
Desde el inicio de la pandemia el coronavirus se propagó por las comunidades, afectó a más de 464 millones de personas en el mundo y fue evolucionando. En noviembre, se identificó a la variante de preocupación Ómicron, y se supo que constaba tres sublinajes. Cada uno tenía su propia serie de mutaciones peculiares. En ese momento, el más común era la BA.1, la cual se propagó con rapidez por todo el mundo entre diciembre y enero. Pero otros de los sublinajes, que se llama BA.2, empezó a expandirse y hoy es predominante en los contagios del coronavirus en muchos países. Los científicos están estudiando qué nivel de protección dan hoy las diferentes vacunas.
Investigadores de la Universidad de Cornell, el Ministerio de Salud y otras instituciones de Qatar -ubicado en el Oeste de Asia- acaban de terminar un trabajo en el que analizaron qué pasaba con las vacunas de ARN mensajero cuando las personas se exponen a los sublinajes de la variante Ómicron. Demostraron que ese tipo de vacunas contra el COVID-19 -que fueron desarrollados por la empresa Moderna, Pfizer y BioNTech, ofrecen un grado de protección similar contra los dos sublinajes, aunque la protección contra la infección y la enfermedad sintomática disminuye a los pocos meses de la tercera dosis.
Desde el momento en que fue detectada, se observó que la variante Ómicron tenía capacidad para evadir de manera parcial la protección que brindan las vacunas. Las infecciones posteriores a la vacunación se volvieron frecuentes. Pero las vacunas siguieron ayudando a que la gente no se enfermara de gravedad, sobre todo quienes habían recibido un refuerzo. Las vacunas también son muy efectivas para evitar las hospitalizaciones.

Ya se sabía desde hace meses que el sublinaje BA.1 elude gran parte de la protección que ofrecen las vacunas de ARN contra la enfermedad de leve a moderada. Los científicos se dieron cuenta rápidamente de que la BA.2 se propaga más rápidamente que la BA.1. Pero no estaba claro de inmediato si la recién llegada también sería más hábil para evadir las vacunas, y es lo que buscaron responder los investigadores de Qatar.
El estudio aún no ha sido revisado por otros científicos. Fue publicado en el servidor de preimpresión medRxiv. Laith Abu-Raddad, epidemiólogo especializado en enfermedades infecciosas de Weill Cornell Medicine-Qatar, en Doha, y coautor del estudio. Los investigadores reconocieron que temían que el sublinaje BA.2 podría ser incluso peor que la BA.1.
Abu-Raddad y sus colegas realizaron un estudio observacional masivo utilizando los registros de vacunación y los resultados de los testeos del sistema sanitario de Qatar. Descubrieron que los residentes de Qatar que recibieron dos dosis de la vacuna ARN contra el COVID-19 de Pfizer-BioNTech o de Moderna disfrutaron de varios meses de protección sustancial contra la enfermedad sintomática causada por el BA.1 o el BA.2.

Sin embargo, la protección disminuyó a alrededor del 10% después de sólo 4-6 meses. Esto significa que las vacunas impidieron sólo el 10% de los casos que habrían ocurrido si todos los individuos hubieran estado sin vacunar. Los investigadores encontraron que la protección contra el sublinaje BA.2 no parecía disminuir más rápido que la protección contra BA.1, y una vacuna de refuerzo devolvía la protección contra la infección sintomática para cualquiera de las subvariantes al 30-60%.
En el Reino Unido, los datos de vigilancia habían revelado una tendencia similar: la eficacia de la vacuna contra el COVID-19 sintomática es inferior al 20% para ambas subvariantes 25 semanas o más después de una segunda dosis, pero aumenta hasta aproximadamente el 70% entre 2 y 4 semanas después de una tercera dosis.
Los investigadores también analizaron el grado de protección que ofrecen las vacunas ARN contra la enfermedad grave. Pero tuvieron que agrupar los datos de los casos BA.1 y BA.2, una medida que era necesaria porque la población de Qatar está muy sesgada hacia los jóvenes, lo que hace que los casos graves de COVID-19 sean poco frecuentes. Sólo después de la agrupación, los investigadores dispusieron de suficientes casos para obtener resultados significativos.
Este análisis demostró que la protección contra la enfermedad grave se mantuvo en un 68% o más durante al menos 7 meses, incluso en personas que sólo habían recibido dos dosis de la vacuna, y se disparó hasta más del 80% tras una dosis de refuerzo. Abu-Raddad afirmó que como el 70-80% de los casos agrupados eran el sublinaje BA.2, sospecha que las vacunas siguen ofreciendo un alto nivel de protección contra la enfermedad grave.

El doctor Abu-Raddad consideró que los resultados de la investigación le dan esperanzas, ya que las vacunas previenen muchos de los peores casos de COVID-19, incluso en respuesta al sublinaje BA.2. “En realidad, las vacunas están funcionando extraordinariamente bien, teniendo en cuenta los retos de la evolución”, sostuvo en diálogo con la revista Nature.
Para el futuro, Abu-Raddad estimó que se deberían dejar de diseñar vacunas contra variantes únicas y pasar al desarrollo de vacunas contra el pan-coronavirus, es decir, inoculantes que protejan contra diferentes especies de coronavirus. “Esta sería una solución más fundamental para el futuro”, opinó.
En tanto, el virólogo Andrew Pekosz, de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, valoró los resultados del trabajo realizado en Qatar y remarcó que los resultados ponen de relieve la importancia de que las personas acepten recibir las dosis de refuerzo.
“Centrarse en el calendario de vacunación primaria ya no es suficiente. Tiene que haber planes para vacunar eficazmente a la población mediante un refuerzo”, afirmó. En la actualidad, el 59% de la población mundial tiene el esquema primario completo de vacunas. Sólo el 19% ya recibió la dosis adicional o de refuerzo, según OurWorldInData.
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