
Un equipo de la Universidad Eötvös Loránd y del Centro de Investigación de Ciencias Naturales HUN-REN, en Budapest, Hungría, informó que los perros presentan una actividad cerebral asociada al autocontrol similar a la observada en humanos cuando obedecen una orden de detenerse.
El estudio, publicado en Animal Cognition, examinó qué ocurre en el cerebro canino cuando un animal debe contener una conducta, como evitar tomar un objeto que tiene al alcance.
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Los investigadores buscaron establecer si esa obediencia es una reacción automática o si requiere un proceso comparable a la inhibición consciente descrita en las personas. Este análisis en los perros puede ayudar a estudiar afecciones en las personas, como el TDAH y la obesidad.
El experimento comparó momentos de obediencia e inactividad

La investigación, según Phys.org, se centró en las ondas theta frontales, señales eléctricas que se detectan mediante un electroencefalograma o EEG. En humanos, el aumento de esas ondas en los lóbulos frontales se vincula con el control cognitivo.
“Realizamos 226 registros cortos de EEG, de aproximadamente medio minuto de duración cada uno, de 14 perros que, durante la grabación, estaban obedeciendo una orden o inactivos”, explicó Ivaylo Borislavov Iotchev, investigador del Centro de Investigación de Ciencias Naturales HUN-REN.
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El procedimiento no fue invasivo, por lo que permitió estudiar la actividad cerebral de los ejemplares mientras estaban despiertos. El análisis comparó las señales obtenidas en cada condición para determinar si las ondas theta se reforzaban cuando los animales debían detener una conducta.

Los resultados mostraron que, tanto al observar a cada individuo como al comparar el conjunto de perros, esa actividad era más marcada durante las situaciones de autocontrol.
Las ondas theta se asemejaron a las registradas en personas
La ausencia de diferencias entre los registros habría permitido considerar que los perros cumplen las órdenes de manera automática. Sin embargo, los investigadores hallaron un patrón distinto.
“Durante las situaciones de autocontrol, observamos una actividad EEG que se asemeja a la actividad theta humana tanto en frecuencia como en localización”, afirmó Iotchev.
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En las personas, los lóbulos frontales intervienen en decisiones que requieren inhibir una respuesta, como dejar de fumar luego de años de consumo. Este proceso se diferencia de las reacciones inmediatas, como la inmovilidad de un ratón ante la proximidad de un depredador.
Los autores plantearon que la capacidad de detener un comportamiento puede depender de mecanismos diferentes. Mientras algunas respuestas son ancestrales y automáticas, otras exigen esfuerzo consciente.
De acuerdo con la investigación, el patrón registrado en los perros durante la orden de contención se relaciona con este segundo tipo de control.
Los perros podrían aportar datos sobre el TDAH y la obesidad

El trabajo se realizó bajo la supervisión de Anna Kis y Márta Gácsi, investigadoras que estudian el uso de estos animales para comprender afecciones humanas como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido como TDAH, y la obesidad. Ambos problemas se han asociado, en las personas, con alteraciones en el funcionamiento de los lóbulos frontales.
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“Los perros viven y envejecen más rápido que los humanos, pero se mueven en los mismos entornos y se adaptan a los mismos desafíos sociales y físicos”, explicó Gácsi. Según la investigadora, esa condición permite examinar en menos tiempo factores de desarrollo y envejecimiento vinculados con afecciones patológicas.
Kis sostuvo que medir las correlaciones electroencefalográficas asociadas con la participación de las regiones frontales facilitará la comparación entre trastornos caninos y los que afectan a las personas.

“La capacidad de medir las correlaciones electroencefalográficas de la afectación de los lóbulos frontales en perros nos permitirá investigar hasta qué punto estas afecciones en los perros se asemejan a sus contrapartes en humanos y nos permitirá extrapolar mejores predicciones también para los humanos”, indicó.
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Iotchev señaló que los lóbulos frontales caninos recibieron poca atención en relación con la percepción extendida de que estos ejemplares poseen una vida mental compleja.
Además, añadió que el EEG es más económico y más fácil de aplicar que la resonancia magnética funcional. El estudio identifica esta técnica como una herramienta para futuras investigaciones sobre procesos mentales y su base neuronal en perros.
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