
En el universo de las cotorras, especialmente de la subespecie conocida como monje, el arte de hacerse amigos responde a una lógica distinta del azar o la simple simpatía. Cuando una nueva ave ingresa en escena, el grupo observa, calcula y se aproxima con sutileza, lo que revela tanto inteligencia como instinto de autoprotección. Cada acercamiento inicia con respeto por la distancia y solo después de múltiples señales de calma se avanza hacia la cercanía. Un método pausado para tejer lazos que, lejos de ser exclusivo de las aves, resuena en la experiencia social de muchas especies, incluida la humana.
En el mundo animal, la formación de nuevas amistades no es un proceso impulsivo ni carente de estrategia. Un estudio reciente de la Universidad de Cincinnati, publicado en la revista Biology Letters, reveló que los loros y, en particular, las cotorras monje, emplean un método cauteloso y progresivo para establecer relaciones sociales.
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Los investigadores han denominado a este proceso “probar las aguas”, y destacaron su relevancia para la comprensión del comportamiento animal y advirtieron que tiene similitudes con la de muchos humanos que buscan fortalecer sus vínculos sociales en la vida cotidiana.
El equipo de investigación, liderado por Claire O’Connell, estudiante de doctorado en la Universidad de Cincinnati, junto a Elizabeth Hobson, Annemarie van der Marel y Gerald Carter de la Universidad de Princeton, se propuso entender cómo se forman nuevas amistades en especies sociales complejas.
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El experimento se realizó en el Centro Nacional de Investigación de Vida Silvestre, Estación de Campo de Florida, donde se introdujeron 22 cotorras monje capturadas en diferentes puntos geográficos en un corral de vuelo al aire libre de 2.025 m². Durante 22 días de observación en abril de 2021, los científicos documentaron las interacciones entre aves conocidas y desconocidas, registrando desde la proximidad sin contacto hasta comportamientos más íntimos como el acicalamiento, el contacto de picos, el compartir comida o la cópula, según la Universidad de Cincinnati.
El objetivo era analizar si la formación de nuevas relaciones seguía un patrón gradual, como predice la teoría de “probar las aguas”, y si este proceso se diferenciaba entre aves que ya se conocían y aquellas que se encontraban por primera vez, detalló el artículo en Biology Letters.
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Las cotorras monje y los periquitos silvestres no se lanzan de inmediato a la interacción física con desconocidos. En cambio, inician el contacto social con aproximaciones de bajo riesgo: se acercan y comparten espacio sin tocarse, observan a sus potenciales compañeros y solo después de múltiples encuentros sin incidentes avanzan hacia conductas de mayor intimidad, como posarse hombro con hombro, tocarse los picos o acicalarse. En ocasiones, este proceso culmina en el intercambio de comida o incluso en la formación de parejas reproductivas, según ambas fuentes.

El estudio científico detalló que este patrón de acercamiento progresivo permite a las aves minimizar los riesgos inherentes a la interacción con extraños, como la agresión o la transmisión de enfermedades. “Ser sociable puede tener muchos beneficios, pero estas amistades tienen que empezar en alguna parte”, explicó O’Connell en un comunicado de la Universidad de Cincinnati. La cautela inicial es una estrategia para evaluar la confiabilidad del otro antes de invertir tiempo y energía en una relación más estrecha.
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Los datos publicados en Biology Letters muestran que el proceso de “probar las aguas” se observó con mucha mayor frecuencia entre aves desconocidas que entre aquellas que ya tenían una relación previa. De las 179 díadas de desconocidos analizadas, el 98% inició el contacto con comportamientos de bajo riesgo, mientras que solo el 31% progresó a conductas moderadas y menos del 3% llegó a compartir comida o aparearse. En contraste, las díadas de aves conocidas mostraron una mayor tendencia a avanzar rápidamente hacia interacciones de mayor intimidad.
El análisis estadístico reveló que las secuencias de acercamiento gradual fueron más de tres veces más comunes entre desconocidos que entre conocidos, y que la probabilidad de observar este patrón superó ampliamente lo que cabría esperar por azar. Además, las aves que finalmente establecieron contacto físico con un desconocido habían pasado más tiempo en proximidad sin contacto que aquellas que nunca llegaron a interactuar de forma afiliativa.
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Estos resultados respaldan la hipótesis de que la cautela y la observación previa son pasos fundamentales en la formación de nuevas amistades entre cotorras monje, y que este proceso no depende del sexo de las aves ni de la motivación reproductiva, sino que responde a una necesidad general de reducir la incertidumbre social.
Más allá de la descripción del comportamiento animal, los investigadores de la Universidad de Cincinnati subrayan el paralelismo entre la estrategia de los loros y la experiencia humana al entablar nuevas amistades. “Lo realmente fascinante de probar las aguas es lo intuitivo que resulta”, afirmó O’Connell. La autora principal sugiere que las personas pueden inspirarse en la paciencia y la gradualidad de las cotorras monje para construir relaciones sólidas y evitar los riesgos de una confianza prematura.
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El estudio destacó que, al igual que en el mundo animal, los humanos pueden beneficiarse de un acercamiento progresivo: iniciar el contacto con gestos sencillos, observar la reciprocidad y solo después avanzar hacia una mayor intimidad. Esta reflexión cobra especial relevancia en contextos donde la formación de nuevas amistades puede generar ansiedad o inseguridad.

El artículo en Biology Letters señaló que, aunque el experimento se realizó en un entorno controlado, las cotorras monje en estado silvestre también viven en grandes grupos sociales y dependen de la formación de vínculos para su éxito reproductivo y social. Los autores consideran necesario realizar estudios adicionales en la naturaleza para confirmar si el patrón de “probar las aguas” se mantiene en condiciones menos artificiales y si puede generalizarse a otras especies sociales.
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Además, el estudio sugiere que este tipo de estrategias no solo facilitan la cooperación y la afiliación, sino que también pueden servir para prevenir la agresión y reducir la incertidumbre en situaciones sociales complejas, tanto en animales como en humanos.
Observar cómo los periquitos y cotorras monje se aproximan con cautela a lo desconocido ofrece una perspectiva valiosa: la paciencia y la observación pueden ser la base para construir amistades duraderas y satisfactorias, tanto en el reino animal como en la vida humana.
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