
Cuatro nuevas especies fósiles descubiertas en Nueva Zelanda han revolucionado la imagen que se tenía hasta ahora de los orígenes de los pingüinos. Estos hallazgos no solo retratan a unas aves mucho más diversas en formas y tamaños, sino que además revelan detalles excepcionales sobre cómo eran sus estrategias de alimentación y adaptación ecológica durante los primeros periodos tras la extinción de los dinosaurios.
La investigación, liderada por Gerald Mayr del Instituto de Investigación Senckenberg en Alemania y publicada en el Zoological Journal of the Linnean Society, describe fosilizaciones halladas en la formación Waipara Greensand, en Canterbury, Nueva Zelanda, cuyos sedimentos datan de entre 62 y 58 millones de años. “Los nuevos descubrimientos ofrecen una visión sorprendente de la evolución temprana de los pingüinos”, explica Mayr, subrayando el carácter inédito de estos organismos. Los paleontólogos lograron identificar cuatro especies que coexistieron poco después del colapso masivo que acabó con los dinosaurios no aviares, lo que apunta a una rápida y exitosa diversificación de los primeros pingüinos en el hemisferio sur.
Uno de los aspectos más llamativos de los nuevos fósiles es la morfología única que presentaban los primeros pingüinos. Entre las especies estudiadas se encontraron cráneos muy completos, dedos posteriores inusualmente largos y, sobre todo, picos largos y rectos en forma de daga. Gracias a varios restos con características esqueléticas nunca vistas, los científicos pudieron imaginar escenarios inéditos en la historia evolutiva de estas aves. Tal como detalla Tatsuro Ando, paleontólogo del Museo de Paleontología Ashoro en Japón, “los fósiles que contienen picos, que pueden indicar la dieta de un ave, son extremadamente raros para los pingüinos de períodos anteriores hace 23 millones de años”, poniendo en valor la excepcionalidad del hallazgo neozelandés.

Mayr y su equipo consideran que estos picos afilados no fueron una rareza aislada, sino una estrategia desarrollada por los primeros pingüinos para la captura de alimentos. “Los primeros pingüinos parecen haber arponeado a sus presas con sus largos picos”, afirma Mayr. A partir de los rastros fósiles, se propone que estos animales podían capturar peces ensartándolos bajo el agua y, una vez en tierra, lanzarlos al aire para después engullirlos. Esta táctica, sostenida por la anatomía visualizada, marca un fuerte contraste con la diversidad de formas de pico observada en los pingüinos actuales: mientras hoy existen especies con picos cortos, gruesos o curvos, adaptados a una dieta que va desde peces y kril hasta calamares, ninguna presenta la silueta recta y afilada de sus antepasados.
El escenario ecológico en el que surgieron estos pingüinos fue particularmente propicio para la experimentación evolutiva. Mayr explica que “una característica clave de la antigua Nueva Zelanda fue la ausencia de depredadores terrestres, lo que provocó la pérdida de la capacidad de vuelo en los primeros pingüinos”. Libre de riesgos sobre la tierra, estas aves pudieron invertir en el desarrollo de nuevas formas y tamaños, incluso alcanzando dimensiones comparables a la de los humanos—aunque solo por un tiempo. La falta de presión depredadora permitió una explosión de diversidad, mientras el ambiente marino ofrecía múltiples oportunidades de nicho ecológico.

El avance adaptativo no fue estático. Los primeros pingüinos, dotados de picos tipo daga, prosperaron solo hasta que sus exigencias ecológicas cambiaron. “Los pingüinos perdieron sus picos alargados después de unos 20 millones de años, probablemente como consecuencia de una adaptación a los largos periodos de inmersión bajo el agua”, sugiere Mayr. El paso a un estilo de vida más acuático impulsó la evolución de nuevas formas craneales y estrategias de alimentación. A medida que los pingüinos se especializaron para nadar y bucear por períodos prolongados, sus picos se acortaron y diversificaron, permitiendo la explotación de diferentes tipos de presas.
La importancia de Nueva Zelanda en la historia evolutiva de los pingüinos queda firmemente establecida con estos descubrimientos. “Los nuevos fósiles ayudan a demostrar que Nueva Zelanda fue la ‘cuna de la evolución de los pingüinos’”, comenta Mayr, y recalca que, desde allí, los pingüinos se diversificaron hasta alcanzar regiones tan distantes como la Antártida, Sudáfrica y Sudamérica. El registro fósil neozelandés permite así rastrear el origen, la expansión y los grandes cambios de los pingüinos, que pasaron de ser aves terrestres y cazadoras con picos afilados a los animales buceadores y sociales que hoy habitan los extremos del planeta.
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