
Sus memorias confrontan esos tiempos en los 70 donde la escena musical por fin se despojaba de los viejos dinosaurios progresivos y el minimalismo con tres acordes y un par de gritos se volvieron protagonistas. No es detalle menor que Albertine haya sido parte fundacional de la primera banda de mujeres dentro de ese combo agudo que es el punk. Con The Slits, las cuatro mujeres hicieron saltar a cuanto hombre se les cruzara. Pero no es éste un libro -solamente- de la escena punk sino un ensayo estudiado sobre la realidad social que le tocó atravesar y el lugar en el mundo de cada uno. Novia de Mick Jones de The Clash, amiga de Sid Vicious, amante de Johnny Thunders, parece haber estado en el lugar preciso en el momento adecuado. Pero pasó por un padre ausente, una madre fuerte, una enfermedad dura, frustrados intentos de concepción hasta finalmente tener a su hija. Sus inseguridades, su autoestima puesta a prueba en más de una oportunidad, su crudeza, demuestran que el punk era moralista: se dictaminaba qué estaba bien y qué no. Sus relatos destilan una fascinación tal que a la hora de las reflexiones al respecto, uno no puede más que asentir y tragar saliva. Y ya no escupir. Maduramos.

–Tiene una memoria envidiable: recuerda qué llevaba puesto en el concierto en Hyde Park de los Rolling Stones (al que fue descalza). ¿Esos recuerdos fueron la clave de su libro?
-La memoria es tan selectiva y personal… Recuerdo vívidamente detalles de cosas que fueron verdaderamente importantes para mí en esa época. No tuve dinero durante mucho tiempo así es como cada vestimenta que usaba, especialmente para un evento tan excitante como un show gratis de Rolling Stones, estaría muy cuidadosamente planeado. Tenía que ser muy creativa con mi ropa. Nunca pude ir a una tienda y comprar algo lindo, era muy pobre. Pero me importaba mucho cómo me veía así que todo esto era un desafío para mí. Por eso "ropa" es parte del título del libro. A lo largo de mi vida, la vestimenta fue un modo de expresarme y era muy importante mostrarle a la sociedad que no estaba de acuerdo con ella, que no me iba a conformar. No creo que pueda lograrse eso comprándose ropa de las tiendas.

–¿Cuál fue la reacción de quienes nombra en su libro? ¿Cree haber herido a alguien?
-Cuando comencé con la escritura había decidido que hasta donde pudiera iba a contar la verdad sobre mí misma y el resto de mi entorno, sobre todos los chicos y los hombres que conocía. Le dije a mi editor que ellos deberían aceptarlo así y que no estaba dispuesta a cambiar los hechos o dejar pasar malas conductas de las cuales me había sentido afectada. Que era importante contar todas las veces que una niña y una mujer son menospreciadas ya que es parte de nuestras vidas. Así que no le pregunté a nadie si le importaba lo que escribiera. Y creo que fui justa, no he tenido quejas.
– A partir del alcance de estas memorias, ¿se viene un nuevo libro?
Sí, tengo mi próximo libro casi listo, To Throw Away Unopened (Tirar lejos sin abrir) será publicado en abril en el Reino Unido. Otra vez será no ficción, historias de vida, muy honesto, sobre el amor de familia y la muerte.

–Destaca hacia el final de su libro que el feminismo se ha vuelto un negocio en estos días. ¿Qué opina sobre las acusaciones y el efecto del #MeToo?
-No recuerdo haber dicho eso, no creo haber dicho eso sobre el feminismo. Tengo una hija adolescente y cuanto más sepa ella sobre la lucha de las mujeres, pues mejor. Mejor para todas las mujeres, les da el poder del conocimiento. Y cuando se encuentran a sí mismas en una situación similar, saben cómo actuar, no se culparán a sí mismas ni que se lo están imaginando como nos solía pasar. Y también ayudará a reducir este tipo de comportamiento de parte de los hombres. Entonces, cuanto más honestos sean los relatos de cómo es la vida de las mujeres en el patriarcado, mejor.
–¿Le afectó la nostalgia en el proceso de escritura?
-No puedo tolerar la nostalgia, obstaculiza el progreso emocional. Intento no sentirla. No creo que haya mucho eso de que era mejor antes en la sociedad occidental, excepto la música contemporánea, pero también creo que es bueno que haya muerto como una forma de arte radical de expresión porque da lugar a que florezca algo más.

–¿Sigue escuchando punk rock?
-Oh, Dios, no. Apenas si escucho música pero aún disfruto una canción bien escrita en tanto y en cuanto el escritor/intérprete no pretenda ser algo más que un artista. No puedo soportar las bandas que gruñen y se burlan y piensan que están siendo radicales, ¡apenas si fue radical cuarenta años atrás! Ciertamente no lo es ahora. Además, casi nadie puede abrir caminos con lo que toca con esa estructura musical de composición. Creo que las escritoras son mucho más emocionantes que las bandas. Sheila Heti, Rebecca Solnit, Maggie Nelson, Chimamanda Ngozi Adichie, Warsan Shire, Chris Kraus, Anne Carson son apenas algunas de ellas.
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