Indios navajos e inmigrantes chinos: la inverosímil sociedad criminal que terminó en el decomiso más grande de marihuana en EEUU

Unas 36 granjas en la Nación Navajo se dedicaban a la supuesta cosecha de cáñamo, un tipo de cannabis sin propiedades sicotrópicas, pero realmente escondían un operativo multimillonario de marihuana de alta calidad.

Casi 3 kilos de marihuana, 260 mil plantas destruidas y muchos trabajadores ilegales implicados fue el saldo de un imperio construido a base de engaños por un líder navajo y que floreció en la pandemia a la vista de las autoridades. Crédito: Sharon Chischilly/Navajo Times.
Casi 3 kilos de marihuana, 260 mil plantas destruidas y muchos trabajadores ilegales implicados fue el saldo de un imperio construido a base de engaños por un líder navajo y que floreció en la pandemia a la vista de las autoridades. Crédito: Sharon Chischilly/Navajo Times.

En noviembre del 2020 se llevó a cabo en el corazón de la Nación Navajo en los Estados Unidos una de las redadas de marihuana más grande de las últimas décadas en todo el país y la más grande de Nuevo México.

Fueron 2.700 kilogramos de marihuana de alta pureza, distribuidas en 21 granjas y dos hogares privados que estaban operando en terreno protegido de las tribus nativo americanas. Por lo menos 450 kilogramos más de marihuana totalmente procesada y ya colocada en bolsas para su venta individual. En total se destruyeron 260 mil plantas de cannabis.

Esa redada se conoció como la “Operación Navajo Gold” y se llevó a cabo por tres días en el poblado de Shiprock (Nuevo México), involucrando la participación de docenas de oficiales de la policía navajo, del estado y la localidad, así como agentes del FBI, la Administración de Control de Drogas, Seguridad Nacional y la Agencia de Protección Ambiental.

Navajo Gold” fue la culminación de una inverosímil sociedad criminal que involucró a un polémico líder de la comunidad Navajo -uno de los pueblos de nativo americanos protegidos en Estados Unidos- y un emprendedor Chino sexagenario. Juntos desplegaron una maquinaria de producción de marihuana que floreció en tiempo récord, gracias a la pandemia del COVID-19, y las enrevesadas leyes que protegen los territorios indígenas en el país del norte.

En medio quedaron pobladores navajo que se opusieron rotundamente al surgimiento de estas granjas y un centenar de migrantes chinos que encontraron una oportunidad de supervivencia trabajando en los cultivos de cannabis después de quedarse sin empleo cuando golpeó la pandemia.

Cáñamo o marihuana

Desde 2007 en Nuevo México está legalizado el cultivo y producción de la marihuana medicinal, una industria creciente y prometedora en todo el mundo, y Estados Unidos no es la excepción.

Con grandes extensiones de tierra y leyes autóctonas que les brindan autonomía especial, no es de sorprender que a algún ‘visionario’ se le ocurriera que el territorio Navajo sería un lugar perfecto para desarrollar una gran operación de cultivo en cannabis.

Ese ‘visionario’ fue Dineh Benally, una figura política carismática y divisiva entre la Nación Navajo quien se autoproclama a sí mismo como el “padre del cáñamo nativo americano”.

Dineh Benally en uno de sus campos de cannabis. Foto: Facebook
Dineh Benally en uno de sus campos de cannabis. Foto: Facebook

Benally, un conocido entusiasta de la marihuana, duró años abogando por un cambio en las leyes de la Nación Navajo que siguen sin permitir el cultivo de cannabis, ni siquiera para uso medicinal, pero que curiosamente sí permite cultivar cáñamo, otro tipo de cannabis con una concentración muy baja de THC (componente sicotrópico que causa euforia en el consumidor) y que se cultiva por su fibra y se procesa para desarrollar productos de salud que son de venta libre.

Hace unos cuatro años, en 2017, Benally empezó su cruzada por la legalización de la marihuana medicinal en la Nación Navajo. Para él era un tema personal, pues según dijo, lo motivaba la memoria de su difunta madre que murió de cáncer en el páncreas y que usando la planta habría encontrado alivio en sus padecimientos.

