El presidente de la CAF, Ahmad Ahmad (izquierda), junto a Hany Abo Rida, presidente de la Federación egipcia (Foto: @OSSAMA ABD ELNABY)
El presidente de la CAF, Ahmad Ahmad (izquierda), junto a Hany Abo Rida, presidente de la Federación egipcia (Foto: @OSSAMA ABD ELNABY)

Sólo lleva dos años en el cargo pero el actual presidente de la Confederación Africana de Fútbol, Ahmad Ahmad, parece empeñado en seguir los oscuros pasos de su predecesor en el cargo, Issa Hayatou. El hasta hace poco desconocido dirigente malgache afronta el ecuador de su mandato al frente del fútbol africano en el ojo del huracán a causa de la reciente investigación que el Comité de Ética de la FIFA ha abierto para tratar de esclarecer una serie de hechos e irregularidades financieras atribuidas a Ahmad que, de confirmarse, podrían obligarle a renunciar al cargo que ostenta desde marzo de 2017.

Quien fuera presidente de la Federación de Madagascar fue acusado de corrupción y abuso de cargo ante el órgano rector del balompié mundial en marzo pasado por su propio secretario general, el egipcio Amr Fahmy. En el pliego de cargos que Fahmy envió a la FIFA figuraban, entre otros supuestos delitos, el pago de sobornos por valor de 20.000 dólares a un buen ramillete de presidentes de federaciones africanas; aumentar en 830.000 dólares el coste de una serie de equipamientos adquiridos por la CAF para pagar a Tactical Steel, la empresa de intermediación francesa; o gastar más de 400.000 dólares del organismo que preside en adquirir vehículos en Egipto y Madagascar, su país, donde ha montado una oficina satélite.

Ahmad deberá enfrentarse también a las acusaciones de presunto acoso sexual a cuatro empleadas de la CAF, cuyos nombres no han sido develados. Y además deberá justificar en Zurich su controvertida decisión de despedir al citado Fahmy sin contar con el respaldo del Comité Ejecutivo. Sucedió pocos días después de que Fahmy pusiera en conocimiento de la FIFA las 'fechorías' de su jefe, y colocar en su lugar al marroquí Mouad Hajji, confirmando implícitamente otra de las denuncias del ya ex secretario general, la violación de los estatutos de la CAF para aumentar el números de representantes de ese país en las altas esferas del fútbol continental.

El cese fulminante del secretario general no ha hecho sino avivar aún más el malestar generalizado que existe hoy día en el seno de la confederación más grande del planeta fútbol (56 países afiliados) con un presidente que, tras 26 meses en el cargo, no ha cumplido una sola de las promesas que hizo antes de ser elegido.

Empezando por la revisión de los contratos de derechos de televisión y patrocinio firmados por su predecesor Hayatou con Lagardère Sports hasta el año 2036. Cabe recordar que dichos contratos, concedidos a la empresa francesa 'a dedo', fueron el detonante de la caída en desgracia del legendario dirigente camerunés, a quien un tribunal de El Cairo llegó a imponer una multa de 57 millones de dólares, amén de solicitar la invalidación inmediata de lo mismos.

El presidente de la CAF, Ahmad Ahmad (primero por la izquierda), junto a Idriss Akki, director general de Lagardere, y Hany Abo Rida, presidente de la Federación egipcia, durante su reciente peregrinación a La Meca (Foto: @AbouRidaHany)
El presidente de la CAF, Ahmad Ahmad (primero por la izquierda), junto a Idriss Akki, director general de Lagardere, y Hany Abo Rida, presidente de la Federación egipcia, durante su reciente peregrinación a La Meca (Foto: @AbouRidaHany)

Pese a asegurar poco antes de su elección como presidente de la CAF que "revisaré esos contratos y, llegado el caso, los anularé", los actos de Ahmad han ido siempre en dirección opuesta a sus palabras, estrechando aún más lazos con Lagardère y su director general en África, Idriss Akki, con quien incluso acaba de realizar la Omra (peregrinación a la Meca), en un viaje cuyos gastos, se sospecha, han corrido a cargo de la entidad que preside el dirigente malgache.

Mientras tanto, el asunto de los derechos de retransmisión de las competiciones africanas sigue sin resolverse a sólo dos meses del inicio de una nueva edición de la Copa de África, con el consiguiente perjuicio económico para los países participantes (24 por vez primera), en especial Egipto.

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