El príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed Bin Salman y el canciller argentino Jorge Faurie en el aeropuerto de Buenos Aires (G20 Argentina via REUTERS)
El príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed Bin Salman y el canciller argentino Jorge Faurie en el aeropuerto de Buenos Aires (G20 Argentina via REUTERS)

La cumbre del G20 que se desarrolla en Buenos Aires se ha convertido en la reunión internacional anual más relevante de la comunidad internacional por ser el evento donde año a año se concluyen acuerdos económicos y políticos complejos.

Uno de los Estados cuya participación era esperada con mucha expectativa por parte de la prensa internacional es Arabia Saudita: el reino se encuentra bajo el foco de atención internacional como resultado de los eventos de la guerra de Yemen y el asesinato del periodista opositor Jamal Khashoggi. Existían interrogantes respecto de quien llegaría a la Argentina en representación del país árabe. Muchos dudaban de la presencia del príncipe heredero de la corona e incluso medios internacionales llegaron a publicar que el reino podía ser representado por un funcionario de menor jerarquía de la casa real.

Sin embargo, la campaña que se lanzó hace semanas no logró distanciar a Arabia Saudita ni impidió que el príncipe Mohammed bin Salman participara en la Cumbre de Buenos Aires.

Nadie puede negar que al visitar Argentina (además de otros cuatro países en su camino previo a la Cumbre del G20) el Príncipe heredero frustró los intentos de debilitarlo de los rivales de Arabia Saudita.

Hubo especulaciones de que el príncipe saudita evitaría viajar al país por una denuncia efectuada en su contra por Human Right Watch, que solicitaba su detención por el crimen de Jamal Khashoggi; no obstante, Bin Salman hizo lo contrario: llegó aquí antes que el resto de otros líderes e incluso cumplió el programa que estaba planeado por la Casa Saud visitando los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Egipto y Túnez de camino a la cumbre del G20.

Es cierto que Arabia Saudita, que participa en la cumbre de las economías más grandes del mundo, ha avanzado notablemente este año, mientras es irónico que Turquía, que se ha desplomado económicamente, este considerada por algunos líderes europeos casi con la misma calificación que el reino Saudí, incluso después de las reformas radicales que éste implementó en aspectos legislativos y tributarios, por ejemplo respecto al papel del gobierno en relación al mercado.

No obstante, durante la Cumbre, el dato relevante en relación a la Casa Saud es que se aprobará la solicitud de Arabia Saudita de celebrar la cumbre en Riad en el año 2020, lo que seguramente frustrará profundamente a sus detractores y enojará a sus rivales. La pregunta entonces es: ¿cómo los detractores de Arabia Saudita debilitaron al príncipe heredero y su presencia en la Cumbre actual?

La respuesta puede encontrarse en la conducta de la Casa Real respecto al crimen del periodista Khashoggi y a la investigación de ese horrendo asesinato. Sin embargo, mas allá del apoyo del presidente Trump a la familia real saudita (apoyo que le ha costado no pocos problemas en la política interna de EEUU), todo eso no fue suficiente.

Como sea, no se puede decir que el príncipe heredero pueda capitalizar la visita como un éxito. El presidente del país anfitrión, Mauricio Macri, mantendrá varias reuniones bilaterales con importantes líderes que asisten a Cumbre, pero no se reunirá con Mohammed bin Salman. No hubo comunicado del gobierno argentino sobre el punto, algunos dirán que no estaba prevista reunión alguna, no obstante, no faltan quienes ya sostienen que el primer mandatario argentino expresó de esa forma su posición ante la crisis generada por el crimen de Khashoggi.

Jamal Khashoggi, el periodista saudita asesinado en Estambul
Jamal Khashoggi, el periodista saudita asesinado en Estambul

La cumbre incluye temas de economía, comercio y mercado. Sin embargo, se espera que la mayoría de las reuniones de los líderes de los países del G20 trataran las disputas políticas, incluida la crisis entre Ucrania y Rusia, a pesar de la cancelación de la reunión bilateral entre los presidentes Trump y Putin, y las acusaciones de Estados Unidos contra la expansión comercial de China.

