
Las plantas, tradicionalmente vistas como seres pasivos y silenciosos, han revelado en los últimos años una sorprendente capacidad de comunicación. Lejos de ser organismos solitarios, las plantas interactúan entre sí y con su entorno de formas complejas y variadas.
Mediante la liberación de compuestos químicos, señales eléctricas y, más recientemente descubierto, sonidos ultrasónicos, estas comunicaciones influyen en su supervivencia y afectan a todo el ecosistema que las rodea.
Las plantas se comunican a través de varios mecanismos, cada uno de ellos adaptado a sus necesidades específicas y a las condiciones del entorno. La Universidad Nacional de Autónoma de México, realizó un informe en el que explica que los compuestos volátiles son uno de los métodos más comunes. Estas sustancias químicas, liberadas al aire o al suelo, actúan como mensajeros que pueden alertar a otras plantas sobre peligros inminentes, como el ataque de herbívoros, o atraer polinizadores esenciales para la reproducción.
La investigación de la comunicación de las plantas ha avanzado recientemente con un estudio que revela que numerosas especies vegetales emiten sonidos ultrasónicos para manifestar estrés, según National Geographic. Estos sonidos pueden ser una forma de comunicación con una variedad de destinatarios, desde depredadores hasta polinizadores.
El estudio, publicado en marzo, ofrece perspectivas valiosas sobre cómo las plantas podrían ayudarnos a enfrentar desafíos globales como el incremento de las tierras cultivables para alimentar a una población mundial en crecimiento y la adaptación al cambio climático. Comprender estos mecanismos de comunicación podría ser crucial para mejorar la gestión agrícola.
Simon Gilroy, catedrático de Botánica de la Universidad de Wisconsin-Madison, explica que en las plantas este proceso es similar a la fontanería. Las hojas detectan depredadores o cambios en la luz y el sonido, mientras que las raíces monitorean las condiciones del subsuelo y problemas relacionados con nutrientes, agua y depredadores.
Las señales eléctricas se propagan a través del movimiento de sustancias químicas a lo largo de “tubos” en las plantas, según explicó a National Geographic Courtney Jahn, bióloga y directora de programas de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF). Por ejemplo, las raíces pueden detectar la sequía e indicar a las hojas que limiten la transpiración y ahorren agua.

Según National Geographic, otra forma de comunicación, menos visible pero igual de efectiva, es la transmisión de señales eléctricas. Estas señales viajan a través del sistema vascular de la planta, permitiendo respuestas rápidas a estímulos como cambios en la luz o la presencia de depredadores. Finalmente, la emisión de sonidos ultrasónicos, un campo de investigación reciente, sugiere que las plantas pueden “hablar” en frecuencias que no son audibles para los humanos, pero que pueden ser percibidas por otros organismos.
La emisión de sonidos ultrasónicos por parte de las plantas fue documentada por primera vez en un estudio de la Universidad de Tel Aviv. En esta investigación, liderada por Lilach Hadany, se observó que especias como cactus, emiten sonidos de alta frecuencia cuando están bajo estrés, como en condiciones de sequía o tras sufrir daños físicos.
Esta investigación tambien llegó a la conclusión de que estos sonidos, que se producen debido a la cavitación en el xilema (el tejido encargado de transportar agua y nutrientes), no son audibles para los humanos, pero pueden ser detectados por otros seres vivos, como insectos y pequeños mamíferos. La teoría sugiere que estos sonidos podrían servir para alertar a otras plantas cercanas o incluso para atraer a organismos que puedan ayudar en su defensa, como insectos depredadores que se alimentan de los herbívoros que las atacan.

Estos compuestos juegan un papel crucial en la alelopatía, un fenómeno en el que una planta puede inhibir el crecimiento de otras competidoras o, por el contrario, estimular el crecimiento de especies beneficiosas.
La investigación de Suzanne Simard, profesora de ecología forestal en la Universidad de Columbia Británica, ha sido fundamental en este campo. Simard ha demostrado que los árboles utilizan redes subterráneas de hongos micorrícicos para intercambiar nutrientes e información, un proceso que fortalece a las plantas individuales y contribuye a la estabilidad y resiliencia de los ecosistemas forestales.

Relaciones simbióticas y redes subterráneas
Discover Magazine informó que las plantas también se comunican y cooperan entre sí a través de relaciones simbióticas con hongos micorrícicos, formando lo que se conoce como la “Wood-Wide Web”. Estas redes subterráneas permiten el intercambio de nutrientes esenciales como el carbono, el nitrógeno y el fósforo entre diferentes plantas, lo que resulta crucial para su crecimiento y supervivencia.
La investigación liderada por Suzanne Simard ha demostrado que los árboles pueden reconocer a sus parientes a través de estas redes y prefieren compartir recursos con ellos en lugar de con árboles no relacionados.

El estudio de la comunicación en las plantas ha avanzado considerablemente gracias a investigaciones en todo el mundo. En Suecia, investigadores de la Universidad de Ciencias Agrícolas de Uppsala, liderados por Velemir Ninkovic, descubrieron que las plantas pueden “escuchar” a sus vecinas a través de sus raíces. Al detectar señales químicas en el suelo, las plantas pueden ajustar su crecimiento y desarrollo, preparando sus defensas o alterando su estructura para competir mejor por los recursos.
A su vez, en Italia, el Laboratorio Nacional de Frascati ha explorado la emisión de fotones por parte de semillas como las lentejas, sugiriendo que estas señales podrían representar una forma de comunicación basada en la radiación luminosa a niveles muy bajos.
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