
Tamitha Skov, conocida como la “Mujer del Clima Espacial”, es una científica investigadora de la Corporación Aeroespacial -organismo financiado por EEUU- y es una galardonada educadora científica en las redes sociales. El último sábado publicó un video del modelo de predicción de la NASA y escribió: “¡Golpe directo! Un filamento en forma de serpiente lanzado como una gran tormenta solar mientras está en la zona de impacto de la Tierra”.
“La NASA predice el impacto el 19 de julio. Es posible que se produzcan fuertes espectáculos de Aurora con éste, en las latitudes medias”, agregó.
Skov también alertó que podría haber interrupción del GPS y de la radio.
Las erupciones solares son como el fogonazo de un cañón, según la NASA. Un estallido de luz que llega a la Tierra en cuestión de minutos y también transporta partículas de alta energía que interactúan con nuestra atmósfera.
Luego de su pronóstico, la científica publicó un impresionante video de cinco segundos del sol. “El largo filamento en forma de serpiente se desplaza por el Sol en un impresionante ballet”, escribió. “La orientación magnética de esta tormenta solar dirigida a la Tierra va a ser difícil de predecir. Si el campo magnético de esta tormenta se orienta hacia el sur, pueden darse condiciones de nivel G2 (posiblemente G3)”, explicó.
Las tormentas geomagnéticas se clasifican en una escala del 1 al 5, siendo 1 la más débil y 5 la que tiene el mayor potencial de daño. Las tormentas G2 son moderadas.
La superficie de nuestro sol es un lugar increíblemente caliente y caótico, con inmensas cantidades de energía que crean campos magnéticos. La interacción entre esos campos es el punto de partida del clima solar. Como el Sol no es un cuerpo sólido, gira más rápido alrededor de su ecuador que en sus polos. Con el tiempo, detalla la NASA, los complejos campos magnéticos se doblan, acumulando energía.
A medida que una erupción solar libera más energía puede crear ondas de choque que aceleran las partículas que se alejan del sol, provocando lo que se conoce como una tormenta de partículas. Estas partículas pueden llegar a la Tierra casi tan rápido como las erupciones solares, en menos de una hora. Con suficiente energía, una erupción solar puede proyectar material fuera del sol: una eyección de masa coronal. Miles de millones de toneladas de partículas salen disparadas del sol a gran velocidad, pudiendo llegar a la Tierra en uno o dos días.
En un ciclo solar de 11 años puede haber hasta 2.000 erupciones solares de distinta intensidad. No todas producirán eyecciones de masa coronal y, en la inmensa extensión del espacio, serán menos las que alcancen la Tierra. El estudio de las manchas solares y el seguimiento continuo de la actividad solar permiten a los científicos elaborar mejores modelos de predicción.
¿Qué ocurre cuando llegan a la Tierra? “La energía de una erupción solar interactuará con la ionosfera - la capa más externa de la atmósfera que es crítica para las señales de radio”, explicó a The Washington Post Alex Young, director asociado de ciencia en la división de heliofísica del Centro de Vuelo Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. “Cuando esas capas cambian porque se calientan, eso puede causar una degradación en la radio de alta frecuencia”.
Las erupciones solares también pueden perturbar las señales de radio utilizadas para la navegación o interrumpir las señales del GPS. Cuanto más energía emita la erupción, más tiempo pueden durar estas interrupciones. En el caso de las más débiles, pueden ser unos minutos; en las más fuertes, pueden ser horas.
Las eyecciones de masa coronal más pequeñas crean el tipo de auroras vibrantes que asombran a los habitantes de los hemisferios norte y sur, ya que la masa de partículas expulsadas del sol provoca reacciones en la atmósfera superior de la Tierra.
En los próximos años, es probable que se produzcan tormentas solares con mayor frecuencia: a finales de 2019, el Sol comenzó un nuevo ciclo con una actividad solar mínima que irá aumentando en el transcurso de su ciclo natural de aproximadamente once años. Se espera que la actividad máxima se produzca entre 2024 y 2026.
Las violentas erupciones de partículas y radiación en las fases de alta actividad pueden tener consecuencias cada vez más graves en un planeta altamente tecnificado e interconectado como la Tierra.
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