El ambicioso plan de la NASA para llevar nuevamente astronautas hacia la Luna con la misión Artemis II atravesó un nuevo obstáculo técnico que obligó a recalcular tiempos y prioridades.
La agencia espacial estadounidense decidió posponer para marzo el lanzamiento de su primera misión tripulada lunar desde el final del programa Apolo, luego de detectar fugas persistentes de hidrógeno líquido durante una prueba decisiva del Sistema de Lanzamiento Espacial, el gigantesco cohete conocido como SLS.
La decisión no respondió a un único evento aislado, sino a una acumulación de señales técnicas que surgieron durante el ensayo general de lanzamiento, una simulación completa que replica cada paso previo al despegue real.

El procedimiento se interrumpió cuando faltaban apenas cinco minutos para alcanzar el punto crítico de la cuenta regresiva, un momento que debía confirmar que el sistema estaba listo para volar.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, explicó que la agencia dejó atrás la ventana de febrero y que marzo apareció como la fecha más cercana viable, aunque sin día definido.
La prioridad, remarcó, se mantuvo en la protección del equipo humano, de los sistemas y del público, incluso cuando el retraso implicó reorganizar múltiples aspectos logísticos del programa Artemis.
Un problema recurrente en el corazón del cohete
El hidrógeno líquido, uno de los dos propelentes principales del SLS junto con el oxígeno ultrafrío, volvió a colocarse en el centro de la escena. Durante la operación de abastecimiento en el Centro Espacial Kennedy, más de 2,6 millones de litros debían fluir hacia los tanques del cohete de 98 metros de altura y permanecer allí durante horas, como ocurriría en una cuenta regresiva real.
Sin embargo, el exceso de hidrógeno comenzó a acumularse cerca de la base del cohete apenas un par de horas después de iniciado el proceso. Las fugas se identificaron en la interfaz de la etapa central, una zona crítica donde cualquier variación de presión o temperatura puede amplificarse.
Los equipos técnicos detuvieron la carga al menos dos veces para aplicar técnicas correctivas ya ensayadas en pruebas anteriores, incluidas las del primer vuelo no tripulado del SLS en 2022.
A pesar de esos intentos, la fuga persistió. Los ingenieros pausaron el procedimiento, calentaron componentes del hardware y ajustaron el flujo del propelente para estabilizar el sistema. Finalmente, lograron completar el llenado tanto de la etapa central como de la etapa de propulsión criogénica provisional, un logro parcial que permitió avanzar hacia la cuenta regresiva final.
Ese avance duró poco. Cuando el reloj marcaba aproximadamente cinco minutos antes del final previsto del ensayo, el secuenciador terrestre de lanzamiento detuvo automáticamente las operaciones debido a un aumento en la tasa de fuga. El sistema actuó como estaba diseñado, priorizando la seguridad ante cualquier comportamiento fuera de los márgenes aceptables.
El episodio evocó recuerdos incómodos dentro de la agencia. Las fugas de hidrógeno también habían retrasado el debut del SLS tres años atrás, cuando el primer vuelo de prueba acumuló postergaciones antes de despegar finalmente sin tripulación. Aquella experiencia aportó lecciones valiosas, pero también mostró que el manejo de propelentes criogénicos a gran escala continúa siendo uno de los desafíos más complejos de la exploración espacial.

A los problemas con el hidrógeno se sumaron otros inconvenientes detectados durante el ensayo. Isaacman mencionó trabajos adicionales pendientes en el módulo Orion, retrasos en las operaciones de cierre y fallas intermitentes en la transmisión de audio desde tierra.
Además, las bajas temperaturas afectaron el desempeño de ciertas cámaras integradas en el sistema. Al mismo tiempo, la NASA destacó el funcionamiento satisfactorio de nuevos procedimientos de purga y cierre diseñados para reforzar la seguridad de la tripulación, una señal alentadora dentro de un panorama técnico exigente.
Artemis II y el peso histórico del regreso lunar

El aplazamiento de Artemis II trasciende una simple reprogramación. Se trata de la primera misión tripulada estadounidense con destino lunar en más de medio siglo y de un paso esencial dentro de una estrategia más amplia que busca establecer una presencia sostenida en la Luna.
La misión, de casi diez días de duración, enviará a cuatro astronautas más allá del satélite natural, rodeando su cara oculta antes de regresar directamente a la Tierra.
A diferencia de las últimas misiones Apolo, Artemis II no intentará entrar en órbita lunar ni realizar un alunizaje. Su objetivo central será probar en vuelo los sistemas vitales de la cápsula Orion, incluidos el soporte vital, las comunicaciones y la navegación en el espacio profundo. Cada uno de esos sistemas debe demostrar un funcionamiento impecable antes de autorizar misiones que incluyan descensos a la superficie.

