
En lo profundo del altiplano boliviano, cerca de las fronteras con Chile y Argentina, se encuentra el volcán Uturuncu. Su silueta, marcada por lavas antiguas, permanece dormida desde hace unos 250.000 años.
Sin embargo, los instrumentos científicos han detectado movimientos anómalos en su interior. Desde hace más de dos décadas, se observa una señal inusual: la superficie terrestre se eleva en el centro del volcán y se hunde a su alrededor.
Esa deformación geológica adopta una forma de sombrero. También se han registrado microsismos y emisiones de gases.
Ahora, un estudio internacional resolvió por fin el enigma. El equipo descubrió que esa actividad se debe a la acumulación de gases y líquidos bajo el cráter. El magma no está involucrado en el proceso actual.

En la investigación participaron expertos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, la Universidad de Oxford en el Reino Unido y la Universidad de Cornell en los Estados Unidos. Publicaron los resultados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
El hallazgo indica que el volcán Uturuncu mantiene una actividad interna sin representar un peligro eruptivo en el corto plazo. Esto permitió entender su funcionamiento y mejorar la vigilancia de volcanes similares.
Qué son los volcanes y cómo se forman

Un volcán es una abertura en la corteza terrestre por donde escapan materiales calientes del interior del planeta. Lo que sale se llama magma. Cuando llega a la superficie, se convierte en lava.
Los volcanes nacen en zonas donde las placas tectónicas chocan o se separan. En esos lugares, la presión permite que el magma ascienda desde zonas profundas y se acumule en cámaras bajo tierra.
A veces, esa presión rompe la roca que lo contiene y provoca una erupción. No todas son violentas. Algunas son lentas, otras lanzan cenizas, gases o rocas al cielo. Todo depende del tipo de magma y su contenido de gases.
El volcán Uturuncu pertenece al tipo estratovolcán. Está formado por capas de lava sólida y fragmentos de erupciones pasadas.
Ese tipo de volcán suele tener erupciones explosivas, aunque Uturuncu no muestra signos de eso en la actualidad.
Por qué se considera un “zombi” y cómo se estudió

El Uturuncu es considerado como un “volcán zombi” porque, aunque no entra en erupción desde hace 250.000 años, sigue dando señales de vida.
El terreno en su cima se eleva, se registran microsismos y emite gases geotermales. Estas señales indican que bajo la superficie hay actividad, aunque no haya magma a punto de salir.
El equipo de investigadores que publicó en PNAS recopiló datos entre 2009 y 2012 a través de 48 estaciones sísmicas instaladas en la zona.
Registraron más de 1.700 pequeños terremotos que permitieron construir una imagen subterránea del volcán.
Aplicaron la técnica de tomografía sísmica. Es parecida a la tecnología que se usa para estudiar al cuerpo humano. Usa las velocidades de las ondas que atraviesan las rocas para deducir qué hay en el interior. Esas ondas cambian de velocidad si atraviesan gases, líquidos o materiales sólidos.

Desde la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, uno de los líderes del equipo, el profesor Michael Kendall, quien está a cargo de geofísica en el Departamento de Ciencias de la Tierra, contó a Infobae que fueron obteniendo datos en dos campañas en el lugar. “Normalmente grabamos durante un año en cada caso”, dijo.
Con los datos, se estimaron el contenido de gas y líquido a distintas profundidades y no detectaron acumulación crítica de magma. Esta observación fue clave para descartar un escenario eruptivo.
Además, analizaron la composición de las rocas, la conductividad eléctrica y las propiedades físicas del terreno. Esto permitió identificar zonas con salmuera y vapor de agua a poca profundidad.
También revelaron la existencia de un conducto vertical que conecta una enorme masa de magma, ubicada a 10 kilómetros de profundidad, con la parte alta del volcán. Ese canal es la vía por la que ascienden los fluidos.
Esos líquidos se almacenan bajo el cráter y deforman la superficie del terreno. Es la explicación más precisa hasta ahora del patrón geológico que atrajo la atención de los investigadores al menos desde principios de la década del 2000.
“Demostramos que es posible cartografiar la arquitectura de un sistema volcánico utilizando métodos geofísicos combinados con conocimientos geológicos. Así, pudimos desentrañar las diferencias entre roca, magma, salmuera y vapor”, detalló Kendall.
“Lo inesperado fue que incluso pudimos inferir profundidades a una temperatura determinada”, resaltó.
¿Qué puede pasar en el futuro?

Según los científicos, el riesgo de una erupción del volcán en Bolivia es bajo. “Como la saturación de gas es baja (menor al 30 %), según el modelado físico de rocas, proponemos que Uturuncu se encuentra actualmente en un nivel relativamente bajo de riesgo eruptivo”, escribieron.
Uno de los coautores, el profesor Matthew Pritchard, de la Universidad de Cornell, añadió: “Aunque no nos preocupa realmente que este volcán en particular entre en erupción en los próximos años, podemos observar en tiempo real los procesos que están ocurriendo”.
Para el investigador, lo que se identificó en Uturuncu puede aplicarse a otros casos. “Los métodos presentados en este estudio podrían utilizarse en más de 1400 volcanes potencialmente activos y en decenas de volcanes como Uturuncu, que no se consideran activos pero que muestran signos de vida”, señaló a través de un comunicado.
En diálogo con Infobae, la geóloga e investigadora en volcanes Irene Hernando, del Centro de Investigaciones Geológicas del Conicet y docente de la Universidad Nacional de La Plata, comentó: “El término zombie se usa un poco como de fantasía. Quiere decir que si lo estudiaron como un volcán activo, los resultados indican que no hay un riesgo eminente de una erupción”.
El proyecto recibió apoyo financiero de múltiples agencias internacionales. Participaron la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el Consejo de Investigación Ambiental del Reino Unido (NERC) y el Programa Nacional Clave de Investigación y Desarrollo de China.

También colaboró el Consorcio EarthScope, que aportó los equipos sísmicos, y el Instituto de Geofísica de ETH Zurich, que contribuyó al procesamiento de datos. La combinación de recursos y saberes fue clave para revelar lo que ocurre bajo la superficie del altiplano.
El nuevo estudio sobre el volcán Uturuncu cambió la forma de evaluar el riesgo volcánico en Bolivia. Al descartar una erupción inminente, aportó tranquilidad a las comunidades cercanas y dio pistas para mejorar la planificación del monitoreo sísmico.
Además, el mapa subterráneo del Uturuncu podría guiar exploraciones de minerales estratégicos. Estos datos fortalecen el manejo del territorio andino ante posibles amenazas naturales y abren nuevas líneas de investigación sobre volcanes dormidos con señales de vida.
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