La interacción sexual entre monos y ciervos que desconcierta a los científicos

Investigadores documentan un fenómeno que plantea interrogantes sobre el comportamiento animal y su propósito evolutivo

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En Japón, estos monos han
En Japón, estos monos han sido observados teniendo actitudes que llamaron la atención de los científicos

En las islas boscosas de Japón, un comportamiento insólito ha llamado la atención de los científicos. Monos japoneses (Macaca fuscata) han sido observados intentando aparear con ciervos sika (Cervus nippon), un fenómeno que ha generado hipótesis intrigantes sobre sus causas, evolución y significado.

Según detalla National Goegraphic, el fenómeno fue reportado por primera vez en 2015 en Yakushima, una isla cubierta de bosques al sur de Japón. Un mono macho de bajo rango fue visto montando a una hembra de ciervo sika en un intento aparente de apareamiento.

Los investigadores especularon que este comportamiento podría estar relacionado con la frustración sexual del mono, incapaz de acceder a parejas dentro de su propia especie debido a su bajo estatus jerárquico. Este acto singular fue documentado casualmente en video y, en ese momento, se demostró una anomalía aislada.

Tres años después, en 2018, el fenómeno reapareció, pero con una particularidad: ahora eran monas hembras los que interactuaban con ciervos machos. Esta vez, el comportamiento no solo se registró en Yakushima, sino también en el Parque Nacional Minoh, cerca de Osaka, a más de 600 kilómetros de la isla original. Desde entonces, se han reportado casos similares de manera constante hasta 2023, lo que sugiere que el fenómeno se ha consolidado en estas regiones.

De manera fascinante, los investigadores creen que el mono que inició este comportamiento en 2015 podría haber seguido participando en estas interacciones en años posteriores. Su identificación se basa en rasgos faciales distintivos, aunque no puede confirmarse con certeza absoluta.

Transmisión social: ¿un comportamiento aprendido?

Los expertos han planteado la posibilidad de que este comportamiento esté siendo transmitido socialmente entre los monos. Según explicó a National Goegraphic Cédric Sueur, primatólogo de la Universidad de Estrasburgo, si el mismo mono fue observado en múltiples incidentes, es probable que otros miembros de su grupo hayan aprendido de él. Este proceso, conocido como transmisión social, es común entre primates, que suelen adoptar nuevos comportamientos al observar a otros individuos.

Sin embargo, los científicos aún no han confirmado de manera concluyente si la transmisión social es el principal mecanismo detrás de la proliferación de este fenómeno. Dado que las interacciones entre monos y ciervos son difíciles de observar en tiempo real, sigue siendo un desafío determinar cómo se propaga el comportamiento.

Una relación de beneficio mutuo

Antes de estos avances sexuales, los monos y los ciervos ya compartían una relación mutualista bien documentada. Los ciervos siguen a los monos en busca de comida caída de los árboles y consumen sus heces, mientras que los monos eliminan parásitos como garrapatas de los cuerpos de los ciervos. Este intercambio, que beneficia a ambas especies, es un ejemplo clásico de mutualismo en la naturaleza.

Judith Bronstein, ecóloga evolutiva de la Universidad de Arizona, señaló a NatGeo que esta relación podría haber establecido una base de tolerancia entre ambas especies, facilitando la aparición de interacciones más inusuales, como el intento de apareamiento. La tolerancia de los ciervos hacia los monos parece ser un factor clave en el desarrollo de este comportamiento.

Hipótesis sobre los motivos detrás del fenómeno

Las razones detrás de este comportamiento inusual siguen siendo objeto de debate entre los investigadores. La primera hipótesis apunta a la frustración sexual como el desencadenante inicial, especialmente en individuos de bajo estatus que no tienen acceso a parejas dentro de su grupo social.

Con el tiempo, este comportamiento parece haber evolucionado más allá de su propósito original. En algunos casos, los monos simplemente se sientan sobre los ciervos, lo que podría proporcionarles calor durante los meses fríos. Este contacto físico podría ser mutuamente beneficioso, ya que los ciervos no parecen mostrar signos de rechazo activo hacia los monos.

Otras hipótesis más especulativas incluyen la posibilidad de que los ciervos estén obteniendo nutrientes adicionales al ingerir fluidos emitidos por los monos durante estas interacciones. Sin embargo, esta idea no ha sido respaldada por suficiente evidencia y es vista con escepticismo por parte de algunos investigadores.

Una de las teorías más fascinantes es que estas interacciones podrían ser indicativas de una “cocultura” emergente entre monos y ciervos. El término, propuesto por Sueur y Michale Huffman, describe un conjunto de comportamientos interactivos desarrollados simultáneamente por dos especies.

En contraste con los comportamientos culturales observados dentro de una sola especie, como los chimpancés que utilizan herramientas o las ballenas que entonan canciones distintas según su población, una cocultura implicaría la coexistencia y evolución de interacciones únicas entre dos especies diferentes.

Aunque el concepto es prometedor, asignar significado cultural a estas interacciones sigue siendo complicado debido a su rareza y la dificultad de observarlas en detalle. Sin embargo, la posibilidad de que monos y ciervos estén desarrollando una forma de cultura compartida plantea nuevas preguntas sobre los límites de la transmisión cultural en la naturaleza.

El comportamiento de los monos montando ciervos sigue siendo un misterio que desafía las categorías tradicionales de interacción animal. Ya sea un producto de la frustración sexual, la búsqueda de calor o el resultado de una relación mutualista, este fenómeno destaca la complejidad de las relaciones interespecíficas.

Si estas interacciones son realmente un ejemplo de cocultura, podrían proporcionar una visión sin precedentes de cómo diferentes especies pueden influenciarse mutuamente en su comportamiento y evolución. Mientras los investigadores continúan estudiando este fenómeno, los monos y los ciervos japoneses nos recuerdan que la naturaleza aún guarda secretos por descubrir.

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