Benally no tuvo éxito, pero no se rindió, en 2018 se postuló para presidente tribal, creyendo que así tendría el poder para cambiar las leyes navajo, pero volvió a fracasar. En el 2020 durante las primarias demócratas para el Congreso de EEUU de nuevo tuvo otra derrota electoral.

Benally vio otra forma de entrar en la industria después de que las leyes agrícolas de 2014 y 2018 legalizaran el cultivo de cáñamo industrial. Pero para empezar a cultivar la planta con estos supuestos fines, el estado primero debe crear un sistema para regular la producción, incluida una forma de probar la concentración de THC.

Dineh Benally en medio de un evento de campaña cuando perdió en las primarias Demócratas de Nuevo México en 2020. Foto: Facebook.
Dineh Benally en medio de un evento de campaña cuando perdió en las primarias Demócratas de Nuevo México en 2020. Foto: Facebook.

Convencido de que estos cultivos traerían grandes ingresos necesarios para la Nación Navajo, sobre todo a partir de la producción de textiles y productos derivados del aceite de CBD (el componente medicinal del cannabis), Benally trató de convencer a los líderes de la tribu de permitir los cultivos, pero nunca logró que mostraran mucho interés.

Toda su insistencia cosecho los primeros frutos en 2017, el mismo año que se hundió su proyecto de ley para legalizar la marihuana medicinal. Ese año Benally se postularía sin oposición a la Junta Agrícola de San Juan, una entidad con poderes limitados sobre los permisos de cultivo en la reserva. Con este nuevo puesto, Benally se sintió con la autoridad de aprobar su propio “proyecto piloto” de cáñamo.

Fue para esta época que conoció a Irving Lin, un hombre de unos 70 años que emigró a Estados Unidos proveniente de Taiwán hace décadas y logró cosechar una fortuna considerable en el sector inmobiliario, pero que por su personalidad inquieta para los negocios no tenía ninguna intención de jubilarse.

Lin se convirtió en el primero y más importante socio de Benally mientras construyó su imperio del cáñamo. Fue él quien se encargó de atraer a otros inversores chinos y norteamericanos para que trajeran su dinero a las granjas navajo.

Dineh Benally, enfrenta cargos de conspiración, agresión agravada e interferir con los procedimientos judiciales. Foto: Facebook.
Dineh Benally, enfrenta cargos de conspiración, agresión agravada e interferir con los procedimientos judiciales. Foto: Facebook.

El gancho fue buscar empresarios que se hubieran visto afectados por la pandemia, cuyos negocios hubieran tenido que cerrar tras el duro golpe a la economía mundial que vino de la mano de los crecientes contagios de COVID-19.

No fue una tarea muy difícil, pues Lin ya era conocido en la comunidad de empresarios chinos gracias a los seminarios informativos sobre emprendimiento que dirige en Los Ángeles. Ahí comenzó a pontificar sobre los beneficios de la industria del cannabis y las grandes posibilidades de ganancias frente al capital invertido.

“Esto es muy bueno para que nuestro pueblo chino entre”, le dijo Linn a la BBC. “Creo que el cannabis, tarde o temprano, será uno de los principales negocios chinos”.

Así se montó el modelo, con Benally prometiendo control sobre el país soberano que supuestamente era la Nación Navajo, y Lin prometiendo un negocio redondo. No solo atrajo inversores chinos, sino que terratenientes navajos se interesaron en subarrendar su tierra para la instalación de las granjas de cáñamo.

La cereza del pastel fue conseguir mano de obra barata y en eso también contribuyeron los chinos, pues muchos inmigrantes que se vieron sin trabajo o recursos en medio de la pandemia llegaron a Shiprock Nuevo México atraídos por la repentina necesidad de trabajadores en las granjas.

Una de las granjas de marihuana o cáñamo que se encuentra en el medio de Shiprock (Nuevo México). Crédito: Sharon Chischilly/Navajo Times.
Una de las granjas de marihuana o cáñamo que se encuentra en el medio de Shiprock (Nuevo México). Crédito: Sharon Chischilly/Navajo Times.

Todo esto configuró rápidamente una operación en la que se invirtieron millones de dólares.

