
Al igual que había ocurrido con el surgimiento de la variante Delta del SARS-CoV-2, la aparición de Ómicron en Sudáfrica puso a los científicos a trabajar para determinar si las vacunas y los refuerzos autorizados de emergencia siguen siendo efectivos contra las nuevas mutaciones del coronavirus.
A casi dos años del descubrimiento del virus que terminaría siendo declarado pandémico, y cuando la mayoría de los países avanzaba firme en la vacunación de sus poblaciones, un nuevo imprevisto vuelve a poner en vilo a la humanidad y alejar -una vez más- el esperado fin de la crisis sanitaria mundial.
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Y mientras un sector de la ciencia estudia las formulaciones disponibles para prevenir los cuadros severos y la muerte por COVID-19, en paralelo, avanzan los estudios de una nueva generación de vacunas que parecen ser prometedoras: las vacunas nasales.
Una nueva investigación de la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, comprobó que las vacunas intranasales ayudan a combatir las nuevas variantes del SARS-CoV-2, incluida la Ómicron, según publican sus autores en la revista Science Immunology.
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Según aseguran los investigadores, una nueva respuesta al virus que muta rápidamente podría encontrarse justo en “la puerta de entrada” al cuerpo.
Akiko Iwasaki es profesora de inmunobiología de Waldemar Von Zedtwitz, y en el nuevo estudio, ella y sus colegas encontraron que la vacunación intranasal proporciona una protección de base amplia contra virus respiratorios heterólogos en ratones, mientras que la llamada inmunización sistémica, que utiliza una inyección para obtener protección en todo el cuerpo, no lo hizo.
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“La mejor defensa inmunológica ocurre en la puerta, protegiéndose contra los virus que intentan ingresar”, dijo Iwasaki, quien fue la autora principal del trabajo.
Al parecer, las membranas mucosas contienen su propio sistema de defensa inmunológico que combate los patógenos transmitidos por el aire o los alimentos. Cuando se desafían, estos tejidos de barrera producen células B que a su vez secretan anticuerpos de inmunoglobina A (IgA). A diferencia de las vacunas que provocan una respuesta inmunitaria en todo el sistema, los anticuerpos IgA actúan localmente en las superficies mucosas que se encuentran en la nariz, el estómago y los pulmones.
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Si bien el papel protector de las células productoras de IgA estaba bien establecido en la lucha contra los patógenos intestinales, el laboratorio de Iwasaki se preguntó si desencadenar la respuesta de IgA también podría producir una respuesta inmune localizada contra los virus respiratorios.
“Los anticuerpos secretados en la superficie de la mucosa juegan un papel integral en la defensa inmunológica al servir para neutralizar el patógeno y promover su eliminación en el sitio de entrada. La inmunoglobulina A secretora (IgA) es un isotipo de Ig predominante en las superficies mucosas cuyas células epiteliales expresan un receptor de Ig polimérico capaz de transportar IgA dimérica a la luz -precisaron los investigadores en la publicación-. Aunque el papel de la IgA en la mucosa intestinal se ha estudiado ampliamente, los tipos de células responsables de secretar la IgA que protege al huésped contra patógenos en el tracto respiratorio inferior son menos claros. Aquí, utilizando un modelo de ratón de la infección por el virus de la influenza, demostramos que la inmunización intranasal, pero no sistémica, induce la secreción local de IgA en el espacio broncoalveolar”.
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Trabajando con investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai en Nueva York, probaron una vacuna basada en proteínas diseñada para reactivar una respuesta inmune IgA, administrándola a ratones a través de inyecciones, como se hace comúnmente con las inmunizaciones sistémicas, y también por vía intranasal.
Luego, los investigadores expusieron a los ratones a múltiples cepas de virus de la influenza y descubrieron que los ratones que habían recibido la vacuna por vía intranasal estaban mucho mejor protegidos contra la influenza respiratoria que los que recibieron inyecciones. Las vacunas nasales, pero no la inyección, también indujeron anticuerpos que protegieron a los animales contra una variedad de cepas de gripe, no sólo contra la cepa contra la que la vacuna estaba destinada a proteger.
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El equipo de Yale está probando actualmente vacunas nasales contra cepas del SARS-CoV-2 en modelos animales.
Si bien tanto las inyecciones de la vacuna como las vacunas nasales aumentaron los niveles de anticuerpos en la sangre de los ratones, sólo la vacuna nasal permitió la secreción de IgA en los pulmones, donde los virus respiratorios deben alojarse para infectar al huésped, resaltó Iwasaki, quien prevé que si las vacunas nasales demuestran ser seguras y eficientes en humanos, probablemente se usen junto con las vacunas actuales y los refuerzos que funcionan en todo el sistema para agregar refuerzos al sistema inmunológico en la fuente de la infección.
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