Científicos descubrieron un colgante de diente encontrado en la cueva Denisova en el sur de Siberia. Gracias al ADN conservado en la joya, los investigadores determinaron que fue usado por una mujer de la Edad de Piedra que vivió entre 19,000 y 25,000 años atrás.
La investigación, realizada por Elena Essel del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania y publicada recientemente en Nature, detalla una nueva técnica para extraer ADN de viejos artefactos.
“El hecho de que sea un método no destructivo es clave aquí porque no queremos destruir estos objetos, ya que contienen mucha información”, dijo Essel, quien es bióloga molecular.
En la técnica más utilizadas para extraer ADN se destruye siempre una cierta cantidad de hueso. Otra de las formas utilizadas se hace a través de potentes productos químicos que pueden dañar las muestras.
Los científicos alemanes, en busca de alternativas menos dañinas, probaron sumergiendo algunas piezas en químicos suaves con el fin de obtener un mejor resultado. De esta forma descubrieron un nuevo método que permite obtener el ADN sin dañar los objetos y tener información sobre la identidad de las personas que fabricaron o manipularon artefactos hace cientos de miles de años atrás.
Gracias a este nuevo método se puede determinar la ascendencia genética y el sexo biológico de personas que una vez tuvieron o usaron una joya o artefacto. Antes esto solo se podía si el objeto había sido enterrado junto con la persona.
Sin embargo, el ADN solo se puede sacar de artefactos hechos con dientes o huesos, ya que estos son los suficientemente porosos como para absorber fluidos como la saliva, el sudor y la sangre.
“La forma en que creemos que funciona es que cuanto más tiempo haya contacto corporal cercano, mayores serán las posibilidades de que haya una gran cantidad de ADN en el material… pero no tenemos idea si estamos hablando de días, meses, años o décadas”, dijo Essel.
Según la investigación, los científicos determinaron que el diente del colgante encontrado en la cueva pertenecía a un alce, y una mujer fue la portadora o creadora de la joya. Según los análisis del estudio del ADN, el genoma de la mujer y del animal se fechó entre 19.000 y 25.000 años atrás.
Además, la investigación mostró que la propietaria de la joya estaba relacionada a un grupo humano del norte de Eurasia.
“Es casi como abrir una máquina de viajar en el tiempo”, dijo Essel a Nature.
“Con cada muestra podemos aprender un poco más y hacer más inferencias sobre cómo vivían estas personas”, añadió.
De acuerdo con los expertos, las joyas se las ponían en la mano o en el cuello durante periodos prolongados.

Los científicos solo pudieron recuperar una parte del genoma. Por esta razón sería imposible obtener información adicional sobre la mujer. Por ejemplo, si tiene familiares vivos hoy.
Marie Soressi, quien participó del estudio, explicó cuán importante es el descubrimiento: “Es asombroso. Significa que podremos responder preguntas muy simples, como qué tareas estaban haciendo hombres y mujeres en ese momento. De hecho, tendremos una línea directa de evidencia”.
Cueva Denisova
La cueva Denisova, en las montañas de Altai en el sur de Siberia, se hizo conocida hace 13 años. Este lugar, que ha fascinado a los investigadores, estuvo habitado por diferentes homínidos como el Homo sapiens, los neandertales y los denisovanos.
En 2010, científicos secuenciaron el ADN de los enigmáticos denisovanos y lo presentaron al mundo como una nueva especie de humano primitivo. En la cueva también fue encontrada la evidencia más temprana de las primeras herramientas y colgantes hechos con huesos en el norte de Eurasia.
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