La Universidad de Stanford impulsa la investigación que revela la presencia de microplásticos en tejidos humanos

El análisis de muestras marinas y humanas muestra cómo los plásticos, presentes ya en agua, animales y personas, agravan la crisis ecológica y obligan a revalorar estrategias de consumo y producción

Microplásticos
Stanford lidera investigación sobre microplásticos en tejidos humanos y ecosistemas marinos (Universidad de Stanford)
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Un equipo multidisciplinario desarrolló una innovadora técnica basada en espectroscopía Raman, un método capaz de identificar moléculas a partir de la forma en que dispersan la luz láser. Gracias a este avance, ahora es posible rastrear contaminantes plásticos tanto en productos de consumo como en tejidos biológicos. La urgencia es evidente: en la costa de la Bahía de Monterey, en California, la presencia de microplásticos ya no es una excepción, sino un fenómeno omnipresente y de magnitud alarmante.

Investigadores de Stanford University, liderados por Matthew Savoca, documentaron la existencia de cientos de billones de partículas plásticas en el planeta, localizadas en playas, aguas superficiales y organismos de estos ecosistemas. La investigación combina trabajo de campo, modelado oceánico y análisis de laboratorio para descifrar el destino final de los fragmentos plásticos y su impacto en la salud ambiental y humana.

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La ruta oculta de los microplásticos en los océanos

Los estudios llevados a cabo por el equipo de Savoca incluyeron la recolección de muestras en playas, aguas costeras, ríos que desembocan en la Bahía de Monterey y especies marinas como kril y ballenas azules. El proceso separa microplásticos flotantes, compuestos principalmente de polímeros como polietileno y cloruro de polivinilo, que luego se analizan químicamente en laboratorio.

Microplásticos
Nuevas técnicas como la espectroscopía Raman permiten detectar microplásticos en alimentos y agua potable (Universidad de Stanford)

La colaboración entre Stanford University, la California Marine Sanctuary Foundation, la NOAA y otros organismos involucró a más de cien voluntarios locales, consolidando la investigación en el centro de California.

El destino de los microplásticos en el mar sigue sin resolverse por completo. Científicos como Jinliang Liu y el profesor Leif Thomas trabajan en modelos que simulan los procesos físicos y biológicos responsables de su dispersión. Aunque la mayoría de los plásticos flota, solo una mínima parte permanece en la superficie oceánica.

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El equipo integró modelos de transporte para explicar cómo estos fragmentos descienden adheridos a desechos y microorganismos conocidos como nieve marina, que transporta carbono al fondo marino o es ingerido por especies de aguas profundas. Liu sostiene que comprender la desaparición de los microplásticos de la superficie es fundamental para enfrentar este reto ambiental global.

Microplásticos
La contaminación por microplásticos afecta a especies marinas y se transfiere a lo largo de la cadena alimentaria (Universidad de Stanford)

Microplásticos a lo largo de la cadena alimentaria

El profesor Manu Prakash amplió el muestreo a columnas de agua de hasta un kilómetro de profundidad en diferentes océanos, confirmando microplásticos en cada muestra recolectada. El equipo preserva las muestras con el objetivo de identificar genéticamente los microorganismos adheridos a las partículas plásticas y analizar cómo la composición y densidad de los polímeros afectan su hundimiento.

En ese sentido, Prakash resalta la abundancia inesperada de microplásticos en todos los ambientes acuáticos, reflejando la amplitud del problema.

La transferencia de partículas plásticas en la cadena alimentaria marina fue documentada. Savoca, junto al profesor Jeremy Goldbogen, determinó que ballenas azules, rorcuales comunes y jorobadas pueden ingerir hasta 10 millones de partículas plásticas diarias a través de sus presas.

Microplásticos
Investigadores documentan cientos de billones de partículas plásticas en playas, aguas y organismos (Universidad de Stanford)

Otros especialistas comprobaron que algunos microplásticos atraviesan el sistema digestivo de estos cetáceos y terminan acumulados en grasa y hígado, un fenómeno ya observado en humanos, aunque todavía se investigan los riesgos reales. Savoca alerta que dicha contaminación es también una cuestión de salud humana.

