
El calentamiento global es una preocupación que alarma a los especialistas de diferentes disciplinas. El año de la pandemia, el 2020, estuvo 1,2°C por encima de las temperaturas de la era preindustrial (1880). La Organización Meteorológica Mundial, (OMM) predice que hay 20% de probabilidad de que el aumento de las temperaturas supere temporalmente los 1,5°C a partir de 2024.
Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2022 las emisiones de CO2 relacionadas con la energía crecerán cerca de un 5%. Con estos datos, los científicos se han abocado al estudio de todas las aristas posibles del cambio climático. En este marco, quienes se concentran en el estudio de los océanos, sostienen que el conocimiento preciso del contenido de calor del océano (ΔOHC), y el modo en que se distribuye en el tiempo y las regiones en que lo hace, es clave para monitorear el desequilibrio energético de la Tierra y la perturbación climática de origen humana.

Históricamente, los especialistas ya saben que los océanos han absorbido alrededor del 90% del calentamiento causado por las personas. Cómo se redistribuye en el interior del océano la gran absorción superficial del exceso de calor por parte de los océanos es la gran pregunta que un nuevo estudio que se acaba de publicar en Communication, arth and Environment ha intentado responder. Este nuevo documento encontró que en el Atlántico Norte subtropical (25°N), el 62% del calentamiento de 1850-2018 se mantiene en las profundidades del océano. Los investigadores que integraron el equipo de trabajo pertenecen a las universidades de Exeter y lde Brest, estiman que las profundidades del océano se calentarán otros 0,2 °C en los próximos 50 años.
El calentamiento de los océanos puede tener una variedad de consecuencias, incluido el aumento del nivel del mar, cambios en los ecosistemas, las corrientes y la química, y la desoxigenación. “A medida que nuestro planeta se calienta, es vital comprender cómo el exceso de calor absorbido por el océano se redistribuye en su interior desde la superficie hasta el fondo, y es importante tener en cuenta en particular sus profundidades para evaluar el crecimiento del desequilibrio energético de la Tierra -señaló Marie-José Messias, una de las autoras del estudio y, además, académica de la Facultad de Ciencias Ambientales y de la Vida, Universidad de Exeter-.
“Además de encontrar que las profundidades del océano retienen gran parte de este exceso de calor, nuestra investigación muestra cómo las corrientes oceánicas redistribuyen el calor a diferentes regiones. Descubrimos que esta redistribución fue un factor clave del calentamiento en el Atlántico Norte”, agregó.
Los investigadores estudiaron el sistema de corrientes conocido como Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico (AMOC). Este sistema funciona como una cinta transportadora, acarreando agua tibia desde los trópicos del norte, donde el agua más fría y densa se hunde en las profundidades del océano y se esparce lentamente hacia el sur. Los hallazgos de los especialistas resaltan la importancia de la transferencia de calentamiento por parte de AMOC de una región a otra. Messias señaló que “el exceso de calor de los océanos del Hemisferio Sur se está volviendo importante en el Atlántico Norte, que ahora representa alrededor de una cuarta parte de dicho exceso”. Para su investigación, los científicos utilizaron registros de temperatura y trazadores químicos, cuya composición se puede aprovechar para descubrir cambios pasados en el océano.
“Nuestro estudio evidencia un papel crucial del transporte de exceso de calor para el balance de calor al norte e identifica el AMOC como un mecanismo primario para redistribuir el exceso de calor. Registramos un aporte del 24% de calor proveniente del hemisferio sur hacia el norte. Estimamos que el AMOC transportó exceso de calor hacia el norte en continuo aumento desde 1997 antes de alcanzar una meseta en 2012–2018 que iguala el cambio calor contenido al norte en la sección del estrecho de Bering”, concluyó la especialista.
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