
El hallazgo de los niveles más altos de contaminación por “químicos eternos” jamás registrados en un ecosistema convirtió a Holloman Lake en un caso clave para entender cómo estos compuestos sintéticos pueden acumularse hasta niveles críticos.
Los “químicos eternos”, conocidos como PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas), abarcan más de 12.000 compuestos artificiales usados desde hace décadas en productos como espumas contra incendios, envases de alimentos, utensilios antiadherentes, alfombras y ropa impermeable.
Se caracterizan por su gran resistencia al calor, la grasa y el agua, lo que les permite permanecer intactos durante siglos en el ambiente. Por eso se les llama “eternos”: casi no se degradan y pueden viajar por el agua o el aire, acumulándose en animales, plantas y personas.
Varios estudios han detectado trazas de estos compuestos en la sangre de más del 95% de la población mundial y su exposición prolongada se asocia con alteraciones hormonales, problemas reproductivos y enfermedades como algunos tipos de cáncer.
Según The Guardian, Holloman Lake es un lago artificial creado en 1965 para captar aguas residuales de una base aérea ubicada cerca de la ciudad de Alamogordo, en el sur del estado de Nuevo México, dentro de una zona desértica próxima al Parque Nacional de White Sands.
De acuerdo con Innovation News Network, estos contaminantes llegaron principalmente a través de espumas contra incendios conocidas como AFFFs, utilizadas desde los años setenta en prácticas de entrenamiento y emergencias en la Base Aérea de Holloman, situada junto al embalse. Registros de la Universidad de Nuevo México señalan que ya en 1994 se detectaron ratones con niveles elevados de estos compuestos, lo que indica que la contaminación se mantiene desde hace, por lo menos, 30 años.
Un oasis transformado en laboratorio natural

Holloman Lake se ha convertido en un “laboratorio natural” para estudiar el impacto de los PFAS en distintos ecosistemas. Los investigadores hallaron concentraciones récord en agua, suelo, plantas y animales. El profesor Christopher Witt, biólogo de la Universidad de Nuevo México, explicó a The Guardian que algunas muestras, como el hígado de una rata canguro con 120.000 nanogramos por gramo, superan por miles de veces los límites establecidos para agua potable.
En ese sentido, el agua del lago y la vegetación local mostraron cifras sin precedentes, lo que refuerza la magnitud del hallazgo.
Además, el área atrae a aves migratorias y fauna silvestre que acumulan estos compuestos en sus tejidos. Según The Guardian, un polluelo de chorlito gritón presentó la mayor concentración de PFAS registrada en un ave. En total, se analizaron 23 especies.
El Departamento de Medio Ambiente de Nuevo México estudia si estos contaminantes podrían filtrarse a acuíferos y pozos de agua cercanos, lo que aumentaría su impacto potencial en comunidades vecinas.
Expansión más allá del lago
El movimiento de aves, las lluvias estacionales y los flujos históricos de agua están trasladando la contaminación a humedales cercanos y al Parque Nacional de White Sands. Innovation News Network informó que se están analizando 400 patos en distintas zonas del estado para conocer la dispersión regional de los PFAS.
La persistencia de estos compuestos y su capacidad para acumularse en la cadena alimentaria amplían su huella tóxica mucho más allá de las orillas de Holloman Lake.

El caso de este embalse se suma a otros reportados en diferentes partes del mundo. El Environmental Working Group (EWG) estima que más de 600 especies presentan rastros de PFAS en todos los continentes. En tanto, The Guardian documentó peces con menor velocidad de nado en Michigan y tortugas en Australia con crías deformes.
Asimismo, David Andrews, investigador de EWG, explicó: “Nada realmente escapa a estos químicos; no es algo de lo que se pueda huir”.
Un fenómeno global con acciones pendientes
Además de su impacto ambiental, la presencia de PFAS ha generado miles de demandas relacionadas con su producción y liberación. Según Innovation News Network, existen más de 9.000 casos legales activos en Estados Unidos, mientras comunidades y organismos públicos revisan estándares de calidad del agua potable para reducir la exposición.
Los científicos destacan la urgencia de reforzar el monitoreo y aplicar medidas de limpieza que mitiguen su impacto a largo plazo. El caso de Holloman Lake funciona como ejemplo de cómo la acumulación de estos compuestos puede transformar un embalse artificial en uno de los sitios más contaminados del mundo por “químicos eternos”.
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