
La investigación sobre el desarrollo cognitivo de los perros cachorros arroja nuevos resultados sobre cómo y cuándo emergen sus habilidades mentales.
Más de 100 cachorros participaron en pruebas controladas. Los científicos analizaron su capacidad para memorizar, controlar impulsos y comprender gestos humanos, respondiendo así a preguntas clave sobre el comportamiento animal y la relación con los humanos.
Las pruebas incluyeron diversas razas, como labradores y golden retrievers, sometidos a evaluaciones desde las ocho hasta las 20 semanas de vida. Los expertos siguieron de cerca el avance de cada animal, registrando su progreso cada dos semanas. El objetivo consistió en identificar patrones de aprendizaje y posibles predictores de conductas futuras ligadas al desempeño como perros de asistencia.
Durante la investigación, los equipos observaron cómo ciertas destrezas aparecían antes que otras en el desarrollo de los cachorros. El estudio buscó saber si estas capacidades avanzaban de manera conjunta bajo un factor de inteligencia general o si emergían de forma independiente y escalonada.

Habilidades cognitivas independientes y comunicación temprana
Según los datos presentados en la revista Animal Behaviour, los cachorros demostraron un desarrollo temprano en la mayoría de las habilidades analizadas. De acuerdo con Hannah Salomons, investigadora principal de la Universidad de Duke, nueve de las diez destrezas cognitivas aparecieron antes de las 16 semanas de vida.
Salomons explicó que “las habilidades se manifiestan en momentos distintos, lo que indica que constituyen formas separadas de inteligencia”. Esto significa que los perros, al igual que los seres humanos, pueden mostrar fortalezas en algunos aspectos y debilidades en otros.
La biología juega un papel preponderante en el surgimiento de conductas comunicativas. Según Salomons, la capacidad de interpretar gestos humanos aparece en los cachorros, pero no en crías de lobos criados bajo las mismas condiciones. Este hallazgo sugiere que la domesticación del perro generó adaptaciones cognitivas específicas, que favorecieron la cooperación con las personas y la comprensión social desde etapas precoces.

El estudio, realizado en colaboración con instituciones como Canine Companions, Ears, Eyes, Nose and Paws y Guiding Eyes for the Blind, expuso a los cachorros a diferentes entornos. Algunos se criaron en la Universidad de Duke, expuestos de manera constante a cientos de personas y eventos, mientras que otros crecieron en hogares.
De acuerdo con los investigadores, ambos grupos desarrollaron habilidades cognitivas en plazos similares. Los resultados refuerzan la hipótesis de que existe un plan biológico que define el ritmo y tipo de aprendizaje de estas destrezas fundamentales.
Implicancias evolutivas y aplicaciones prácticas
Según los expertos, la investigación aporta evidencia relevante para comprender el origen evolutivo de la cognición tanto en perros como en humanos. Salomons detalló que existe la idea de que la selección por temperamentos amigables y menor agresividad afectó el cerebro de ambas especies.

El proceso habría facilitado la aparición de aptitudes para la comunicación cooperativa, que en los perros permite interpretar gestos y símbolos incluso antes de adquirir otras destrezas.
Los paralelismos observados entre el desarrollo de la comunicación en cachorros y niños humanos fortalecen la teoría de presiones evolutivas compartidas. La habilidad de entender señas y cooperar surge temprano en ambas especies, incluso antes de la aparición del lenguaje hablado en los bebés.
En el ámbito aplicado, Salomons explicó que muchas de las crías evaluadas están siendo nuevamente examinadas en la adultez. El objetivo consiste en determinar si los comportamientos observados en la etapa temprana logran anticipar el desempeño exitoso en labores de servicio.

Según sus palabras, solo la mitad de los perros de asistencia obtiene la certificación final, y entrenar a cada ejemplar representa una inversión muy elevada. Detectar indicadores tempranos podría optimizar los recursos y aumentar la eficiencia de los programas de entrenamiento.
La financiación de este trabajo provino de organismos como la Oficina de Investigación Naval, los Institutos Nacionales de Salud y la Fundación de Salud Canina. Cada entidad tuvo interés en distintos aspectos del desarrollo cognitivo y su relevancia en contextos de empleo, salud y bienestar animal.
El trabajo de Salomons y sus colaboradores abre nuevas perspectivas en la ciencia animal y fortalece la relación entre la investigación básica y su impacto social. Las preguntas planteadas y los hallazgos obtenidos contribuyen a la comprensión del vínculo entre perros y humanos, así como al mejoramiento de programas orientados a la formación de perros de servicio.
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