Lula inicia una gira por Brasil tras sufrir una drástica caída en las encuestas de cara a las elecciones de octubre

Los últimos sondeos anticipan una campaña electoral polarizada y hasta el último voto

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Lula da Silva, presidente de
Lula da Silva, presidente de Brasil (REUTERS/Adriano Machado)

Una encuesta de Quaest publicada el miércoles ha reordenado el tablero de la carrera hacia las elecciones presidenciales de octubre, al mostrar que la ventaja de Lula sobre el precandidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, se ha reducido de forma drástica.

En un eventual segundo turno, el actual presidente tendría una ventaja de apenas cinco puntos, frente a los diez de diciembre y los siete de enero. Se trata, además, del primer sondeo que excluye como candidato de la derecha al actual gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Así, si a finales del año pasado la precandidatura de Flávio Bolsonaro parecía tan débil para el PT de Lula como para hacer pensar en una victoria fácil en octubre, la encuesta de Quaest plantea ahora un escenario más complejo y menos previsible, cuyo impacto se ha sentido especialmente en los mercados financieros. El miércoles, la bolsa brasileña reaccionó superando los 190.000 puntos con un alza del 2,03%, mientras que el dólar cayó un 0,18% hasta 5,18, el nivel más bajo desde mayo de 2024. Lo que probablemente entusiasmó al mercado fue la posibilidad de un cara a cara con una alternativa a Lula y a las posibles decisiones económicas de un eventual nuevo gobierno 4.0.

Hace apenas unas semanas generó debate la decisión del ministro de Economía, Fernando Haddad —dispuesto a dejar su cargo para participar en la campaña electoral— de proponer a Lula a su secretario de Política Económica, Guilherme Mello, como nuevo director de Política Económica del Banco Central. Mello es considerado en el mercado financiero un economista heterodoxo, más cercano a la Teoría Monetaria Moderna que a la economía tradicional. Ex directores del Banco Central declararon de forma anónima al diario O Estado de São Paulo que una eventual designación tendría un impacto negativo en la credibilidad del banco central, ante el temor de un giro más heterodoxo en la conducción de la política monetaria. Entre los puntos que pesan en contra de Mello figuran algunas de sus declaraciones cuestionando las evaluaciones según las cuales el gobierno federal estaría gastando demasiado.

En caso de que Lula lo confirme, será necesaria la aprobación del Senado. Como resumió un reciente editorial de la revista económica británica The Economist, además del tema de la seguridad, la economía será dominante en el debate electoral de los próximos meses. “Cuando Lula asumió el cargo en enero de 2023, heredó un superávit primario equivalente al 1,4% del PIB y un déficit total de alrededor del 4,5%. En diciembre de 2025, el gobierno registraba, en cambio, un déficit primario del 0,4% del PIB. Esta trayectoria ha reducido la confianza de los mercados en la capacidad del gobierno para contener la deuda”, se lee en el artículo. También destaca las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), según las cuales la deuda pública bruta de Brasil podría alcanzar el 99% del PIB en 2030, frente al 62% de 2010. Según la misma encuesta de Quaest publicada el miércoles, casi el 43% de los brasileños considera que la economía del país ha empeorado en los últimos 12 meses. Solo el 24% afirma que ha mejorado en el mismo período, mientras que el 30% dice que no hubo cambios. Precisamente, la economía podría en los próximos meses inclinar el voto en un escenario que, según la encuesta, muestra a un Brasil aún dividido en dos en la evaluación del actual gobierno: el 49% desaprueba la gestión de Lula y el 45% la aprueba.

El senador brasileño Flavio Bolsonaro,
El senador brasileño Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente brasileño Jair Bolsonaro (REUTERS/Sarah Meyssonnier)

Decisivos, según el sondeo, serán los electores independientes, que representan cerca del 32% del electorado. En este grupo, la ventaja de Lula parece haberse reducido drásticamente, pasando de 16 puntos el año pasado a solo 5 esta semana. Un dato relevante es que el 38% de los independientes declaró que no votaría ni por Lula ni por Flávio Bolsonaro en un eventual balotaje, aumentando así la incertidumbre sobre el resultado final. Brasil, también según esta encuesta, aparece cansado de una elección que volverá a presentar la misma dicotomía y polarización del pasado: de un lado Lula, del otro un representante de la familia del ex presidente Jair Bolsonaro. Para ambos, la muestra de electores encuestados muestra un alto rechazo: 54% para Lula y 55% para Flávio Bolsonaro.

Entre los independientes, el rechazo sube incluso al 64% para ambos, confirmando que la contienda será extremadamente competitiva. La investigación de Quaest perfila, en suma, una carrera presidencial mucho más abierta de lo previsto. Lula sigue al frente, pero Flávio Bolsonaro se ha consolidado como un desafiante creíble para los electores. Con altos niveles de rechazo, un electorado independiente indeciso y un país profundamente dividido, las elecciones de 2026 se perfilan entre las más disputadas de la historia reciente de Brasil. Así lo afirmó el propio Lula en la reciente celebración del aniversario del PT en Salvador, en el estado de Bahía, cuando declaró que las elecciones de 2026 serán una “guerra” y que “la era de paz y amor de Lula ha terminado”.

