El metal raro que impulsó el origen de la vida en la Tierra

Una investigación reveló que los primeros microorganismos aprovecharon el molibdeno hace más de 3.000 millones de años, mucho antes de que los océanos lo tuvieran en grandes cantidades

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Ilustración de una fumarola hidrotermal eruptando calor naranja y humo blanco en el fondo marino, rodeada de depósitos minerales y microorganismos azules bioluminiscentes.
El hallazgo reveló que los primeros microbios emplearon molibdeno, un metal escaso en los océanos arcaicos, acelerando reacciones metabólicas clave hace más de 3.000 millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los primeros microbios de la Tierra usaron molibdeno —un metal prácticamente ausente en los océanos arcaicos— para acelerar reacciones metabólicas fundamentales entre 3.700 y 3.100 millones de años atrás, informaron fuentes científicas. El hallazgo, publicado en Nature Communications, demostró que esta capacidad surgió mucho antes de la Gran Oxidación, el episodio que transformó la química de los océanos terrestres.

En la era arcaica previa a ese evento, ocurrido hace más de 2.450 millones de años, la concentración de molibdeno en los océanos no superaba los cinco nanomolares; hoy, las aguas oceánicas registran 105 nanomolares. Esa brecha de 21 veces entre disponibilidad pasada y presente convierte el hallazgo en una paradoja evolutiva: los primeros organismos incorporaron un metal casi inexistente y lo volvieron herramienta metabólica.

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El molibdeno no era un elemento accesorio: ocupa el centro de enzimas capaces de impulsar reacciones del carbono, el nitrógeno y el azufre que, sin ese catalizador, ocurrirían demasiado despacio para sostener un metabolismo vivo. Su poder catalítico era, en ese sentido, demasiado valioso para que la biología primitiva lo ignorara, aun cuando el entorno casi no lo ofrecía.

Una hipótesis descartada y un mapa más complejo

El estudio reconstruyó la historia evolutiva de proteínas asociadas al uso de molibdeno y tungsteno en el árbol de la vida, la representación científica de las relaciones de parentesco entre todos los organismos que han existido en la Tierra. Hasta su publicación, una hipótesis ampliamente aceptada postulaba que el tungsteno —útil en organismos extremos actuales— precedió al molibdeno en la biología primitiva: primero uno, después el otro.

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Infografía horizontal que muestra un océano arcaico con volcanes, respiraderos hidrotermales activos y microorganismos luminosos, destacando el uso de molibdeno y tungsteno en la vida temprana y su importancia para la astrobiología.
Esta infografía ilustra cómo los primeros microbios de la Tierra utilizaron molibdeno y tungsteno, metales escasos en los océanos arcaicos, para impulsar procesos metabólicos vitales y adaptarse a ambientes extremos hace miles de millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

El nuevo trabajo descarta esa secuencia lineal. La conclusión es que ambos metales tienen raíces arcaicas y que los primeros organismos los emplearon de forma simultánea para transformar carbono, nitrógeno y azufre, los tres procesos esenciales para la supervivencia de cualquier sistema vivo.

Esa simultaneidad tiene una implicación que el propio estudio subraya: elegir molibdeno en un océano pobre en molibdeno significa que la biología primitiva ya operaba como una cazadora química sofisticada, capaz de identificar y capturar un elemento escaso por su utilidad catalítica, no por su abundancia.

El papel de los respiraderos hidrotermales

Hace más de 3.000 millones de años, la Tierra era otro planeta. La atmósfera carecía de oxígeno abundante, los océanos tenían una química radicalmente distinta y los metales circulaban de otra manera. Pero el océano arcaico no era uniformemente pobre: era desigual. Mientras el agua superficial apenas contenía trazas de molibdeno, ciertos rincones del fondo marino funcionaban como despensas metálicas locales.

Los respiraderos hidrotermales concentraban hierro, níquel, zinc, cobre, cobalto, tungsteno y molibdeno en proporciones muy superiores a las del océano abierto. La NASA, según la revista de divulgación, sostuvo que esos enclaves actuaron como refugios químicos para la vida temprana: entornos donde, entre calor, roca y agua cargada de minerales, los microorganismos pudieron acceder a elementos claves y desarrollar rutas metabólicas que de otro modo habrían sido inviables.

Fotografía submarina de una fumarola hidrotermal en el fondo marino, emitiendo humo mineral blanco y negro, rodeada de oscuridad y vida abisal.
Los respiraderos hidrotermales en el fondo marino funcionaban como reservorios metálicos, donde los microorganismos accedían a elementos escasos para desarrollar rutas metabólicas esenciales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un planeta hostil, un metabolismo ya maduro

La reconstrucción fue posible mediante el rastreo evolutivo de proteínas asociadas al uso de ambos metales. Ese método ubicó su aparición en circunstancias ambientales mucho más restrictivas de las que se manejaban hasta ahora, lo que sitúa la complejidad metabólica en los orígenes más remotos de la vida, no en etapas posteriores de mayor abundancia química.

El resultado consolida una imagen de los primeros organismos como sistemas capaces de extraer y aprovechar metales traza en condiciones adversas, sin esperar la comodidad de un planeta rico en oxígeno. La Gran Oxidación, situada alrededor de hace 2.450 millones de años, favorecería después la entrada masiva de molibdeno a los océanos mediante procesos de meteorización; pero para entonces, la biología ya llevaba cientos de millones de años trabajando con él.

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