Los temas de la presión del presidente de los EEUU sobre el Viejo Continente, la OTAN, el Brexit, y todo lo que esto significa en términos de futuras consecuencias políticas y comerciales, también serán discutidos.

Pero para el Príncipe saudita, el tema principal sería la crisis yemení. Todos los estados miembros están de acuerdo en la importancia de terminar esa guerra, pero no hay una solución práctica para ello. En cuanto a la crisis del asesinato de Khashoggi, existe una línea de pensamiento expresada por los enemigos del reino donde todo ha sido dicho y no hay mucho que se pueda agregar ante el crimen y la desaparición del cuerpo del periodista. Es de esperar que el caso se esclarezca en algún momento y que la investigación, despojada de intereses espurios, ayude a eso. Hasta aquí, lo que se aprecia con suma claridad es que Turquía ha hecho un gran esfuerzo para politizar el caso y servir a la agenda de Qatar, y Arabia Saudita tiene la obligación ética y moral de tomar las medidas necesarias para juzgar a los acusados.

Si el Reino desea realmente limpiar su imagen y evitarle problemas a sus socios occidentales deberá hacerlo o correrá el riesgo del descrédito y el resquebrajamiento de sus alianzas, incluso con los Estados Unidos.

Por otra parte, no fue una coincidencia ni sorprende que el Emir de Qatar y su padre, el antiguo Emir, aparecieran en Turquía en los últimos días, ya que es una parte tan interesada en la crisis como lo es Estados Unidos, aunque el presidente turco habló sólo de los intereses estadounidenses para cubrir el caso Khashoggi.

La complicada guerra en Yemen

Otro caso difícil y complicado para el Príncipe heredero es Yemen. Entonces ¿cómo podía Arabia Saudita calmar a los países que se oponen a la guerra o que enfrentan una gran presión en sus relaciones con el reino debido a esa guerra y salir airosa de la reunión del G20? No había manera de que la delegación saudita pudiera hacer eso sin afectar los intereses de su seguridad nacional. Este es un tema espinoso en el que los británicos ahora tienen un papel importante considerando que el enviado internacional a cargo de resolver la crisis es británico.

Un niño yemení gravemente desnutrido. Yemen enfrenta una crisis humanitaria y millones de personas sufren las consecuencias de  (ESSA AHMED / AFP)
Un niño yemení gravemente desnutrido. Yemen enfrenta una crisis humanitaria y millones de personas sufren las consecuencias de  (ESSA AHMED / AFP)

Arabia Saudita sabe que los países que se oponen a la guerra la quieren detener, pero estos países no tienen una solución alternativa. Este es el punto sobre el cual los funcionarios estadounidenses se hicieron eco hace unos días. Entonces ¿cuál es la solución alternativa para detener la guerra? La retirada de las fuerzas de la coalición tendría consecuencias espantosas para la región dado que, por diferentes razones, no hay un solo país importante que esté dispuesto a enviar tropas a Yemen y administrar la situación sobre el terreno, pero sobre todo porque todos saben que Irán está detrás de los rebeldes hutíes apoyándolos con armas y dinero. Sin embargo, sólo Estados Unidos dice esto y está dispuesto a apoyar a los saudíes en esa guerra.

Por lo tanto, en la práctica Mohammed Bin Salman no podría hacer nada para salir bien parado, ni en lo que pudiera decir sobre la crisis de Yemen ofreciendo una solución política que incluya a todos los componentes políticos, incluidos los hutíes, como tampoco en materia del crimen de Khashoggi donde es uno de los principales sospechosos de haber ordenado el secuestro y el crimen del periodista, más allá de las posiciones favorables a la Hermandad Musulmana de la víctima.

En otras palabras, la cumbre del G20 en Buenos Aires es una oportunidad muy importante para hablar sobre el tema yemení y aclarar al mundo su papel en el caso del periodista asesinado pero al parecer no estaba en los planes de Mohammed bin Salman dar explicaciones o tomar decisiones al respecto. En consecuencia, no puede decirse que su visita a la Argentina será positiva y no debe extrañar que no haya reunión bilateral con el presidente del país anfitrión.

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