
En 2025, una nueva serpiente sorprendió a los investigadores en el Cerrado brasileño, un bioma que sigue guardando secretos fascinantes sobre la biodiversidad de Brasil. La Leptophis mystacinus, como se ha denominado a esta especie, fue identificada por un equipo de científicos del Laboratorio de Biogeografía e Historia Natural de Anfibios y Reptiles del Instituto de Biociencias (Inbio) de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS), según informó National Geographic.
Un descubrimiento que comenzó con una duda

El hallazgo de la Leptophis mystacinus no fue inmediato. Al principio, los científicos pensaron que estaban ante una especie ya conocida. Sin embargo, el trabajo de campo, los análisis genéticos y las observaciones morfológicas cambiaron el rumbo de la investigación. Diego Santana, biólogo y coautor del estudio, recordó: “Pensamos que era una especie ya catalogada, pero al profundizar en su ADN y morfología, nos dimos cuenta de que habíamos encontrado algo completamente nuevo”, comentó en una entrevista con el portal especializado Mongabay, citada por National Geographic.
Este descubrimiento subraya la importancia de la investigación en regiones como el Cerrado, un lugar que, a pesar de haber sido explorado en diversas ocasiones, sigue escondiendo secretos naturales.
La serpiente que vive entre los árboles
La Leptophis mystacinus es una serpiente arborícola, es decir, pasa su vida entre las ramas de los árboles. Este grupo de serpientes, conocido como serpientes loro, tiene una particularidad: son diurnas y se alimentan principalmente de pequeños vertebrados como lagartos y aves. Con una longitud máxima de 86 centímetros, esta serpiente no es venenosa, lo que la distingue de otras especies más temidas de la región. Su vida en las copas de los árboles la convierte en una pieza clave del ecosistema del Cerrado, donde juega un rol importante en el control de poblaciones de pequeños animales.
Un “bigote” único y una coloración que la distingue
Uno de los rasgos más notables de la Leptophis mystacinus es una franja negra que cruza sus ojos y se extiende a lo largo de su cuerpo, una característica que la distingue de otras serpientes loro. “Tiene una franja negra que le cruza los ojos y se prolonga por el cuerpo, algo que no se observa en otras especies”, explicó Santana en declaraciones a la UFMS, citadas por National Geographic.

Este “bigote” es solo una de las particularidades de la serpiente. La Leptophis mystacinus también presenta franjas dorsolaterales verdes y una línea vertebral amarillenta que le da una coloración vibrante. Su nombre científico, mystacinus, proviene del griego mystax, que significa “bigote”, haciendo referencia a esta peculiaridad en su rostro. Este patrón de colores no solo la hace fácilmente identificable, sino que también puede ayudarla a camuflarse entre las hojas y ramas del Cerrado.
Un bioma en peligro
El Cerrado, hogar de la Leptophis mystacinus, enfrenta amenazas serias debido a la expansión agrícola, la deforestación y otros factores que ponen en riesgo sus ecosistemas. Según Santana, la serpiente depende de “formaciones forestales específicas”, que hoy están en peligro. La destrucción de su hábitat puede afectar su supervivencia, lo que convierte a esta especie en un testimonio de la fragilidad de este bioma. Además, no se cuentan aún con estimaciones sobre el tamaño de su población, lo que dificulta evaluar su situación de conservación y tomar medidas efectivas para protegerla.
Este escenario pone de relieve la necesidad urgente de realizar más investigaciones en el Cerrado, no solo para conocer la distribución de la Leptophis mystacinus, sino también para comprender mejor la biodiversidad de la región y protegerla de los riesgos de extinción.
Comparación con otras serpientes loro

En términos de tamaño, Leptophis mystacinus se queda pequeña en comparación con otras serpientes loro de Brasil, como la Corallus batesii, que habita la Amazonia. Mientras que la Leptophis mystacinus alcanza un máximo de 86 centímetros, la Corallus batesii puede superar fácilmente esta longitud. Además, la distribución de ambas es diferente: la nueva serpiente habita el Cerrado, mientras que la Corallus batesii se encuentra en la Amazonía. Estas diferencias resaltan la diversidad de adaptaciones que las serpientes loro tienen en los distintos biomas de Brasil.
Un futuro incierto
El descubrimiento de la Leptophis mystacinus llega en un momento crítico para el Cerrado, un bioma en constante transformación debido a la intervención humana. National Geographic señala que la destrucción de los hábitats específicos que necesita la nueva especie representa una amenaza directa para su supervivencia. La falta de estimaciones sobre el tamaño de la población de la serpiente agrega incertidumbre sobre su futuro, lo que hace aún más urgente proteger este ecosistema y realizar estudios adicionales.

Este hallazgo ilustra cómo, incluso en regiones ya exploradas, la ciencia sigue revelando especies desconocidas. También pone en evidencia la fragilidad de los ecosistemas brasileños y la urgencia de adoptar políticas de conservación eficaces para garantizar que especies como la Leptophis mystacinus puedan sobrevivir y prosperar.
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