La biodiversidad de las islas enfrenta una de sus mayores crisis en las últimas décadas, con la desaparición de numerosas especies endémicas. “De las 724 extinciones de animales registradas en los últimos 400 años, aproximadamente la mitad fueron de especies insulares”, afirman las autoridades del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD). Por ende, la conservación de estos animales es crucial, ya que no se encuentran en ningún otro rincón del mundo.
Un estudio científico publicado en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B analiza la devastación de la biodiversidad insular desde la perspectiva de los caracoles terrestres y pone el foco en la situación crítica de Hawái.
Entre los casos más emblemáticos se encuentra el de Achatinella fuscobasis, un caracol nativo del archipiélago del Pacífico que, tras más de tres décadas fuera de su entorno natural, retornó a los bosques de la isla de O‘ahu como parte de un esfuerzo de conservación sin precedentes. Este regreso representa una reintroducción histórica para la fauna hawaiana, lo que marca un punto de inflexión en la protección de especies amenazadas.
El impacto de las extinciones en ecosistemas isleños
El análisis establece que las islas, aunque ocupan solo el 6,7% de la superficie terrestre, albergan el 20% de la biodiversidad a nivel de especies y concentran la mitad de los animales en peligro de extinción. De acuerdo con el artículo, los caracoles terrestres de islas oceánicas como Hawái sufrieron tasas de extinción superiores al 80% en algunos casos, principalmente por la destrucción de hábitats y la introducción de depredadores.

El estudio advierte que la atención internacional sobre los caracoles terrestres es baja, lo que agrava la desactualización de los datos sobre su estado de conservación. El texto indica: “Muchos de los caracoles terrestres insulares solo se conocen por sus conchas vacías, lo que dificulta la confirmación de extinciones bajo los requisitos de la Lista Roja de la UICN”.
Entre los factores que desencadenaron estos procesos destacan la deforestación, el avance de la agricultura y la urbanización, la introducción de mamíferos como ratas y cerdos, y, de forma particular, la llegada de caracoles y gusanos depredadores como Euglandina rosea y Platydemus manokwari. El documento subraya: “El intento fallido de control biológico mediante la introducción de caracoles predadores resultó en la exterminación de decenas, probablemente cientos, de especies endémicas de caracoles de rango restringido”.
El texto también remarca que los programas de conservación ex situ (fuera del hábitat natural de las especies, generalmente en laboratorios, zoológicos o jardines botánicos) y las reintroducciones, aunque limitados, ofrecen una esperanza para la recuperación de especies en peligro, citando explícitamente el programa de prevención de extinción de caracoles de Hawái.
Singularidades biológicas de Achatinella fuscobasis
Achatinella fuscobasis, el caracol arbóreo de O‘ahu, pertenece al grupo de los caracoles arborícolas endémicos de la isla homónima. Históricamente, esta especie habitaba en las zonas más elevadas de las laderas occidentales de la cordillera Ko‘olau. En la actualidad, solo subsiste una población silvestre en un único valle por encima de los 600 metros de altura, según datos del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái (DLNR) y el U.S. Fish and Wildlife Service (USFWS).

La especie presenta un caparazón liso y brillante, de forma cónica, y los individuos alcanzan una longitud promedio de 19 mm. Son organismos nocturnos que se alimentan de hongos presentes en las hojas de árboles y arbustos nativos. Achatinella fuscobasis vive alrededor de 11 años y es hermafrodita, por lo que cada individuo posee órganos reproductores masculinos y femeninos. Da a luz crías vivas, con solo uno a cuatro nacimientos por año y una maduración reproductiva que se alcanza entre los cinco y siete años.
El estado de conservación de la especie es crítico: está listada como “en peligro” a nivel federal y estatal, figura como “en peligro crítico” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El DLNR señala que su vulnerabilidad se debe a la baja tasa reproductiva, la depredación por ratas, caracoles predadores y camaleones, así como a la pérdida de hábitat y la escasa dispersión.
Su valor trasciende lo biológico. Como describe el coordinador del DLNR Snail Extinction Prevention Program (SEPP), el biólogo David Sischo: “Nuestros caracoles son verdaderas joyas de la naturaleza y la cultura pública. Son impulsores del funcionamiento del ecosistema, limpiando y reciclando colectivamente los nutrientes del bosque. Tienen una profunda conexión con la tradición hawaiana y un significado venerado en la confección de cantos, hula y lei. Además, son realmente adorables”.
El retorno de la especie al bosque hawaiano
La reintroducción de Achatinella fuscobasis a los bosques de O‘ahu se concretó en diciembre de 2024 después de más de 33 años de ausencia en su ambiente natural. El evento tuvo lugar en la Reserva Forestal Honolulu Watershed, en las montañas Ko‘olau, donde un equipo conformado por el SEPP, el USFWS, la Universidad de Hawái y la División de Bosques y Vida Silvestre del DLNR liberó el primer grupo de ejemplares.

El proceso de recuperación comenzó en 1991, cuando Michael Hadfield, investigador de la Universidad de Hawái, recolectó los últimos 11 ejemplares conocidos, acción que permitió el inicio de la cría en cautiverio. Actualmente, el programa mantiene más de 1.000 individuos en el laboratorio SEPP de Pearl City, así como en el Museo Bishop y el Zoológico de Honolulu, instituciones que colaboran en la difusión y preservación de la especie.
El área de liberación está protegida por un perímetro vallado de unos 1.000 m² diseñado para excluir a depredadores como ratas, camaleones y el caracol Euglandina rosea. La preparación del hábitat requirió cinco años de trabajos de restauración, con la participación de voluntarios y especialistas que eliminaron especies invasoras y reintrodujeron vegetación nativa.
Según declaraciones recogidas por el DLNR, el coordinador del SEPP, David Sischo, explicó: “Nuestro objetivo inmediato fue asegurar la supervivencia de la especie mediante el aumento de la población y la existencia de colonias tanto en cautiverio como en estado silvestre. A largo plazo, buscamos establecer colonias autosuficientes en la naturaleza”.

El programa prevé liberar nuevos grupos de Achatinella fuscobasis de manera progresiva, a medida que las condiciones y el tamaño de las poblaciones lo permitan, mientras se mantienen monitoreos periódicos para evaluar la adaptación de los ejemplares y la efectividad de las medidas de protección. Según los datos del DLNR, el trabajo colaborativo entre instituciones y la comunidad resulta esencial para el éxito de estas acciones.
El caso de Achatinella fuscobasis sintetiza los desafíos y las posibilidades de la conservación de la biodiversidad insular, destacando el impacto del esfuerzo científico y comunitario en la recuperación de especies en peligro.
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