
El aumento de la longevidad lleva a que, cada vez más, las personas se interesen por mejorar su calidad de vida para vivir de la mejor manera posible durante la adultez.
Así es que, debido a que se sabe que el deterioro cognitivo es uno de los principales problemas relacionados con la edad, prevenirlo se vuelve prioritario a la hora de pensar en vivir más y mejor. En ese sentido, un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ginebra halló que aprender a tocar un instrumento podría prevenir el deterioro cognitivo relacionado con la edad.
Sucede que, a medida que el cerebro envejece, pierde un rasgo que es de vital importancia: la neuroplasticidad, esto es: la capacidad del cerebro para flexionarse y trabajar en diferentes tareas al mejorar las conexiones neuronales y crear otras nuevas para adaptarse a nuevas tareas.

La clave dentro de la neuroplasticidad es la memoria de trabajo, que describe el tipo de esfuerzo mental necesario para recordar un número de teléfono completo el tiempo suficiente para poder alcanzar el lápiz y el papel para escribirlo, o traducir una oración de un idioma extranjero.
“El envejecimiento normal se asocia con atrofia cerebral y deterioro cognitivo. La memoria de trabajo, involucrada en el funcionamiento cognitivo y la vida diaria, se ve particularmente afectada —aseguraron los autores del trabajo en la publicación de sus conclusiones—. El entrenamiento musical cobró impulso en la investigación sobre la plasticidad cerebral y los posibles efectos de transferencia de las intervenciones sobre la memoria de trabajo, especialmente en el contexto del envejecimiento saludable”.
En este contexto, sobre la importancia de estimular la actividad neuronal no sólo para alcanzar la longevidad sino también para cuidar la salud general del organismo, la especialista y master en Hipertensión Arterial e investigadora del Conicet, Carol Kotliar, había dicho recientemente a Infobae: “Hasta ahora, la ciencia nos dijo que el cerebro tenía un tiempo de vida útil y empezaba a decaer, con un umbral de deterioro a diferente edad, dependiendo de los genes y el estilo de vida. Desde hace un tiempo comprendimos que el cerebro puede seguir cambiando su estructura, aprendiendo y mejorando hasta el último día de nuestras vidas”.
Sobre el estudio

Para el trabajo, los investigadores siguieron a 132 jubilados sanos de entre 62 y 78 años, que nunca antes habían practicado música. Los participantes se dividieron en dos grupos aleatorios: uno tomó clases de piano y el otro recibió lecciones de escucha activa, que se centraron en el reconocimiento de instrumentos y el análisis de las propiedades musicales en una amplia gama de estilos musicales.
Al cabo de seis meses, los investigadores vieron un aumento en el rendimiento de la memoria de trabajo en un 6% y una reducción total en la pérdida de materia gris en el grupo que tocaba el piano.
Los científicos suizos y alemanes demostraron que aprender a tocar el piano en la vejez puede ralentizar el proceso de deterioro cognitivo en personas con poca o ninguna formación musical previa.
Es que según observaron, después de seis meses de clases de piano semanales, los participantes del estudio se desempeñaron mejor en las pruebas que desafiaban su memoria de trabajo, como recordar instrucciones, una habilidad que tiende a disminuir con la edad.

Normalmente, el cerebro se encoge entre los 60 y los 70 años, un proceso que, en algunos casos, finalmente se convierte en demencia. Pero después de seis meses de lecciones de música, esto se había revertido en algunas regiones del cerebro.
Las resonancias magnéticas mostraron un aumento en la materia gris, la capa más externa del cerebro, que contiene las conexiones entre las neuronas y los vasos sanguíneos pequeños, en partes del cerebelo, que ayuda con la toma de decisiones y el almacenamiento de recuerdos.
Clara James es una ex violinista profesional y trabaja como profesora de neurociencia en la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Suiza Occidental y en la Universidad de Ginebra. Y sobre los resultados del trabajo sostuvo: “Cuando una persona toca un instrumento musical o canta, tiene actividades auditivas, visuales, motoras y sensoriales, y todas interactúan. Al practicar ese instrumento, las neuronas de diferentes partes del cerebro se comunican entre sí y forman conexiones. La práctica repetida hace que esto sea más eficiente, razón por la cual aumenta el volumen de materia gris”.
Pero además de la memoria de trabajo, James y sus colegas descubrieron que los participantes del estudio comenzaron a notar mejoras en su audición en ciertas situaciones.

Es que a partir de la mediana edad, muchas personas comienzan a tener problemas para distinguir el habla del ruido de fondo, especialmente en entornos concurridos, como una gran reunión familiar, un bar o un restaurante. “Los ancianos sufren terriblemente con esto”, señaló la exviolinista, quien destacó: “Pero las personas de nuestro estudio mejoraron en el reconocimiento del habla en medio del ruido. Incluso un pequeño porcentaje de mejora en esto es una gran ganancia para los adultos mayores”.
Debido a estos hallazgos, James ahora espera que la musicoterapia se pueda incorporar a las vías de atención para ayudar a los adultos mayores con problemas de cognición.
En una entrevista reciente con Infobae, el doctor Julián Bustin, jefe de Gerontopsiquiatría y de la Clínica de la Memoria de Ineco afirmó que “se demostró que ejercitarse regularmente, junto a la estimulación cognitiva y la actividad social, aumenta la sensación de bienestar personal en todas las personas, especialmente en las mayores de 60 años”.
“Existen 12 factores de riesgo para el deterioro cognitivo que los podemos modificar con nuestros hábitos, lo que permitiría reducir en un 40% las posibilidades de tener un deterioro de ese tipo. Estos son: sedentarismo, tabaquismo, hipertensión, obesidad, diabetes, discapacidad auditiva, bajo nivel educativo, lesiones traumáticas en la cabeza, contaminación del aire, consumo excesivo de alcohol, depresión y contacto social poco frecuente”, detalló el experto, que afirmó que si bien un 60% representa lo que se denomina riesgo desconocido, en cambio el 40% restante es potencialmente modificable y ese es el que se puede adoptar y cambiar.
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