Según una investigación del sitio de noticias Metrópoles, el Partido Liberal (PL) de Flávio Bolsonaro y el PT de Lula serán los partidos que, en conjunto, recibirán alrededor de 1.500 millones de reales de financiamiento público para sus campañas. Además, obtendrán el 30% del tiempo de propaganda gratuita en televisión. Los demás precandidatos a la presidencia, que serán oficializados recién en agosto tras las convenciones partidarias, son Romeu Zema, del partido de centroderecha Novo y actual gobernador de Minas Gerais; Ronaldo Caiado, del Partido Social Democrático (PSD) y gobernador de Goiás; Renan Santos, ex del Movimiento Brasil Libre (MBL) y candidato por el nuevo partido Misión; y Aldo Rebelo, del partido Democracia Cristiana (DC). Otros nombres, sin embargo, podrían surgir en los próximos meses. Mientras tanto, el Tribunal Superior Electoral tiene plazo hasta el próximo 5 de marzo para votar algunas resoluciones debatidas a comienzos de febrero. Estas resoluciones están destinadas a modificar las reglas electorales de octubre, teniendo en cuenta los riesgos de las nuevas tecnologías y la expansión de videos y contenidos manipulados con inteligencia artificial. Entre las propuestas figura también la imposición de multas de hasta 30.000 reales por cada contenido electoral manipulado con IA.

En cuanto a la oposición, ha convocado para el próximo 1 de marzo una movilización nacional en todo el país contra Lula y los jueces del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes y Dias Toffoli, en el centro de las polémicas por el reciente escándalo de corrupción del Banco Master. Precisamente el tema de la corrupción corre el riesgo de dominar el debate electoral de los próximos meses, también porque con el voto de octubre los brasileños no elegirán solo al nuevo presidente, sino también a gobernadores, diputados y senadores.

El juez del Supremo Alexandre
El juez del Supremo Alexandre de Moraes (REUTERS/Adriano Machado)

“La ley de la ficha limpia ha sido debilitada y esto podría generar consecuencias negativas en las próximas elecciones”, explica a Infobae el fiscal de Justicia de São Paulo, Roberto Livianu, presidente del Instituto “No acepto la corrupción”. La Ley de la Ficha Limpia, o Ley Complementaria n.º 135/2010, es una de las principales normas anticorrupción de Brasil y se refiere a la inelegibilidad de los candidatos a cargos electivos. Aprobada en 2010 por iniciativa popular con más de 1,6 millones de firmas, la ley estableció que no pueden postularse políticos condenados por un tribunal colegiado, aunque la sentencia no sea definitiva. También se excluyen administradores públicos que hayan perjudicado las arcas del Estado y personas condenadas por corrupción, lavado de dinero, abuso de poder económico o político y delitos electorales graves. La inelegibilidad dura ocho años a partir de la condena o del fin del mandato. El principio clave de la ley es impedir el acceso a candidaturas electorales a personas con antecedentes graves, incluso antes de una sentencia firme. En los últimos años, sin embargo, esta ley ha sido progresivamente vaciada, sobre todo mediante decisiones judiciales y cambios interpretativos. “La sensación de impunidad es absolutamente devastadora, al igual que la normalización de la corrupción, debido a la falta de medidas concretas de combate. Brasil sufre por la ausencia de una política pública anticorrupción”, advierte Livianu.

En 2025, el gigante latinoamericano repitió su segundo peor puntaje histórico (35 puntos, en una escala de 0 a 100) y continuó ocupando el puesto 107 entre 182 países y territorios evaluados en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), elaborado por la organización no gubernamental Transparencia Internacional y publicado esta semana. Es el principal indicador de la corrupción en el mundo: cuanto más bajo el puntaje, mayor es la percepción de corrupción. En comparación con 2024, Brasil subió un punto, una variación estadísticamente insignificante que indica estancamiento. “La corrupción sigue fuera de control en Brasil. Ha pasado otro año desde la última edición del índice y no se adoptaron medidas coherentes para su prevención y combate. Corrupción electoral, corrupción política, corrupción en el sector privado: todas las formas de corrupción son evidentes, sin que existan medidas de control eficaces”, dice Livianu a Infobae.

Mientras tanto, la política aprovecha el carnaval de estos días para calentar motores de la campaña electoral, que debería comenzar oficialmente dos meses antes de la votación. Ha generado polémica el desfile previsto para mañana en Río de Janeiro de la escuela de samba Acadêmicos de Niterói, que este año eligió como tema principal la celebración del “obrero Lula” como “esperanza de Brasil”, con una canción que narra su vida desde la infancia en el sertón pernambucano hasta la presidencia. Lula asistirá al desfile mañana y hasta el último momento permanece la incógnita de si su esposa, Rosângela da Silva, conocida como Janja, desfilará.

El jefe de la Secretaría de Comunicación Social (Secom) de la Presidencia de la República lo ha desaconsejado enérgicamente por el riesgo de un efecto búmeran. La oposición, de hecho, ya se ha movilizado recurriendo al Tribunal Superior Electoral (TSE) con una acusación contra Lula por propaganda electoral anticipada, la cual fue rechazada por el TSE porque los hechos aún no se han producido. La gira carnavalesca del presidente Lula comenzó ayer en Recife, en el estado de Pernambuco, de donde es originario; continúa hoy en Salvador, Bahía, y concluirá mañana en Río de Janeiro.