Perdió un brazo en un accidente, pero se convirtió en sensación del básquetbol de Estados Unidos y sueña con llegar a la NBA

La historia del dominicano Enmanuel Donato, jugador polifuncional de 18 años que a los seis perdió casi todo el brazo izquierdo. Su lucha siguió, brilló en un secundario de Florida, ganó un torneo de volcadas y acaba de recibir una beca universitaria. Su ilusión, igual, va más allá

Emmanuel Donato, jugador polifuncional de 18 años que brilla en el básquet secundario de Florida, perdió casi todo el brazo izquierdo a los seis

Corría el año 2004 y Hansel Salvador Donato, ex basquetbolista profesional que había llegado incluso a la selección de su país, estaba jugando un partido callejero en su Santo Domingo natal, puntualmente en el barrio Los Mina, uno de los más pobres de la capital dominicana. De repente, un llamado urgente interrumpe el picado con amigos. Los gritos se multiplican. Su hijo, Hansel Enmanuel –así figura el nombre en sus perfiles oficiales- Donato, acababa de tener un accidente a pocos metros de la canchita. Jugando con amigos, el niño de seis años había trepado a una pared en construcción, la cual había cedido y lo tenía atrapado. La vida del amor de su vida estaba en riesgo. Hacía allí fue, corriendo, para intentar salvarlo. Casi dos horas estuvieron, junto a un equipo de rescate, para removerlo del lugar y llevarlo al hospital, con vida pero malherido, con una lesión que cambiaría la vida de toda la familia.

“El bloque de ladrillos cayó sobre el pecho pero especialmente le aplastó el brazo izquierdo y los tendones. Ninguno quedó vivo y no hubo forma de salvarle el brazo”. Así lo contó Katia Domínguez, la madre del chico, en una nota con ESPN, sin poder contener las lágrimas mientras recordaba el trágico accidente. “Todo se me vino abajo. Yo estaba a su cargo en ese momento y cuando tuvieron que amputarle el brazo, sentí que era mi culpa, que todo había terminado. Por suerte, Dios nos mostró otro camino”, admitió el padre, en referencia a la actualidad que parece más de una película que de la vida real.

El niño, pese a no contar con gran parte del brazo izquierdo (lo amputaron por debajo del hombro), se convirtió en una estrella del semillero dominicano jugando básquet convencional y, en enero del 2021, dio el salto a un secundario de Florida (Life Christian Academy), donde brilló a tal punto que la Universidad Tennessee State le ofreció en agosto una beca escolar para que estudie y juegue en la máxima división de la NCAA. Una historia de superación que emociona, inspira y enseña. Que muestra, como Enmanuel asegura, que “ninguna discapacidad o limitación te define, que hay que trabajar e ir por los sueños. Y el mío es jugar en la NBA. Yo siento que puedo”.

Cuando jugaba Kikima, como era conocido el padre en la isla, su hijo siempre quería estar ahí. “Lloraba si no lo llevaba conmigo y le pedí por favor a la madre para que interviniera”, recuerda Salvador. Sin embargo, había otro deporte que prefería hasta el día del accidente: el béisbol, el más popular de su país. Pero, claro, desde la amputación, muchas cosas no fueron las mismas. “No podía hacer nada y necesitaba ayuda para todo. No podía agarrar un vaso, atarme los cordones o cambiarme de ropa”, relató Enmanuel. Y esa realidad golpeaba a sus progenitores, en especial cuando el chico seguía sin entender lo que había pasado...

-¿Papi, cuándo me va a crecer el brazo?, ¿Papá, por qué ellos tienen los dos brazos y yo no?

Eran preguntas devastadoras que, ante las dudas de los padres, él mismo tenía respuestas que marcaban un temple especial y daban esperanzas pensando en el futuro. “Yo lloraba y él me daba fuerza. Me decía, ‘papi, quedate tranquilo que yo voy a estar bien. Yo ya sé hacer algunas cosas’”, relató el padre. Y, justamente, cuando habla de las cosas que aprendió a hacer hay que agregar “jugar al básquet”, el deporte que le devolvería la alegría y la ilusión. “Comencé a jugarlo luego del accidente y, claro, las primeras veces fueron experiencias difíciles porque perdía el balance, me iba para un costado, y no podía controlar bien la pelota”, recordó quien a los 14 años se dio cuenta que realmente podía ser alguien distinto en este deporte, pese a tener la discapacidad.

De a poco, el chico se hizo famoso en el país. Ya no era el hijo de Kikima sino el adolescente que se destacaba pese a no tener un brazo. “Me costó soltarlo… Al principio no quería que jugara por miedo a que sufriera un golpe y se frustrara por alguna situación que no podía resolver, pero entendí que debía dejar que fluyera la situación, que buscara los sueños luego de semejante esfuerzo”, contó Salvador. De a poco, sus jugadas comenzaron a viralizarse en las redes sociales y una de las tantas personas que las vieron fue Moisés Micael, un ex compañero de Salvador en Dominicana que en ese momento vivía en Estados Unidos y era el head coach del secundario Life Christian Academy, en Kissimmee, Florida. El ex jugador quedó impresionado y se comunicó con Salvador para conocer la historia y hacerle una invitación a Enmanuel.

