El cerebro descarta memorias poco útiles para facilitar nuevas experiencias

s especialistas sostienen que olvidar información irrelevante ayuda a enfrentar mejor los desafíos actuales y mejora la capacidad de adaptación y aprendizaje, lejos de ser una falla del sistema mental

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La memoria humana funciona de
La memoria humana funciona de manera diferente a la de los dispositivos tecnológicos, adaptándose a las necesidades del entorno.. (Freepik)

A pesar de la gran capacidad de nuestro cerebro de almacenar información, todos tenemos la experiencia cotidiana de olvidar dónde están las llaves o pasar por alto una fecha importante. Este fenómeno, que puede generar desconcierto y preocupación, tiene una explicación científica: el olvido es un mecanismo activo y adaptativo, no una falla.

Especialistas consultados por Forbes explicaron que muchas personas manifiestan inquietud por su capacidad para retener datos como cumpleaños, aniversarios o nombres de personas recién conocidas. Sin embargo, estos lapsos son habituales y no implican necesariamente un deterioro cognitivo. Los expertos afirman que el olvido cotidiano raramente es señal de problemas más graves.

El olvido: distinción entre memoria humana y tecnología

El análisis de Forbes resalta que, a diferencia de la memoria de un teléfono móvil, el cerebro no olvida porque “se llena”. Funciona mediante complejas interacciones entre señales eléctricas, músculos y neuronas, constituyendo un sistema mucho más dinámico y sofisticado que cualquier dispositivo con capacidad limitada de almacenamiento. El cerebro prioriza información valiosa y descarta temporalmente lo innecesario, adaptándose así a los cambios del entorno.

La incomodidad de olvidar un
La incomodidad de olvidar un nombre puede ser frustrante, pero no siempre indica un problema de memoria. Más bien, revela cómo priorizamos y procesamos la información. (Freepik)

El proceso activo de la memoria

Un estudio publicado en la revista Nature, realizado por equipos de Trinity College Dublin y la Universidad de Toronto, aporta otra perspectiva: el olvido es un proceso activo que ayuda a la adaptación. Según los investigadores, el cerebro relega a un segundo plano aquellos recuerdos que pierden relevancia, lo que dificulta su acceso, pero no implica su desaparición. De esta manera, la mente ajusta el contenido disponible para responder a demandas actuales y aprender con mayor eficiencia.

La base de este mecanismo reside en las llamadas engram cells, grupos de neuronas especializadas en almacenar recuerdos que se activan ante ciertos estímulos. Por ejemplo, el aroma de un perfume asociado a una expareja puede reavivar memorias vinculadas a esa relación. Sin embargo, cuando se generan nuevas experiencias y vínculos, el cerebro crea otras engram cells que registran información más pertinente. Así, un antiguo perfume que reaparece tiempo después suele provocar una respuesta neuronal menos intensa, lo que se percibe como haber “olvidado” ese recuerdo. Sin embargo, la memoria original continúa presente, aunque ha perdido accesibilidad porque ya no resulta significativa para el presente.

Enfermedad y olvido patológico

Los autores del estudio, citados por Forbes, consideran prometedor el hecho de que parte de la memoria se mantenga, incluso si resulta menos accesible. No obstante, advierten que en cuadros como el Alzheimer, este sistema se altera de manera patológica. En estos casos, la enfermedad interfiere con el funcionamiento de las engram cells, haciéndolas casi inaccesibles y derivando en una pérdida de memoria mucho más profunda y persistente.

Para quienes se preocupan por los olvidos cotidianos, los especialistas sugieren opciones prácticas como emplear aplicaciones de recordatorio en el teléfono móvil. Estas herramientas permiten delegar detalles menores y, así, liberar recursos mentales para tareas complejas relevantes.

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