
Los expertos en salud definen al dolor crónico como un dolor que afecta cualquier parte del cuerpo y dura tres meses o más. A veces incluso años.
Puede deberse a una lesión o infección, o bien estar relacionado con una afección continua, como la artritis o el cáncer. También puede ser causado por factores psicológicos como el estrés, la ansiedad o la depresión. En estos casos se lo conoce como dolor psicosomático.
Lo cierto es que una nueva investigación, realizada por expertos de Estados Unidos e Italia, dio con una causa que, hasta ahora, no era tenida en cuenta: el consumo de alcohol.
Según un trabajo publicado en el British Journal of Pharmacology, el consumo crónico de alcohol puede hacer que las personas sean más sensibles al dolor a través de dos mecanismos moleculares diferentes: uno impulsado por la ingesta de alcohol y otro por la abstinencia de alcohol.

Esa es la nueva conclusión de los científicos de Scripps Research sobre los complejos vínculos entre el alcohol y el dolor. La investigación también sugiere posibles nuevos objetivos farmacológicos para tratar el dolor crónico y la hipersensibilidad asociados con el alcohol.
La autora principal del trabajo, Marisa Roberto, PhD, presidenta de Medicina Molecular de la Familia Schimmel y profesora de neurociencia en Scripps Research, señaló que “existe una necesidad urgente de comprender mejor la calle de doble sentido entre el dolor crónico y la dependencia del alcohol”. Para ella, “el dolor es tanto un síntoma generalizado en los pacientes que sufren de dependencia del alcohol como una razón por la que las personas se ven obligadas a beber de nuevo”.
El trastorno por consumo de alcohol (AUD), que abarca las condiciones comúnmente llamadas abuso de alcohol, dependencia del alcohol y adicción al alcohol, afecta a miles de millones de personas en todo el mundo. Sólo en los EEUU alcanza a 29,5 millones de personas, según la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud de 2021.

“El dolor crónico que no se alivia se considera un factor clave que contribuye al mantenimiento del AUD -enfatizaron los autores del trabajo en la publicación-. Los mecanismos responsables del dolor crónico asociado al consumo crónico de alcohol aún se desconocen. Por lo tanto, nuestro objetivo fue evaluar el desarrollo de dolor crónico en un modelo de ratón de dependencia del alcohol e investigar el papel de la neuroinflamación en esta condición crónica”.
Además, según alertaron los autores del trabajo, con el tiempo, el AUD puede desencadenar el desarrollo de numerosas enfermedades crónicas, incluidas enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, enfermedades hepáticas y algunos tipos de cáncer.
Según vieron, entre los muchos impactos del consumo de alcohol a largo plazo está el dolor: más de la mitad de las personas con AUD experimentan dolor persistente de algún tipo. Esto incluye la neuropatía alcohólica, que es un daño a los nervios que causa dolor crónico y otros síntomas. Los estudios también encontraron que AUD está asociado con cambios en la forma en que el cerebro procesa las señales de dolor, así como cambios en la forma en que se produce la activación del sistema inmunitario. “A su vez, este dolor puede conducir a un mayor consumo de alcohol. Además, durante la abstinencia, las personas con AUD pueden experimentar alodinia, en la que un estímulo inofensivo se percibe como doloroso”, destacaron los investigadores.
Sobre el estudio

Roberto y sus colegas estaban interesados en conocer las causas subyacentes de estos diferentes tipos de dolor relacionado con el alcohol. En el nuevo estudio, compararon tres grupos de ratones adultos: animales que dependían del alcohol (bebedores excesivos), animales que tenían acceso limitado al alcohol y no se consideraban dependientes (bebedores moderados) y aquellos a los que nunca se les había dado alcohol.
En ratones dependientes, se desarrolló alodinia (dolor debido a estímulos que normalmente no son dolorosos) durante la abstinencia de alcohol y el posterior acceso al alcohol disminuyó significativamente la sensibilidad al dolor. Por separado, aproximadamente la mitad de los ratones que no dependían del alcohol también mostraron signos de una mayor sensibilidad al dolor durante la abstinencia del alcohol pero, a diferencia de los ratones dependientes, esta neuropatía no se revirtió con la reexposición al alcohol.
Cuando el grupo de Roberto midió los niveles de proteínas inflamatorias en los animales, descubrió que mientras las vías de inflamación estaban elevadas tanto en los animales dependientes como en los no dependientes, las moléculas específicas sólo aumentaban en los ratones dependientes. Esto indica que diferentes mecanismos moleculares pueden impulsar los dos tipos de dolor. También sugiere qué proteínas inflamatorias pueden ser útiles como dianas farmacológicas para combatir el dolor relacionado con el alcohol.

En el trabajo Alodinia mecánica crónica inducida por el alcohol mediante la promoción de la neuroinflamación: un modelo de ratón de dolor neuropático evocado por el alcohol, los investigadores vieron dos condiciones de dolor distintas específicas del tipo de exposición al alcohol: hipersensibilidad relacionada con la abstinencia en ratones dependientes y dolor neuropático provocado por el alcohol en aproximadamente la mitad de los ratones no dependientes.
“Estos dos tipos de dolor varían mucho, por lo que es importante poder distinguirlos y desarrollar diferentes formas de tratar cada tipo”, señaló la primera autora Vittoria Borgonetti, PhD, asociada postdoctoral en Scripps Research.
A lo que la coautora principal Nicoletta Galeotti, PhD, profesora asociada de farmacología preclínica en la la Universidad de Florencia, agregó: “Nuestro objetivo es revelar nuevos objetivos moleculares potenciales que puedan usarse para distinguir estos tipos de dolor y potencialmente usarse en el futuro para el desarrollo de terapias”.
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