De repente, mucha gente va allí. Todos los días la gente busca una casa, busca un terreno en un período muy corto. En seis meses, tuvimos 1,000 personas que fueron allí”, dijo Linn a la BBC.

“Se trata de soberanía”, dijo Benally a Searchlight New Mexico, el primer medio de comunicación en hacer una investigación en profundidad sobre las granjas. “La tribu nos ha estado fallando. Estas fincas pertenecen a la gente, por lo que la gente controla lo que quiere cultivar “, afirmó, explicando que en los cultivos lo que se estaban cultivando eran cáñamo.

Tensiones y sospechas

Para octubre del año pasado las granjas de cannabis en Shiprock ya se extendían por 400 acres de tierra y se empezó a hacer evidente que lo que ahí se estaba produciendo no era simple cáñamo, sino marihuana.

Las tensiones no se hicieron esperar. Aunque muchos navajos se vieron atraídos al principio por el nuevo negocio, sobre todo en un momento de crisis por la pandemia, pronto grupos de activistas empezaron a organizarse para rechazar el surgimiento de estas granjas de cáñamo que estaban desplazando cultivos ancestrales y sagrados para los navajo, como el maíz.

El maíz es una planta sagrada”, le explicó Bea Redfeather a Searchlight. “No se puede comer cáñamo y marihuana”.

Ella se convirtió en una de las principales opositoras a las granjas, al uso de trabajadores chinos en ellas y al hecho de que bajo la excusa del cáñamo realmente se estaba produciendo marihuana.

Con las nuevas granjas se instalaban casas tipo invernadero, donde acomodaban a algunos trabajadores chinos que muchas veces no sabían ni siquiera hablar inglés. Otros andaban armados y prestaban servicios de seguridad. La gran mayoría trabajaba en condiciones precarias, con poca comida y durmiendo a la intemperie bajo las heladas temperaturas de la noche desértica.

El tema tampoco pasaba desapercibido para las autoridades, pero la maraña jurisdiccional que existe en un territorio de nativos americanos limitaban su capacidad de respuesta. Debido a que muchos de los trabajadores que se presentaron en Shiprock no eran nativos, la policía tribal no tenía autoridad para acusarlos de nada. De manera similar, el Sheriff del Condado de San Juan y el Departamento de Policía de Farmington no tenían poder jurisdiccional sobre la reserva o sobre los trabajadores nativos.

Una gran operación de cultivo de cáñamo, que involucra a decenas de invernaderos, cerca de Shiprock. Crédito: Don J. Usner/Navajo Times.
Una gran operación de cultivo de cáñamo, que involucra a decenas de invernaderos, cerca de Shiprock. Crédito: Don J. Usner/Navajo Times.

Las sospechas comenzaron en 2019, cuando hicieron una primera intervención a las granjas para determinar si lo que ahí se estaba cultivando era marihuana. Hay que tener en cuenta que el cáñamo se ve y huele como la marihuana, y su única diferencia es que su concentración de THC es igual o menor al 0,3%.

Esto era lo que debía probar la policía para cerrar las granjas, pero al no contar con un laboratorio de drogas propio en la Nación Navajo, las muestras se tuvieron que enviar a una agencia externa y mientras se esperaban los resultados la pandemia golpeó.

“Después de que el COVID comenzó, comenzamos a ver que muchas de estas granjas surgían rápidamente”, le dijo el jefe de policía de la Nación Navajo, Phillip Francisco, a la BBC.

Francisco explicó que solo tenía 180 oficiales de patrulla tratando de hacer cumplir los mandatos de salud en una reserva de 27,000 metros cuadrados en un territorio de 70,000 kilómetros cuadrados. “Creo que de eso se aprovechó”.

Para noviembre del año pasado, eran en total 36 operaciones de cáñamo, de las cuales por lo menos 33 contaban con un consentimiento de los terratenientes navajo para que ahí se hicieran las granjas.

Ellos, cuando se hizo evidente la empresa criminal que operó en sus tierras, afirmaron que fueron engañados por Benally, quien siempre sostuvo que los cultivos eran de cáñamo. Además la junta agrícola que presidía Benally emitió licencias de apariencia oficial que permitían el “cultivo de cannabis provisional”.

