
Temperaturas del aire no consideradas como excesivamente calurosas, de cerca de 34 °C por ejemplo, pueden conducir a un aumento constante de la frecuencia cardíaca en condiciones de humedad, según un nuevo estudio realizado por la Universidad de Pennsylvania. Este aumento, también conocido como tensión cardiovascular, ocurre incluso antes de que la temperatura interna de una persona comience a aumentar, reveló una investigación.
Según el trabajo que fue publicado en el Journal of Applied Physiology, estos hallazgos se encuentran entre una serie de resultados recientes sobre las dificultades del corazón cuando se expone al calor. Los científicos dicen que este trabajo se está volviendo cada vez más relevante a medida que los eventos de calor extremo se vuelven más frecuentes, producto del calentamiento global.
Solo este mes, la temperatura promedio en todo el mundo alcanzó un máximo histórico dos días seguidos. “Más personas estarán expuestas a las olas de calor y potencialmente en riesgo”, informó Rachel Cottle, investigadora en fisiología del ejercicio en la Universidad Estatal de Pensilvania en State College y coautora del artículo, quien adelantó que trabajarán “para identificar la combinación de temperatura y humedad que pone en peligro el corazón podría informar estrategias para proteger la salud humana”.

Para determinar el umbral de riesgo cardíaco, Cottle y sus colegas hicieron que 51 participantes jóvenes y sanos realizaran una actividad física ligera dentro de una cámara ambiental, donde la temperatura o la humedad aumentaban cada 5 minutos. Los investigadores monitorearon la temperatura central de cada individuo, la de sus órganos internos, utilizando sensores dentro de cápsulas que los participantes habían tragado. El equipo también midió la frecuencia cardíaca de los participantes.
Según explicaron, a medida que la cámara se calentaba, la frecuencia cardíaca de los participantes también lo hacía y luego se estabilizaba. Pero, a medida que la cámara continuaba calentándose, la frecuencia cardíaca de los voluntarios comenzó a incrementarse nuevamente y seguía haciéndolo cuando terminó el experimento, lo que indica tensión cardiovascular.
En condiciones húmedas, los participantes que caminaban lentamente experimentaron tensión cardiovascular cuando la temperatura rondaba los 34 °C. Cuando el aire estaba seco, ese umbral rondaba los 41 °C. La tensión cardiovascular siempre comenzó unos 20 minutos antes de que la temperatura central de los participantes comenzara a aumentar.
Salud cardiovascular y aumento de la temperatura

Debido a que la frecuencia cardíaca es tan fácil de medir, podría ser una señal de advertencia útil. “Si de repente nota que su frecuencia cardíaca aumenta rápida y progresivamente, eso podría significar que su temperatura central comenzará a aumentar -explica Cottle-. Ahí es cuando necesitas tomar medidas de precaución”.
Otra investigación ha demostrado que el calor puede afectar el corazón incluso cuando las personas no se están moviendo. Un estudio realizado por Lewis Halsey en la Universidad de Roehampton en Londres y sus colegas encontró que, con un 50 % de humedad, la frecuencia cardíaca de los participantes en reposo era, en promedio, un 64 % más alta a 50 °C que a 28 °C.
Esto indica que si una persona está descansando y está al sol, en la playa, por ejemplo, la frecuencia cardíaca seguirá aumentando. Cuando la temperatura se incrementa, el cuerpo humano normalmente activa dos mecanismos principales para regular la temperatura central: la sudoración y el aumento del flujo de sangre desde el centro hacia la piel. Mientras esto sucede, también se produce una mayor demanda metabólica que requiere un aumento de la frecuencia cardíaca. De ese modo se le pide al corazón que trabaje más, mientras, en paralelo, se le quita sangre.
Para los adultos jóvenes sanos, ese esfuerzo adicional podría ser inofensivo; pero para las personas mayores o aquellas con problemas cardíacos existentes, la exposición al calor extremo podría ser letal. Según un metaanálisis de 2022, un aumento de la temperatura de solo 1 °C se asocia con un aumento del 2,1 % en el riesgo de muerte relacionado con enfermedades cardiovasculares. El equipo de trabajo de Cottle se completó con Kat G. Fisher, S. Tony Wolf y W. Larry Kenney.
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