Riesgos para la salud y nuevos métodos de detección

La presencia de microplásticos fue confirmada en numerosos alimentos, como mariscos, aves, carne de res, cerdo y alternativas vegetales. El profesor Stephen Palumbi considera posible que, en el futuro, existan advertencias en los alimentos del mar alusivas a los microplásticos, similares a las que hoy alertan sobre el mercurio.

En el ámbito sanitario, Amelia Meyer, co-líder del grupo de trabajo sobre plásticos y salud en Stanford, subraya que la investigación en humanos está en progreso, pero ya se encontraron microplásticos en sangre, pulmones, placenta y leche materna, lo que comprueba rutas reales de exposición.

Microplásticos
Expertos urgen a reducir el uso de plásticos de un solo uso y mejorar regulaciones para frenar la contaminación (Universidad de Stanford)

Meyer explica que los fragmentos pueden transportar químicos tóxicos, patógenos, metales pesados y bacterias, y que su tamaño facilita su inhalación o ingestión. El profesor William Mitch alerta sobre los aditivos como ftalatos, señalando un riesgo adicional para la salud.

Los efectos en organismos marinos son evidentes: reducción de la actividad alimentaria, retraso del crecimiento, aumento del gasto energético y estrés oxidativo en bivalvos, crustáceos y peces. Boongho Cho, del laboratorio de la profesora Fiorenza Micheli, destaca la urgencia de comprender cómo la transferencia y acumulación de microplásticos inciden en servicios ecosistémicos como la pesca y el ciclo del carbono, ya que las consecuencias trascienden el océano y afectan a la sociedad.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los microplásticos transportan químicos tóxicos y metales pesados, aumentando riesgos para la salud humana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Savoca precisa que, aunque se conocen los daños directos de los macroplásticos en la fauna marina, los efectos específicos de los microplásticos en sistemas naturales aún derivan en gran parte de extrapolaciones de estudios de laboratorio.

Agua potable y barreras tecnológicas

La contaminación por microplásticos afecta también al agua potable de grifo y embotellada, siendo esta última la que registra mayores concentraciones. Según Meyer, los niveles varían por fuente, tratamientos y tuberías de distribución.

El profesor Richard Luthy confirma que las plantas de tratamiento enfrentan nuevos desafíos para eliminar estos contaminantes y que en California ya se evalúan métodos de monitoreo rutinario.

Frente a la detección compleja, Stanford University impulsa innovaciones tecnológicas como la espectroscopía Raman. En laboratorios médicos y de ingeniería, Kara Meister, Prakash y otros investigadores han ideado un sistema rápido y accesible para cuantificar y tipificar microplásticos y nanoplásticos en alimentos, agua y tejidos humanos.

Microplásticos
Ballenas y otros cetáceos ingieren millones de partículas plásticas diarias a través de sus presas (Universidad de Stanford)

Este método permite analizar grandes volúmenes de datos, revelar patrones ocultos y, aunque rebaja la precisión individual, garantiza monitoreo poblacional. Meister resalta que se han encontrado microplásticos en muestras de amígdalas pediátricas y se ha identificado el tipo de polímero presente en tejidos tratados en laboratorio.

La espectroscopía Raman, común en la industria farmacéutica, ofrece la ventaja del análisis no invasivo, ya que los haces de luz atraviesan la piel sin daño. Prakash remarca que se necesitan herramientas escalables y asequibles para enfrentar un problema global.

Meister, por su parte, advierte que la medición precisa de cargas de microplásticos, especialmente en tejidos humanos, será clave para esclarecer sus implicaciones biológicas.

Mientras la ciencia avanza, los expertos urgen a reducir el uso de envases plásticos, sobre todo los de un solo uso en contacto con alimentos y bebidas. Amelia Meyer insiste en que, aunque los cambios personales cuentan, la solución exige regulaciones estrictas, materiales más seguros y una reducción global de la contaminación plástica, una visión promovida por Stanford University en sus investigaciones.

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