El blanqueamiento masivo de corales es un proceso desencadenado por el aumento de las temperaturas del mar y por el cambio climático.
La problemática genera que estos animales expulsen las algas que viven en su interior y brindan nutrientes y sus característicos colores.
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Esto los deja expuestos a enfermedades y a la muerte. Particularmente en la Gran Barrera de Coral, ubicada al noreste de Australia, este fenómeno tiene un vínculo directo con la frecuencia y duración de los llamados “días de calma” o doldrums.
Son episodios que se caracterizan por momentos en los que el viento prácticamente desaparece, lo que favorece un aumento peligroso de la temperatura oceánica.
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Un estudio publicado recientemente en Weather and Climate Dynamics demuestra que estos periodos de quietud no son hechos aislados, sino que responden a patrones meteorológicos concretos que se observaron durante las últimas décadas en la temporada más cálida en la región australiana donde habitan los corales. El trabajo analiza casi 30 años de datos atmosféricos y oceánicos, recolectados entre 1996 y 2024, para entender cómo la atmósfera influye en la salud del arrecife.

Cambios en el ciclo de los vientos y episodios de calor extremo
El análisis identifica que los vientos alisios actúan como un regulador térmico vital para la Gran Barrera de Coral. Se trata de vientos constantes que soplan en las regiones tropicales y que, en condiciones normales, funcionan como un “ventilador” natural: empujan el aire caliente y traen aire más fresco y seco, lo que ayuda a evaporar el agua de la superficie y a liberar el exceso de calor del mar.
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Sin embargo, cuando pierden fuerza o desaparecen, el océano deja de enfriarse y experimenta un rápido aumento de temperatura. Este fenómeno puede desencadenar olas de calor marinas y, en consecuencia, el blanqueamiento de los corales.
Según detalla el estudio, el colapso de estos vientos genera áreas de aire estancado y alta humedad que impiden la evaporación normal del agua, lo que permite al mismo tiempo que el sol caliente la superficie sin descanso. En los años donde se registraron blanqueamientos masivos, los científicos notaron que hubo más días de calma y menos presencia de vientos alisios fuertes, especialmente al principio y al final del verano.
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El documento explica que esta quietud inusual está vinculada al paso de grandes ondas atmosféricas sobre el este de Australia, conocidas como ondas de Rossby. Se trata de inmensos movimientos ondulatorios que se generan naturalmente en la atmósfera debido a la rotación de la Tierra y que actúan moviendo los sistemas de alta y baja presión alrededor del planeta. Su presencia altera la presión del aire y bloquea el flujo normal del viento, lo que impide que los alisios refresquen la zona.

La investigación también revela un dato preocupante sobre la duración del calor. Aunque los días de calma son frecuentes entre enero y marzo, la falta de vientos alisios en diciembre y abril es crítica, ya que permite que el calor se acumule antes de tiempo y persista mucho después de que debería haber terminado la temporada alta, lo que extiende el periodo de riesgo para los corales.
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Para describir estos patrones, el equipo científico utilizó una técnica estadística avanzada para agrupar los tipos de clima basándose en perfiles atmosféricos de Davies Reef, un punto central en la Gran Barrera. Utilizaron una combinación de simulaciones históricas y observaciones reales de temperatura, viento, imágenes satelitales y lluvias.
Los investigadores identificaron cinco grandes tipos de clima o “regímenes”, que van desde días con vientos alisios fuertes y refrescantes hasta días de calma total. El análisis explica que los días dominados por los alisios suelen tener temperaturas oceánicas más bajas y más nubes que protegen del sol.
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En contraste, los días de calma o doldrums se distinguen por vientos muy suaves, cielos despejados y temperaturas del agua elevadas, lo que crea el escenario perfecto para que los corales sufran estrés térmico. Al revisar el calendario estacional, confirmaron que los episodios de blanqueamiento masivo muestran una clara tendencia con una mayor cantidad de estos días quietos y una ausencia notable de los vientos que normalmente refrescarían el arrecife.
El viento como indicador clave para las alertas tempranas

Los resultados sugieren que vigilar si el viento sopla o se detiene puede ser clave para mejorar las alertas tempranas de blanqueamiento. El estudio enfatiza que entender estos procesos locales es esencial para anticipar eventos extremos.
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Lara Richards, investigadora principal y candidata a doctorado en el Centro de Excelencia ARC para el Clima del Siglo XXI, explica en un comunicado oficial de la Universidad de Monash: “Comprender estos patrones nos brinda una mejor oportunidad de predecir y, potencialmente, mitigar los impactos de futuros eventos de blanqueamiento”.
Por su parte, Steven Siems, coautor del estudio, aclara: “Estos períodos de calma, junto con otras pausas en los vientos alisios refrescantes habituales, permiten que las temperaturas del océano se disparen, lo que somete a los corales a estrés. El problema se agrava aún más cuando los vientos alisios no aparecen al principio ni al final del verano. Sin estos vientos refrescantes, el calor se acumula pronto y persiste hasta más tarde, lo que aumenta considerablemente la probabilidad de blanqueamiento”.
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Y concluye: “Si bien ya sabíamos que las condiciones de calma provocan calentamiento, la investigación destaca cómo la falta de eventos de enfriamiento en los extremos de la estación puede convertir un año normal en un año de blanqueamiento”.
Por ende, la vigilancia de los patrones del viento se vuelve tan importante como medir la temperatura del agua para proteger a la Gran Barrera de Coral en un clima cambiante.
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