
El pie diabético es una complicación crónica que pueden desarrollar las personas con diabetes. Aparece cuando se combinan lesiones en los nervios y alteraciones en la circulación. Eso puede provocar úlceras, infecciones o daños en los tejidos del pie, con riesgo de amputación si no se trata a tiempo.
Un equipo de investigadores del Reino Unido descubrió que las infecciones del pie diabético muestran una diversidad genética alta de la bacteria Escherichia coli.
Incluso detectaron muchas cepas con resistencia a los antibióticos, es decir, “superbacterias” como se las llama popularmente.

Se trata de un hallazgo que obliga a repensar el diagnóstico y las opciones terapéuticas para evitar que los pacientes empeoren.
En el estudio que fue publicado en la revista Microbiology Spectrum revelaron que no existe una única variante de la bacteria Escherichia coli, sino múltiples linajes capaces de sobrevivir y adaptarse en las heridas del pie diabético.
Esta variedad de los patógeno implica que los afectados necesiten de estrategias de atención más personalizadas.
La investigación fue realizada por científicos del King’s College de Londres y la Universidad de Westminster, en el Reino Unido.
Contaron con muestras de pacientes con pie diabético de Nigeria, Ghana, Suecia, Malasia, China, Corea del Sur, Brasil, India y Estados Unidos para hacer el estudio.
El genoma de la herida crónica

El pie diabético surge por daño en los nervios y en la circulación, lo que reduce la sensibilidad y dificulta la cicatrización de heridas.
El riesgo de infección aumenta y la evolución puede ser rápida. Se puede requerir la amputación si no se actúa de forma temprana.
Los investigadores quisieron averiguar si algunos linajes de Escherichia coli provocan infecciones más graves o resistentes en el pie diabético.
Para eso, se secuenciaron genomas completos de 42 cepas extraídas de úlceras infectadas de los pacientes de los diferentes países.
El análisis permitió comparar a los patógenos de cada paciente e identificar genes de resistencia a los antibióticos.
Un mundo bacteriano diverso y desafiante

El equipo analizó 42 muestras de E. coli de úlceras en hospitales de los diez países. Encontraron siete grupos filogenéticos y 28 tipos de secuencia, lo que refleja una diversidad genética importante.
El pangenoma resultó en más de 18.000 grupos de genes, con solo 2.400 presentes en todas las cepas y más de 11.000 exclusivos de algunos aislados.
El 78% de los aislados fue clasificado como multidrogorresistentes o extremadamente resistentes.
Se hallaron genes que confieren resistencia a antibióticos de uso frecuente y, en algunos casos, resistencia a fármacos de último recurso como colistina y carbapenémicos.
No existe un antibiótico único que resulte eficaz para todas las cepas analizadas, lo que dificulta el tratamiento de estas infecciones.

Además, se detectaron genes que favorecen la adhesión de las bacterias a los tejidos y la evasión del sistema inmunitario, lo que explica la persistencia y gravedad de muchas infecciones de pie diabético.
El estudio también encontró que las bacterias comparten funciones metabólicas básicas, pero presentan diferencias que facilitan su adaptación a distintas condiciones dentro de la herida.
Prevención, atención y nuevos caminos

La mejor prevención del pie diabético incluye la educación del paciente, el autocuidado, el uso de calzado adecuado y la revisión frecuente de los pies para detectar lesiones o cambios.
El examen clínico regular y la detección temprana de factores de riesgo son fundamentales para evitar úlceras e infecciones.
Los investigadores del Reino Unido recomendaron sumar la vigilancia genómica y el monitoreo de la resistencia antimicrobiana en el diagnóstico y tratamiento del pie diabético.
Las pruebas moleculares rápidas podrían guiar mejor la elección de antibióticos y reducir el riesgo de complicaciones graves.

En diálogo con Infobae, el doctor José Daniel Braver, coordinador de la organización D-Foot International en América Latina y director del Programa de Pie Diabético del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó: “En el nuevo estudio publicado en Microbiology Spectrum se describe a la bacteria Escherichia coli extraintestinal, responsable de graves complicaciones en ciertos países de ingresos bajos y medios con problemas de infraestructura hospitalaria. Puede causar complicaciones severas, como infecciones graves de pie diabético. Ese tipo de infecciones es muy frecuente en personas con diabetes mal controlada“.
Para el experto, el paciente con diabetes que ya tiene una úlcera infectada debe ser atendido por un equipo de varios especialistas, incluyendo un profesional de la infectología.
“No se debería indicar un antibiótico sin antes limpiar profundamente la herida y tomar un cultivo para identificar cuál es el germen que afecta al paciente. Una vez identificado el patógeno, se inicia la terapia antibiótica adecuada para ese paciente”, afirmó.
“El uso empírico de antibióticos es un error grave, ya que favorece la aparición de resistencia”, advirtió Braver, quien es miembro del Comité de Pie Diabético de la Sociedad Argentina de Diabetes (SAD).

Además, en el consultorio se debería evaluar cuidadosamente “la profundidad de la herida y determinar si ya afecta al hueso, ya que eso influye en el tiempo de administración del tratamiento antibiótico”, aclaró.
También es fundamental saber si el paciente presenta isquemia en los miembros inferiores. Se debe realizar un índice tobillo-brazo, una prueba no invasiva que compara la presión arterial del tobillo con la del brazo para detectar una obstrucción de las arterias en las piernas.

“Hay casos en los que el paciente debe ser internado. Esto puede ocurrir cuando se desarrollan infecciones que requieren drenaje quirúrgico. También se debe hospitalizar cuando hay isquemia junto con la infección”, dijo. Todos los pacientes internados deben estar en seguimiento por el equipo de pie diabético.
“Hoy es fundamental formar a médicos de atención primaria para que reconozcan y deriven a tiempo a los pacientes con esa complicación de la diabetes. Hay que recordar que el tiempo es tejido. Cuanto más temprano se trate, menos tejido se pierde”, subrayó.
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