de ejemplares, se han implementado múltiples estrategias de conservación por parte de organizaciones internacionales, instituciones científicas y autoridades de Dominica y Montserrat. Los programas de cría en cautiverio han sido clave para mantener poblaciones viables, permitiendo la reproducción controlada y el resguardo de individuos libres de la quitridiomicosis.
Zoológicos y centros especializados participan activamente en el cuidado y monitoreo de los animales, con la expectativa de reintroducirlos en la naturaleza cuando las condiciones lo permitan.
Se realizan campañas de educación ambiental y sensibilización en las comunidades locales, orientadas a frenar la caza y proteger los hábitats remanentes. Los proyectos de restauración de ecosistemas buscan recuperar áreas degradadas y asegurar la disponibilidad de refugios y recursos para la especie.
A pesar de estos esfuerzos, el pollo de montaña sigue catalogado como especie en peligro crítico, con poblaciones silvestres extremadamente reducidas y una dependencia creciente de la intervención humana para evitar su desaparición definitiva. La persistencia de amenazas ambientales y sanitarias mantiene a la especie en una situación vulnerable, haciendo de su conservación un desafío constante para la ciencia y la gestión ambiental.
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