
Un agujero negro es un objeto celeste que posee una masa extremadamente importante en un volumen muy pequeño. Los astrónomos lo ejemplifican como si la Tierra estuviera comprimida en un dedal o el sol únicamente midiera 6 km de diámetro.
El físico John Archibald Wheeler inventó el término “agujero negro” en los años 1960, aunque no son agujeros, ni negros, pero su nombre ha influido en el imaginario colectivo. Según la ley de la relatividad general publicada en 1915 por Albert Einstein, que permite explicar su funcionamiento, la atracción gravitacional de estos “monstruos” cósmicos es tal que no se les escapa nada: ni la materia, ni la luz, sea cual sea su longitud de onda. Y si la luz, que es lo que más rápido viaja en nuestro Universo no puede salir, entonces nada podrá hacerlo.

Una de las personas que más sabe de agujeros negros en la actualidad y que ha cobrado relevancia por sus charlas a raíz de sos dos libros publicados recientemente (Black Hole Blues y Other Songs from Outer Space) es la cosmóloga Janna Levin, que comienza a explicar sus teorías a partir de una epopeya que duró 1300 millones de años de evolución y trata de la primera detección de ondas gravitacionales a partir del choque de dos agujeros negro.
La experta explica cómo aunque hasta ahora hemos estudiado el universo fundamentalmente mediante imágenes, y muy recientemente a través de sus sonidos. “Si pasamos la película del niverso al revés sabemos que hubo un Big Bang en nuestro pasado y podríamos incluso escuchar su sonido cacofónico pero, ¿nuestro Big Bang fue el único Big Bang? ¿Es posible que nuestro Universo sea el penacho de una historia más grande? ¿O que seamos sólo una rama de un multiverso… Cada rama con su propio Big Bang en su pasado… Quizá algunos con agujeros negros que blanden tambores, quizá otros que no… Quizá algunos con vida inteligente, y quizá otros no… No en nuestro pasado, no en nuestro futuro, pero, de algún modo conectados con nosotros en lo profundo?”, se pregunta la experta.
Y continúa su derrotero de dudas: “Así que tenemos que preguntarnos, si hay un multiverso, en algún otro parche de ese multiverso ¿hay criaturas? Estas son las criaturas de mi multiverso. ¿Existen otras criaturas en el multiverso que se pregunten por nosotros y por sus propios orígenes? Y si existen puedo imaginarlos como nosotros: calculando, escribiendo código informático, construyendo instrumentos, tratando de detectar el más leve sonido de sus orígenes y preguntándose quién más está ahí afuera. Nunca, nunca, debemos dejar de hacernos preguntas”.
¿Cómo poder verlos si son invisibles?
Los astrónomos buscan observar este “monstruo” por contraste, es decir, gracias al fondo brillante que forma la materia que lo envuelve. Por lo tanto, no se pueden observar directamente. Además, la fuerza de gravedad que emana del agujero negro es tan fenomenal que no se ha logrado recrear en laboratorio.
Bajo el efecto de la enorme atracción gravitacional, las estrellas más cercanas a estos “monstruos” son achatadas, estiradas y dislocadas y su gas se calienta a temperaturas extremas.
¿Qué pasa si cayéramos en un agujero negro?
La cosmóloga Levin explica los tres grandes tormentos que sufriría el cuerpo humano que se acerca a un agujero negro.
1-”La parte de tu cuerpo más cercana al hoyo se acelera drásticamente más rápido que la parte de tu cuerpo más alejada, estirándolo miserablemente”.
2-”Simultáneamente, tu anatomía general se ve obligada a converger hacia ese punto, aplastándolo”.
3-”En un microsegundo, menos tiempo del necesario para parpadear, al mismo tiempo se desmenuza y pulveriza hasta la muerte”.

“En resumen, viviríamos la muerte más dolorosa”, asegura la astrofísica, que agrega que la materia orgánica es “golpeada y destrozada en los componentes elementales”. Pero Levin tampoco descarta que estos cuerpos que vagan por el espacio nos lleven a un nuevo universo. “Los agujeros negros pueden ser más grandes por dentro que en el exterior. Un agujero negro es un lugar, un lugar en el espacio-tiempo, muy oscuro y desnudo y vacío”, agrega.
Como estado de muerte de una estrella, los agujeros negros no emiten luz. Si bien son oscuros, pueden hacer sonar una canción en el espacio en forma de ondas gravitacionales. Los detectores monumentales construidos en la Tierra como LIGO y la misión espacial planeada LISA tienen como objetivo grabar las canciones desde el espacio, subiendo así el volumen de la banda sonora del Universo.
Eso sucedió en febrero de 2016 cuando equipos internacionales de investigadores anunciaron la primera detección directa de ondas gravitacionales, un avance mayúsculo para la física que abre una nueva ventana al universo y sus misterios.

La argentina Gabriela González, doctora y egresada en la Universidad de Córdoba, integró los equipos de investigación y dedicó toda su vida al estudio de este fenómeno que traslada a los científicos rumbo a una etapa clave para la cosmología. González es miembro de prestigiosas organizaciones como American Physical Society, American Association for the Advancement of Science, International Society for General Relativity and Gravitation, entre otras.
“Esta detección es el comienzo de una nueva era. La era de la astronomía de las ondas gravitacionales ya es una realidad”, indicó González a Infobae, que se desempeña como profesora en el departamento de física y astronomía de Louisiana State University. Fue una de las fundadoras del equipo que arribó al descubrimiento.
“Nosotros no dudamos de la teoría de Einstein. Estamos utilizando las nuevas herramientas de detección de ondas gravitacionales como verdaderos telescopios para estudiar el universo. Estamos sacando muchísimas conclusiones sobre el mismo, en especial de los agujeros negros: cuán grande son, cómo se forman o dónde están”, concluyó la especialista en Física.
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