
El origen de los calamares y las sepias ha intrigado durante décadas a la comunidad científica, que buscaba desentrañar cómo surgieron y evolucionaron estos complejos cefalópodos. Un avance reciente ha permitido reconstruir su historia evolutiva integrando datos del registro fósil, estudios del desarrollo embrionario y análisis moleculares, como expone el artículo publicado en la revista científica Bioessays por Kröger y colaboradores y citados por el medio Muy Interesante.
La investigación sugiere que los ancestros de calamares y sepias pertenecen a una rama de los cefalópodos coleoides, caracterizados por la reducción o pérdida de la concha externa. Los autores detallan cómo los primeros representantes de este grupo aparecieron en el Mesozoico, diferenciándose de los nautiloideos gracias a cambios estructurales clave, como la internalización y eventual desaparición de la concha. Esta transformación permitió la aparición de organismos más ágiles y adaptativos, capaces de ocupar nichos que exigían rapidez y maniobrabilidad.
Los estudios moleculares citados en Bioessays coinciden con las pruebas fósiles al indicar que la diversificación de los coleoides modernos, entre los que se encuentran calamares y sepias, se produjo a partir de una rama ancestral común, mucho antes de la gran extinción del Cretácico. De esta manera, la combinación de registros paleontológicos y datos genéticos ha permitido aclarar el misterio en torno al surgimiento de estos animales, revelando un proceso evolutivo gradual pero marcado por momentos de cambio anatómico drástico.

Estrategia de supervivencia en aguas profundas durante la extinción masiva
Durante la extinción masiva del Cretácico, los calamares y las sepias adoptaron una estrategia que les permitió sobrevivir cuando muchas otras especies desaparecieron. Según la información integrada por Kröger, estos cefalópodos se refugiaron en hábitats oceánicos profundos, alejados de la superficie donde el impacto ambiental fue más severo tras la caída del meteorito.
La capacidad de desplazarse a aguas profundas y explotar recursos en ambientes menos afectados por la extinción fue determinante. Esta estrategia de supervivencia permitió que los linajes de calamares y sepias persistieran y, posteriormente, se diversificaran una vez que las condiciones en la superficie mejoraron. Así, el éxito evolutivo de estos animales está vinculado a su plasticidad ecológica y a la habilidad para adaptarse a entornos extremos durante periodos de crisis global.

Transformación anatómica: la pérdida de la concha y sus consecuencias evolutivas
La evolución de los calamares y sepias estuvo marcada por una transformación anatómica central: la pérdida progresiva de la concha externa. De acuerdo con el estudio en Bioessays, este cambio estructural permitió a los coleoides modernos desarrollar una movilidad excepcional, facilitando movimientos rápidos y maniobras evasivas para evitar depredadores.
La reducción y eventual desaparición de la concha representa uno de los saltos morfológicos más destacados dentro de los moluscos. Esta adaptación no solo incrementó la agilidad, sino que abrió la puerta a una enorme variedad de formas y comportamientos, sentando las bases para la diversidad actual de cefalópodos. La simplificación del esqueleto externo se tradujo en una mayor flexibilidad corporal y en la aparición de estructuras internas especializadas, como el gladio en los calamares y el hueso de sepia en las sepias.
La transformación anatómica de los coleoides fue determinante en su éxito evolutivo, al dotarlos de capacidades inéditas para la época, como la propulsión a chorro y el camuflaje avanzado. Estos cambios, identificados por Kröger y sus colegas, ilustran cómo la presión selectiva puede desencadenar innovaciones biológicas que transforman por completo un linaje animal.

Divergencia genómica previa al impacto del meteorito y “resorte evolutivo”
Los análisis genómicos recogidos por la investigación en Bioessays muestran que la divergencia entre los linajes de calamares y sepias ocurrió mucho antes del impacto del meteorito que marcó el final del Cretácico. Este hallazgo sugiere la existencia de un “resorte evolutivo”: una diversificación silenciosa que se mantuvo en segundo plano hasta que las condiciones ambientales permitieron una expansión masiva.
La divergencia genética previa permitió que, tras la crisis del Cretácico, los diferentes linajes de coleoides ocuparan rápidamente los nichos vacantes. Este fenómeno, descrito en el estudio, resalta la importancia de la variabilidad genética acumulada durante largos periodos de estabilidad evolutiva, que puede ser liberada en momentos de cambio radical y favorecer la radiación adaptativa de un grupo.
La combinación de datos fósiles, genéticos y del desarrollo apoya la hipótesis de que la historia evolutiva de calamares y sepias estuvo marcada por largos periodos de preparación silenciosa seguidos de explosiones rápidas de diversificación cuando las circunstancias lo permitieron.
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