Cómo funciona la inmunidad a largo plazo que podría transformar el COVID-19 de una catástrofe mundial a una molestia leve

Hasta ahora, las discusiones sobre la protección contra el SARS-CoV-2 se concentró en los anticuerpos neutralizantes. Sin embargo, y afortunadamente, estos no son la única arma a disposición del sistema inmunológico

Un modelo 3D ampliado de una proteína espiga (azul) conectada a un anticuerpo (rojo) se muestra en el Centro VIB-UGent en Gante, Bélgica (REUTERS/ Bart Bieseman)
Un modelo 3D ampliado de una proteína espiga (azul) conectada a un anticuerpo (rojo) se muestra en el Centro VIB-UGent en Gante, Bélgica (REUTERS/ Bart Bieseman)
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Cuando el cuerpo humano está infectado por el virus o encuentra un fragmento del patógeno en una vacuna, nuestro sistema inmunológico cambia de manera sutil pero importante. En una gran parte de la población, estos cambios podrían ayudar a transformar el Covid-19 de una catástrofe mundial a una molestia leve.

Hasta ahora, las discusiones sobre la protección contra el SARS-CoV-2, el virus que causa la Covid-19. se concentró en los anticuerpos neutralizantes, proteínas que se adhieren al virus para neutralizarlo, y parte fundamental de la respuesta inmunitaria al patógeno.

Sin embargo, y afortunadamente, los anticuerpos neutralizantes no son la única arma a disposición del sistema inmunológico. Nuestro cuerpo tiene a disposición otras herramientas que podrían hacer que futuras olas de covid ya no causen altos números de hospitalizaciones y muertes, permitiendo un paulatino regreso a la normalidad pre pandémica.

La primera arma: los anticuerpos neutralizantes

Ultra-potent” antibody against COVID-19 variants isolated at Vanderbilt University Medical Center
Los anticuerpos neutralizante en forma de Y pueden adherirse a los picos del virus y evitar que ingrese a las células

Los anticuerpos neutralizantes forman el pilar del sistema inmunitario adaptativo. Estos anticuerpos aumentan durante la infección y disminuyen naturalmente con el tiempo. Siguen siendo un punto de referencia clave para medir la eficacia de las vacunas: los científicos juzgan el éxito y el momento de las vacunas en parte midiendo la cantidad de anticuerpos neutralizantes que provocan en nuestra sangre y cuánto tiempo duran.

Cuando se enfrentan al coronavirus, los anticuerpos neutralizante en forma de Y pueden adherirse a los picos del virus y evitar que ingrese a las células, neutralizando así el patógeno.

“En general, los anticuerpos neutralizantes evitan que te infectes en primer lugar”, explicó al medio estadounidense VOX Lewis Lanier, presidente del departamento de microbiología e inmunología de la Universidad de California en San Francisco.

“Estamos realmente más preocupados en este momento en medio de la pandemia por la durabilidad de ese anticuerpo porque lo que estamos tratando de hacer es prevenir la transmisión”, agregó Deborah Fuller, profesora de microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington. Pero eso podría cambiar.

Las otras armas: las células T y B

Hay casos en los que los punto de unión del virus pueden cambiar, por ejemplo tras el surgimiento de una nueva variante.

En este caso, los anticuerpos neutralizantes pueden volverse menos efectivos. En los meses posteriores a una infección o inmunización, la cantidad de estos anticuerpos neutralizantes también disminuye, ya que la producción de anticuerpos requiere mucha energía, por lo que el cuerpo produce menos después de que desaparece una infección.

Ahí es donde entran en juego otras herramientas, que se esconden dentro de nuestros huesos, que son más duraderas contra las infecciones.

En primer lugar, existen los anticuerpos no neutralizantes, que no interfieren directamente con el funcionamiento del virus, pero pueden ayudar al sistema inmunitario a detectar células infectadas y marcarlas para su destrucción.

La tarea de eliminar las células infectadas recae en un grupo de glóbulos blancos conocidos como células T citotóxicas, también llamadas “células T asesinas”. Surgen de las células madre en la médula ósea y hacen que las células infectadas se autodestruyan, sin interferir con las células normales.

“Las células T no pueden prevenir la infección”, dijo Lanier al medio estadounidense. “La única forma en que una célula T puede reconocer que tiene una infección es después de que una célula se haya infectado”.

La células T citotóxicas surgen en la médula ósea
La células T citotóxicas surgen en la médula ósea

Las células T auxiliares son otra variedad importante de glóbulos blancos. Estimulan la producción de anticuerpos por un grupo diferente de glóbulos blancos llamados células B. Las células B se forman en la médula ósea y luego migran a los ganglios linfáticos o al bazo.

Después de una infección o una vacuna, algunas células B y células T se quedan y se convierten en células B y células T de memoria. Permanecen inactivas, a veces durante décadas, esperando ver si regresa un patógeno. Si lo hace, pueden reactivarse rápidamente.

Es por eso que una disminución en los recuentos de anticuerpos neutralizantes no siempre es un desastre. Incluso si las concentraciones de anticuerpos neutralizantes son tan bajas que ya no pueden prevenir una infección, otras partes del sistema inmunitario pueden unirse para asegurarse de que el virus no cause demasiado daño.

“Hay una ventana de tiempo después de que el virus ingresa al cuerpo antes de que realmente comience a manifestar la enfermedad en la persona”, dijo Fuller a Vox. “Esa ventana de tiempo permite que el sistema inmunitario que ha sido vacunado y tiene respuestas inmunitarias de memoria recuerde muy rápidamente y apague el virus antes de que realmente cause la enfermedad”.

Por eso, frente a nuevas olas de contagio provocadas por variantes más contagiosas como ómicron y a medida que es probable que la mayoría de las personas se infecten en algún momento, le resistencia de la población dependerá en gran medida del trabajo en equipo de las células B, las células T y los anticuerpos, y cómo resisten cualquier nueva mutación en el virus.

“Es posible que las vacunas y la infección previa no impidan que se infecte con las próximas oleadas de variantes, pero es posible que lo mantengan fuera del hospital”, dijo Lanier.

Coronavirus COVID-19 imagen 3D
Render en alta resulución del virus SARS-CoV-2 (EFE/EPA/NANOGRAPHICS GMBH)

Hacia un equilibrio con el Covid-19

La inmunidad continuará aumentando en toda la población y mitigará los daños causados por la pandemia, incluso cuando el virus cambie. Es poco probable que Covid-19 desaparezca por completo. Mientras circula, seguirá mutando y puede causar brotes esporádicos. Pero nuestro sistema inmunológico está progresando.

“Por lo que he visto, las respuestas de las células T todavía funcionan bastante bien contra omicron”, dijo Brianne Barker, investigadora de vacunas en la Universidad Drew.

Otra buna noticia es que muchos aspectos de nuestro sistema inmunológico también parecen manejar bien la última variante.

“A medida que expones el cuerpo humano, incluso al mismo antígeno una y otra vez, nuestro sistema inmunológico también evoluciona”, dijo Fuller. “Lo que estamos empezando a ver en personas con terceras inmunizaciones es una [respuesta] de anticuerpos que es más amplia”.

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