Así fue que, en enero del 2021, el polifuncional jugador –alero que juega de escolta y hasta de base- que hoy mide 1m96 y tiene 18 años se tomó un avión, sin conocer USA ni hablar una palabra de inglés. Lo primero que hizo, ni bien aterrizó, fue reencontrarse con su padre, quien se había mudado allí hacía unos años, tras la disolución de la pareja y la necesidad de encontrar un mejor pasar económico. El impacto que Enmanuel tuvo fue inmediato, tan rápido como en el primer entrenamiento del equipo.

“Recuerdo que se me ocurrió decir que el que fallara bandejas tendría que hacer flexiones de brazo en el piso. Entonces, cuando llegó el momento que Enmanuel falló, todos los chicos me miraron como diciendo ‘¿y ahora?’. Ahí me di cuenta de por qué… Pero no llegué a pensar en una alternativa cuando él se tiró al piso y empezó a hacerlas… Fueron 20 flexiones con un solo brazo…”. Moisés se emocionó hasta las lágrimas cuando contó la anécdota. “En ese momento nos cambió con esas 20 flexiones. A todos, coaches y jugadores. Todos dijeron ‘wow, quiero ser mejor’. Fue una enorme demostración de voluntad y entereza, que motivó a todos en el gimnasio”, precisó tras secarse las lágrimas.

“La discapacidad no es nada, le pasa a cualquiera. Hay que seguir adelante y no rendirse nunca. Nunca mirar atrás. Es difícil recuperarse y es frustrante. Pero Dios y el sueño de ser como mi papá me inspiraron”, explicó Enmanuel. Moisés volvió a tomar la palabra. “Algunos han dudado sobre su capacidad en la cancha e incluso piensan que los videos de las redes sociales son trucados. Pero, cuando lo ven en vivo, se quedan con la boca abierta. Es un fenómeno de la naturaleza, tiene un don poco común.

“Hay muchos jugadores con dos manos y dos brazos que no pueden hacer todo lo que él hace”, aseguró el coach que quedó perplejo cuando le dio la oportunidad. Es impactante, más allá de su capacidad atlética y polifuncionalidad que no parecen sentirse disminuidas por la falta de ese brazo, cómo se las arregla para ir tomando la pelota con la parte del brazo que le falta, de la forma en que arma y lanza (con buena eficacia), y la manera en que penetra para ambos lados. “Cuando lo tuve enfrente me di cuenta que podía hacer de todo, que es bueno de verdad. Al principio, pensamos que no podría ir hacia su izquierda y lo forzamos hacia esa mano, hacia ese lugar, pero nos dimos cuenta que tampoco alcanzaba. Es muy rápido y maneja muy bien la pelota y los perfiles”, explicó Angel Montas, compañero en el secundario de La Florida.

En el camino a lograr el campeonato estatal de la Florida, el dominicano promedió 26 puntos, 11 rebotes y siete asistencias, generando interés del mundo universitario, en especial de la facultad que terminó ofreciéndole la beca. En diciembre, hace pocas semanas, incluso ganó un concurso de volcadas en City Palms, Florida, dando show y cátedra con una mezcla de fluidez traída desde la cuna y una técnica que ha depurado. En la NCAA, torneo de 350 universidades que es el semillero de la NBA, será el cuarto jugador con un brazo en estar en un roster. El último fue Zach Hodskins, jugador de la Universidad de Florida que tomó el relevo de dos anteriores, Grant Dykstra (perdió el brazo de niño y, tras 16 operaciones, promedió 17 puntos y 5.5 rebotes a la NCAA II) y Kevin Laue (pivote de 2m10 que llegó a sumar 20 tapas en un partido y que en 2009 se convirtió en el primer jugador manco en jugar en la NCAA).

Este chico, que tiene como referentes deportivos a LeBron James y Kevin Durant, logrará así un hito que, junto a su hollywodense historia y las viralizadas acciones en redes sociales, lo ha convertido en un suceso social media. Al punto de superar el 1 millón de seguidores en Instagram, posicionándose sólo por detrás de Mikey Williams y Bronny James, las dos sensaciones que, por distintos motivos, tiene hoy el secundario estadounidense.

“No me pongo límites y cualquier cosa que digas que no puedo hacer, lo haré tres veces mejor. Yo estoy enfocado en estar en el draft y luego en la NBA. Siento que nací para triunfar, sin importar lo que me haya pasado. Dios tiene un propósito y yo estoy en su misión. Todo lo que hago es por él y por mi familia. Ellos son todo”, contó sin temores en una última nota en el Orlando Sentinel, siempre hablando en castellano, ya que el aprender inglés es una nueva barrera que está de a poco superando.

“Dice que será un NBA, pero sólo espero que lo puedan ver y sé que va a llegar lejos por su gran dedicación. Es mi hijo adorado que va a llegar hasta donde quiera. Nunca se quedó con la limitación física. Ni con que yo sea tu ídolo. Ahora vos sos el mío, mi profesor, por ese deseo de vida”, aseguró el padre que lo inspiró. Un chico y un ejemplo no sólo para el padre. Uno de esos casos inspiradores que sirven para creer que los sueños pueden hacerse realidad, aunque los obstáculos por momentos parezcan abrumadores.

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