La forma en que la ciencia mide la magnitud de los terremotos ha evolucionado con el tiempo. Aunque la escala de Richter se hizo famosa por su simplicidad y uso mediático, la comunidad científica considera hoy que existen métodos más precisos para cuantificar la energía liberada en un sismo. El debate sobre la mejor manera de comunicar la fuerza de un terremoto continúa vigente, con implicaciones para la prevención y la seguridad pública.
Según National Geographic explica que la escala de Richter, concebida en 1935 por Charles Richter y Beno Gutenberg, mide la magnitud local de un sismo mediante una escala logarítmica. Esta escala, sin embargo, solo resulta precisa para terremotos de entre 2,0 y 6,9 de magnitud y a profundidades específicas.
Cada punto en la escala representa un aumento de cien veces en la energía liberada, lo que implica que un terremoto de magnitud 6 libera un millón de veces más energía que uno de magnitud 3. La confusión en el lenguaje cotidiano, donde se habla de “grados” en lugar de “magnitud”, revela la complejidad de comunicar este fenómeno.
Limitaciones de la escala de Richter y el origen de una nueva medición
La escala de Richter fue diseñada para medir sismos pequeños y poco profundos. Sus limitaciones se hicieron evidentes a medida que la sismología avanzó y los terremotos de mayor magnitud y profundidad escaparon a su precisión. La escala no refleja fielmente las características físicas del origen de los terremotos, ni permite comparar su impacto real en zonas alejadas del epicentro o con condiciones geológicas distintas. Por estas razones, en el siglo XXI la comunidad científica adoptó la escala de magnitud de momento, desarrollada por Thomas Hanks y Hiroo Kanamori en 1979.
La escala de magnitud de momento calcula la energía total liberada por un sismo, sin restricciones de magnitud o profundidad. Esta herramienta mantiene la continuidad con los valores de Richter hasta 6,9, pero amplía la capacidad de medición a terremotos mayores. Así, los grandes sismos históricos, como el de Valdivia en Chile en 1960 (magnitud 9,6), se comprenden mejor y se contextualizan con mayor precisión.

Qué mide realmente la magnitud y cómo se interpreta
La magnitud de un terremoto no determina por sí sola los daños o el impacto en la población. Factores como la distancia al epicentro, la profundidad del sismo y las características del suelo influyen notablemente en los efectos percibidos. Los valores de magnitud deben interpretarse con cautela y no confundirlos con la intensidad o los daños materiales.
Un microsismo de magnitud menor a 2 pasa desapercibido, pero uno de magnitud 7 puede causar destrucción en cientos de kilómetros. Solo los terremotos con magnitudes superiores a 8 se consideran catastróficos. La escala de magnitud de momento permite cuantificar incluso eventos hipotéticos, como impactos de meteoritos, que exceden la escala utilizada por Richter.
El futuro de la medición sísmica y la comunicación pública
La sismología moderna recurre a modelos matemáticos y tecnología avanzada para medir y comunicar los terremotos con mayor exactitud. Los sistemas actuales integran datos de múltiples estaciones y emplean escalas adaptadas a diferentes condiciones geológicas y de energía. La divulgación clara y precisa se convierte en un reto, ya que la percepción pública sigue anclada a la escala de Richter por su fama y simplicidad.
La transición hacia la escala de magnitud de momento representa un avance para la seguridad y la gestión del riesgo sísmico. La ciencia avanza en la comprensión profunda de los terremotos, mientras los organismos de emergencia y los medios ajustan su lenguaje para informar sin alarmar ni simplificar en exceso. El objetivo sigue siendo el mismo: proteger a las comunidades y reducir la vulnerabilidad ante los sismos de cualquier magnitud.
Un terremoto de magnitud 4,1 sacudió la capital de Portugal
Días atrás el Instituto Portugués del Mar y de la Atmósfera (IPMA) detalló que el epicentro del reciente sismo se localizó en las inmediaciones de la localidad de Alenquer, un punto geográfico situado entre Lisboa y Santarém, a una profundidad aproximada de 15 kilómetros. De acuerdo con la información publicada por el diario portugués Expresso, las autoridades portuguesas reiteraron la importancia de que la población siga las indicaciones de los servicios de protección civil, mientras no se reportan heridos ni daños materiales tras el evento sísmico.
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