
El surgimiento del lenguaje humano constituye uno de los misterios más fascinantes y debatidos de la ciencia moderna. Desde hace siglos, investigadores de distintas disciplinas intentan desentrañar los mecanismos y momentos exactos que permitieron a los humanos desarrollar una forma de comunicación tan sofisticada y diferenciadora. A pesar de los avances en el estudio del cerebro, la evolución y el comportamiento, las preguntas fundamentales sobre el origen del lenguaje continúan abiertas, alimentando un intenso y dinámico debate académico.
“La verdad es que aún existe poco consenso sobre cómo surgió el lenguaje”. Esta afirmación, expresada por expertos citados en New Scientist, expresa la incertidumbre persistente acerca de uno de los mayores enigmas de la ciencia: el origen de la capacidad lingüística. Aunque el conocimiento científico sobre cultura, emociones y moralidad en otras especies ha avanzado, el lenguaje permanece como el rasgo que, según numerosos investigadores, distingue de forma definitiva a los humanos. La razón y el modo en que apareció este sistema sofisticado sigue sin una respuesta clara, tras décadas de debates y experimentos.
Teorías sobre la aparición del lenguaje

New Scientist expone las principales teorías sobre la evolución del lenguaje. Si bien ciertos animales pueden comunicar necesidades mediante gruñidos, trinos o rugidos, solo los humanos emplean un sistema gramatical y léxico capaz de transmitir ideas complejas con precisión. Esta singularidad ha llevado a científicos como Brian Lerch (Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill) a expresar que el lenguaje “nos hace sentir especiales como especie”.
Entre las hipótesis más influyentes sobresale la que sostiene que el lenguaje funcionó como instrumento evolutivo para transferir conocimientos prácticos. El psicólogo Shimon Edelman (Universidad de Cornell) y su colega Oren Kolodny (Universidad Hebrea de Jerusalén) sugieren que el lenguaje pudo haber surgido hace 1,7 millones de años, en paralelo con la fabricación de hachas de piedra por los primeros humanos.
Según esta perspectiva, los aprendices requerían la orientación de expertos para dominar la técnica, lo que transformó los lugares de trabajo en auténticas aulas. Así, un protolenguaje habría facilitado la enseñanza, explicando la relación entre la capacidad de estructurar pensamientos en secuencias y la fabricación de herramientas complejas.
Sin embargo, esta teoría se vio cuestionada hace alrededor de 10 años. En 2014, la psicóloga Shelby Putt (Universidad Estatal de Illinois) y su equipo realizaron un estudio con 24 voluntarios. Los participantes debían aprender a fabricar hachas de piedra bajo la guía de un experto: en algunos casos con explicaciones verbales y en otros, mediante demostraciones y señalamientos. Ambos métodos demostraron ser igual de eficaces, lo que indica que el lenguaje verbal no resulta imprescindible para transmitir habilidades complejas. Este resultado, expresado en New Scientist, desafía la idea de que la enseñanza verbal fue el motor principal de la aparición del lenguaje.

A pesar de tales resultados, Putt no descarta una conexión entre la creación de herramientas y el desarrollo del lenguaje. Para ella, fabricar herramientas complejas exigía a los humanos organizar y secuenciar pensamientos para mantener la concentración en la tarea. Este proceso habría impulsado la expansión de las zonas cerebrales relacionadas con la memoria de trabajo, que permite retener y manipular ideas temporalmente. Putt plantea que, más adelante, los humanos se valieron de esta capacidad para estructurar pensamientos y crear el lenguaje, lo que mejoró la comunicación y favoreció la supervivencia.
No todos los investigadores coinciden con la idea de que el lenguaje evolucionó primordialmente como herramienta de comunicación social. Una tercera visión, defendida por figuras como el lingüista Noam Chomsky, sostiene que el lenguaje apareció para que las personas pudieran organizar sus pensamientos y enfrentarse a tareas complejas individualmente. Según esta visión, el lenguaje habría surgido hace apenas 70.000 años, probablemente a partir de una mutación genética aleatoria que reconfiguró el cerebro humano.
La variedad de teorías refleja la falta de consenso dentro de la comunidad científica respecto al origen del lenguaje. Como concluye el artículo de New Scientist, “si la hipótesis de Chomsky resulta acertada, el surgimiento del lenguaje no tuvo nada de mágico, aunque sí pudo depender, al menos en parte, del azar.”
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