Aunque las personas han logrado adentrarse en el cosmos, los cuerpos humanos no están diseñados para sobrevivir fuera del planeta Tierra. Cuando los astronautas viajan al espacio, se enfrentan a un entorno completamente diferente al terrestre, lo que provoca una serie de cambios en su organismo. Entender cómo impactan estos cambios en los seres humanos es vital a medida que se planean misiones prolongadas que buscarán llegar a la Luna y Marte en los próximos años.
Radiación espacial
En la Tierra, el campo magnético y la atmósfera nos protegen de la mayoría de las partículas que componen el entorno de radiación espacial. Sin embargo, los astronautas están expuestos a niveles variados y crecientes de radiación que son diferentes a los de la Tierra. La exposición a una mayor radiación puede estar asociada con consecuencias para la salud tanto a corto como a largo plazo, como un aumento del riesgo de cáncer y enfermedades degenerativas.
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Aislamiento y confinamiento
Las tripulaciones seleccionadas para una estancia a bordo de la Estación Espacial Internacional son cuidadosamente elegidas, capacitadas y respaldadas para garantizar que puedan trabajar eficientemente como un equipo durante misiones que duran de seis a 12 meses. Sin embargo, el aislamiento y el confinamiento prolongados pueden afectar el descanso, alterar el ritmo circadiano, la motivación, y conducir a trastornos conductuales o cognitivos.

Distancia de la tierra
A diferencia de las tripulaciones de la Estación Espacial Internacional, que reciben regularmente suministros de vuelos de carga desde la Tierra, los astronautas que viajen a Marte deberán llevar toda la comida, el equipo y los suministros médicos que necesiten. Además, los retrasos en las comunicaciones durante un aterrizaje en Marte harán que los astronautas deban valerse por sí mismos, con ayuda de sistemas autónomos.
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Campos de gravedad
Los astronautas se encontrarán con tres campos de gravedad diferentes en una misión a Marte: en el viaje entre los planetas, estarán en ingravidez; mientras vivan y trabajen en Marte, estarán en aproximadamente un tercio de la gravedad de la Tierra; y finalmente, al regresar a casa, deberán readaptarse a la gravedad terrestre. La transición de un campo de gravedad a otro afecta la orientación espacial, la coordinación, el equilibrio y la locomoción.
Entornos hostiles cerrados
La NASA ha descubierto que el ecosistema dentro de la nave espacial juega un papel importante en la vida cotidiana de los astronautas. Los microbios pueden cambiar sus características en el espacio, y los microorganismos que viven naturalmente en el cuerpo humano se transfieren más fácilmente de persona a persona en hábitats cerrados. Además, los niveles de la hormona del estrés se elevan y el sistema inmunitario se altera, lo que podría conducir a una mayor susceptibilidad a las alergias y otras enfermedades.
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Cómo viven los astronautas
La vida de los astronautas está llena de desafíos logísticos y personales, las condiciones claustrofóbicas en las que viven, con módulos del tamaño de una cabina telefónica e inodoros accionados por vacío. La higiene personal es un reto debido a la falta de agua corriente, por lo que utilizan paños húmedos y champú sin enjuague. Lavar la ropa es imposible, por lo que la usan hasta que esté demasiado sucia y luego la desechan.
La falta de privacidad y el espacio reducido obligan a los astronautas a compartir recursos. Dormir, ir al baño y realizar tareas cotidianas se complican por la falta de gravedad. Su rutina diaria es agotadora, con jornadas laborales de 15 horas y ejercicio obligatorio para evitar la atrofia muscular. A pesar del estrés, también disponen de tiempo libre para llamar a familiares, ver películas o disfrutar de las vistas desde la Estación Espacial.
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Que comen los astronautas
Para los astronautas, las comidas deben ser cuidadosamente planificadas para proporcionar los nutrientes adecuados y asegurar la salud de los tripulantes. Desde los inicios de la exploración espacial, cuando todo se resumía a alimentos deshidratados y tubos, la comida espacial ha evolucionado significativamente. Actualmente, se utilizan técnicas avanzadas de conservación que permiten ofrecer una variedad de alimentos preparados, incluyendo platos principales, postres y snacks, con mejor textura y sabor.
Los métodos de conservación incluyen la deshidratación y rehidratación, la termoestabilización y la irradiación ionizada. Estos procesos garantizan que los alimentos se mantengan en buen estado y aptos para el consumo durante largos períodos de tiempo. Además, se realizan tratamientos especiales para eliminar microorganismos dañinos en frutas y verduras frescas, que requieren refrigeración. Si bien la selección de alimentos es amplia, hay ciertas restricciones, como la prohibición del pan y las formas granuladas de sal y pimienta, para evitar problemas con residuos en un ambiente de microgravedad.
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