El 9 de noviembre del 2020 todo llegó a su final, al menos en Shiprock. Ese día la policía, el FBI y otras fuerzas estatales iniciaron la “Operación Navajo Gold” y desmantelaron el imperio de “cáñamo” de Benally y Lin.

Irving Lin, empresario chino que financió parte de la operación de Benally se declaró como una víctima del engaño del líder navajo. Foto: Facebook
Irving Lin, empresario chino que financió parte de la operación de Benally se declaró como una víctima del engaño del líder navajo. Foto: Facebook

Durante los días de intervención en las granjas, decenas de trabajadores agrícolas fueron transportados al gimnasio de la escuela de Shiprock, la mayoría inmigrantes asiáticos. Muchos huyeron, y trataron de regresar a Los Ángeles, de donde habían salido buscando un trabajo pago, el que fuera. Ninguno fue arrestado.

Otro grupo de 20 inmigrantes que se hospedaba en un hotel cercano y se dedicaba a “cortar flores” (de marihuana) fue arrestado y presentado como las primeras capturas de la operación, aunque eventualmente los dejaron en libertad al comprobar que no tenían mayor conocimiento del despliegue tipo cartel drogas del que hicieron parte.

Oro verde

Las secuelas de la “Operación Navajo Gold” se siguen sintiendo con fuerza en Shiprock, donde la comunidad trata de reconstruirse después de quedar casi a la deriva tras el desmantelamiento de las granjas.

Las tensiones siguen a la orden del día. Por un lado la figura de Bea Redfeather desplazó a Benally en la Junta Agrícola de San Juan y desde allí pretende despojar a los 33 terratenientes navajos de sus permisos de cultivo y así comenzar la gran limpieza de la Nación Navajo. La oficina del fiscal general de la Nación Navajo también demandó a los terratenientes.

Aunque la mayoría de esos agricultores insisten en que Benally los engañó, por lo menos 17 de ellos se han unido para formar una nueva asociación a favor del cáñamo, un cultivo que sí es legal y fue el que aprobaron para crecer en sus tierras.

Dineh Benally ha dejado Shiprock, donde enfrenta cargos de conspiración, agresión agravada e interferir con los procedimientos judiciales.

Se pueden ver bolsas de cáñamo a través de estructuras metálicas que se utilizarán para casas de aros en uno de los muchos sitios de cáñamo en Shiprock. Foto Ravonelle Yazzie/Navajo Times.
Se pueden ver bolsas de cáñamo a través de estructuras metálicas que se utilizarán para casas de aros en uno de los muchos sitios de cáñamo en Shiprock. Foto Ravonelle Yazzie/Navajo Times.

Como la investigación federal de la DEA y el FBI todavía permanece abierta, no se sabe a ciencia cierta cuantos trabajadores migrantes había en Shiprock o si se están considerando cargos para alguno de los agricultores o inversionistas.

Por su parte Irving Lin se mudó a Oklahoma, un estado mucho más laxo en sus leyes sobre el cultivo y venta de marihuana. Con él se fueron por lo menos una docena de inversionistas chinos que se llevaron su fuerza laboral y lo poco que pudieron salvar de las granjas de Nuevo México.

Allí están reconstruyendo su imperio de marihuana, atrayendo a nuevos inversores e iniciando otra vez el proceso, incluyendo nuevamente mucha mano de obra precarizada de inmigrantes chinos.

Lin afirma que esta vez todo es 100% legal y está acorde a las leyes del estado, aunque en Oklahoma varios productores locales de marihuana les preocupa que los nuevos inversores vayan a violar la restricción a la venta que hay en el estado.

Lo que se produce en Oklahoma se vende en Oklahoma, si no es delito federal, y la capacidad de producción que están mostrando los chinos parece exceder la demanda del estado.

Mientras algo nuevo pasa Lin insiste en su negocio cannábico, pontificando sobre la nueva industria del “oro verde”.

“Me detuviste en Nuevo México. Me voy de inmediato a Oklahoma”, le dijo Lin a la BBC. “¿Y qué? ¡Siguiente!”

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