La tripulación está integrada por tres astronautas estadounidenses y un canadiense. Reid Wiseman comandará la misión, acompañado por Victor Glover y Christina Koch, ambos con amplia experiencia en vuelos espaciales.
Jeremy Hansen, ex piloto de combate, completará el equipo y se convertirá en el primer canadiense en viajar hacia la Luna. Durante el ensayo general, los cuatro siguieron las operaciones desde Houston, a casi 1.600 kilómetros del lugar de lanzamiento.
El retraso también impactó en la rutina de los astronautas. La NASA anunció que la tripulación saldrá de la cuarentena preventiva de casi dos semanas y que volverá a ingresar en aislamiento sanitario unas dos semanas antes del próximo intento de lanzamiento. La medida refleja la necesidad de ajustar protocolos humanos a un cronograma todavía en definición.

La agencia aclaró que no existe una fecha oficial dentro de marzo. Antes de fijarla, los equipos deben revisar completamente los datos recopilados durante la prueba, mitigar cada problema detectado y decidir si resulta necesario realizar un nuevo ensayo general. El margen de maniobra no es amplio.
La NASA cuenta con pocos días disponibles cada mes para lanzar el cohete, y las condiciones meteorológicas, como la reciente ola de frío que acortó la ventana de febrero, pueden reducir aún más esas oportunidades.
Isaacman insistió en que la seguridad se mantuvo como la máxima prioridad. “Como siempre, la seguridad sigue siendo nuestra máxima prioridad, para nuestros astronautas, nuestro personal, nuestros sistemas y el público. Como se mencionó anteriormente, solo lanzaremos cuando creamos estar preparados para emprender esta misión histórica”. La frase sintetiza una filosofía que, aunque costosa en términos de tiempo, busca evitar riesgos inaceptables en vuelos tripulados.

Más allá del contratiempo inmediato, el administrador de la NASA enmarcó el aplazamiento dentro de una visión de largo plazo. El programa Artemis, explicó, evolucionará con el tiempo para permitir una presencia lunar continua y sostenible, en línea con la política espacial de la administración del presidente Donald Trump. “Lograr que esta misión sea un éxito significa regresar a la Luna para quedarse y un futuro para Artemis 100 y más allá”.
La referencia al futuro subraya que Artemis II no es un fin en sí mismo, sino un eslabón dentro de una cadena que apunta a repetir, con tecnologías modernas, una hazaña que marcó el siglo XX.
Las últimas personas en volar a la Luna fueron Gene Cernan y Harrison Schmitt, en 1972, durante la misión Apolo 17. Doce astronautas caminaron sobre la superficie lunar entre 1969 y 1972, comenzando con Neil Armstrong y Buzz Aldrin. De aquellos pioneros, solo cuatro continúan con vida.

El entusiasmo por volver a explorar más allá de la órbita terrestre sigue vigente entre quienes se preparan para hacerlo. “Están tan entusiasmados con que volvamos a la Luna”, dijo Wiseman. “Solo quieren ver a los humanos lo más lejos posible de la Tierra descubriendo lo desconocido”. La frase resume el impulso humano detrás de una empresa tecnológica compleja, donde cada válvula, cada sensor y cada línea de código debe funcionar en armonía.
Mientras tanto, la NASA revisa datos, ajusta procedimientos y evalúa reparaciones. El retraso de Artemis II recuerda que la exploración espacial avanza a través de pruebas rigurosas y decisiones prudentes.
Marzo aparece ahora como el próximo horizonte, aunque el calendario definitivo dependerá de que el SLS y la cápsula Orion demuestren estar listos para cumplir, sin fisuras, una misión cargada de historia y expectativas.
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