
El mes pasado, el residente Lukas Kalbermatten-Ritler se encontraba en una aldea con vistas al pequeño pueblo suizo de Blatten, frente al glaciar Birch, cuando comenzó a grabar con su teléfono móvil. “Fue como si explotara una bomba”, relató a National Geographic. Su casa y el histórico Hotel Edelweiss, propiedad de su familia desde hace tres generaciones, quedaron destruidos el 28 de mayo. “Había rocas negras que caían como un muro sobre el glaciar, como si fuera una gran mano que se llevaba el pueblo. En ese momento dejé de grabar. No quería filmar mientras mi pueblo se derrumbaba”.
El deslizamiento, provocado por el colapso del glaciar, tardó apenas 28 segundos en cubrir viviendas de madera con más de 600 años de antigüedad. Uno de los pueblos más antiguos y pintorescos de Suiza quedó transformado en un lodo marrón oscuro, frío y áspero como papel de lija. El impacto fue tan fuerte que los sismógrafos lo registraron como un sismo de magnitud 3,1. Nadie esperaba ver el pueblo casi sepultado bajo 328 millones de pies cúbicos de rocas y hielo.
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El desastre sorprendió por su rapidez y violencia. Las casas tradicionales, algunas del siglo XV, quedaron cubiertas por una masa de escombros y hielo que descendió como una avalancha imparable. El histórico Hotel Edelweiss, símbolo de identidad local, también fue arrasado.
Según National Geographic, el volumen de material desprendido —equivalente a más de 9 millones de metros cúbicos— ilustra la magnitud del evento. Lo que antes era un paisaje alpino de postal se convirtió en una masa de lodo y piedras, alterando para siempre la vida de la comunidad.
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Kandersteg: vigilancia constante ante una amenaza latente
Mientras Blatten intenta procesar el trauma, científicos y autoridades dirigen su atención a Kandersteg, una localidad turística ubicada a unos 14 kilómetros, donde el acantilado Spitze Stei representa una amenaza potencial aún mayor. De acuerdo con National Geographic, expertos señalaron que, por sus condiciones, ese macizo rocoso “ya debería haberse derrumbado”.
El peor escenario contempla un colapso que duplicaría el volumen del desastre en Blatten y provocaría una ola capaz de arrasar buena parte del pueblo. Nils Hahlen, jefe de la División de Riesgos Naturales del cantón de Berna, explicó que existen modelos menos extremos, pero igualmente peligrosos, con flujos de escombros capaces de superar las presas construidas como barreras de seguridad. “La cantidad exacta de agua dentro de la montaña es uno de los factores desconocidos”, advirtió Hahlen.
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Desde 2018, el acantilado se monitorea de forma permanente mediante drones, estudios de radar, GPS y cámaras. La decisión de intensificar la vigilancia surgió tras la observación de una grieta en la montaña por parte de un parapentista, amigo del guía de montaña Fritz Loretan, quien alertó a las autoridades. Desde entonces, se la considera “la roca más vigilada de Suiza”.
Cambio climático y aumento de deslizamientos en los Alpes
La creciente frecuencia de deslizamientos, avalanchas y colapsos en los Alpes suizos preocupa a la comunidad científica. Según National Geographic, el derretimiento de glaciares y del permafrost —la capa congelada que actúa como pegamento natural en las montañas— ha debilitado la estructura de los picos alpinos. El calentamiento global, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, acelera ese deterioro.
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Matthias Huss, glaciólogo sénior del Instituto Federal Suizo de Tecnología, advirtió: “No podemos predecir con exactitud cuándo se producirán desastres como éste”. El derretimiento del permafrost permite que el agua se filtre en las grietas, aumente la presión interna y, eventualmente, provoque rupturas estructurales. Las lluvias intensas y las nevadas —cada vez más frecuentes— intensifican este proceso.

Felix Pfluger, catedrático de la Universidad Técnica de Múnich, señaló que “en los próximos años y décadas, esperamos un aumento del riesgo derivado del permafrost”. Por su parte, Markus Stoffel, geomorfólogo de la Universidad de Ginebra, indicó que el cambio climático eleva la probabilidad de “desastres en cadena”, donde un colapso inicial —como el de Blatten— provoca nuevos deslizamientos.
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Antecedentes y desastres recientes en la región alpina
El caso de Blatten no constituye un hecho aislado. National Geographic recordó que en junio de 2023, los habitantes de Brienz/Brinzauls fueron evacuados por cuarta vez en dos años, luego de que un deslizamiento de rocas se detuviera a pocos metros del núcleo urbano. En 2017, un evento similar en el valle de Bondo provocó ocho muertes y destruyó diez viviendas.
Estos episodios evidencian una tendencia creciente de inestabilidad en la región alpina, donde las catástrofes naturales representan una amenaza existencial para comunidades enteras. “La gente de la montaña es resistente. No abandona sus pueblos por amenazas, a menos que las autoridades decidan que es demasiado arriesgado quedarse”, afirmó Stoffel. En Kandersteg, la mayoría de los 1.300 habitantes continúa con su vida cotidiana, pese a la incertidumbre.
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Resiliencia y medidas de prevención en Kandersteg
La vida en Kandersteg transcurre bajo constante vigilancia. El alcalde, René-François Maeder, señaló a National Geographic que la comunidad aprendió a convivir con el riesgo. “Con el cambio climático, todo ocurre más rápido. Llueve con más intensidad, los días son más calurosos y la niebla se vuelve más espesa sobre la montaña. Pero aquí la gente no tiene miedo, es la vida en las montañas. Respetan el entorno y siguen el plan de evacuación”.

Desde 2021, las autoridades prohibieron nuevas construcciones en el casco urbano, clausuraron algunas zonas del pueblo y edificaron presas para desviar el agua del lago. Aunque los expertos advierten que ninguna infraestructura garantiza protección total, la vigilancia continua permite actuar con antelación. “Las grandes catástrofes suelen empezar con algo pequeño. Las rocas caen durante semanas o meses antes de una ruptura mayor. Siempre hay señales”, explicó Stoffel.
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Cotidianidad bajo amenaza: la perspectiva de los habitantes
Pese al riesgo, la vida en Kandersteg sigue su curso. National Geographic describió cómo turistas y residentes disfrutan del lago Oeschinen, con vistas al Spitze Stei, sin que muchos adviertan el peligro latente. David Brunoldi, habitante de la zona, apuntó al pico helado de 2.987 metros y comentó: “Cada día caen más rocas”.
Brunoldi recordó que solo en el último año se desprendieron 2,8 millones de pies cúbicos de roca que terminaron en el lago. La mayoría de los vecinos —como sus antepasados— permanece en el pueblo, donde generaciones enteras han convivido con la montaña. Cuando se le preguntó si le preocupa el riesgo, respondió con naturalidad: “Hoy no va a caer”. Una frase que resume la resiliencia cotidiana de quienes, pese a la amenaza, eligen quedarse.
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