
Más de cuatro semanas de silencio público rodean a Evo Morales. El primer presidente indígena de Bolivia no aparece en su programa radial dominical ni en actos políticos desde el 8 de enero, cuando participó en una reunión con comerciantes afines al Movimiento Al Socialismo. La ausencia del ex mandatario, quien enfrenta una orden de detención por presunta trata agravada de personas, ha desatado especulaciones sobre su paradero en un momento crítico para la política boliviana.
Vicente Choque, dirigente campesino cercano a Morales, se limitó a declarar que el ex presidente se encuentra “a buen recaudo” y “cuidando la salud”, sin ofrecer mayores detalles sobre su ubicación. Dieter Mendoza, vicepresidente del sindicato cocalero del Trópico de Cochabamba, señaló que solicitaron al líder político un “total reposo” durante su “etapa de recuperación”, refiriéndose a un diagnóstico de dengue que habría contraído a mediados de enero.
La investigación judicial que pesa sobre Morales comenzó hace más de un año. La Fiscalía de Tarija lo acusa de haber mantenido una relación con una menor de edad con quien habría tenido un hijo en 2016, durante su tercer mandato presidencial. El ex presidente ha rechazado sistemáticamente estas acusaciones. Tras ser declarado en rebeldía a inicios de 2025 por no presentarse a las audiencias judiciales, el Ministerio Público presentó la acusación formal en octubre pasado, pero la orden de captura no se ha ejecutado.
Desde octubre de 2024, Morales permanecía refugiado en el Trópico de Cochabamba, su bastión sindical y político, donde miles de cocaleros montaron un cerco de protección con vigilias permanentes que impidieron el ingreso de las fuerzas policiales. Los seguidores del ex mandatario bloquearon carreteras durante 24 días para evitar su detención, creando una zona virtualmente inaccesible para las autoridades.

Su última aparición pública coincidió con el reporte de sobrevuelos inusuales de un helicóptero sobre el Chapare. El viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Ernesto Justiniano, explicó que se trataba de un operativo antinarcóticos de tres horas dentro de un programa de cooperación que el gobierno busca establecer con Estados Unidos. “La vigilancia del Estado no debería ser amenaza para nadie”, declaró Justiniano.
El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, afirmó que Morales permanece en la región del Chapare, que “se ha vuelto un poco en su detención domiciliaria” debido a que el ex presidente no puede moverse de allí. Sin embargo, el diputado opositor Edgar Zegarra, del partido Libre, aseguró que Morales ya no se encuentra en Bolivia y habría viajado a México, aunque se negó a revelar sus fuentes de información.
El comandante general de la Policía, Mirko Sokol, desmintió esta versión al señalar que “no hay un flujo o salida oficial” de Morales del territorio boliviano, aunque aclaró que esto se refiere a “rutas legales”.
La incertidumbre sobre el paradero de Morales se produce en un contexto de tensión política marcado por el cambio de gobierno. El presidente Rodrigo Paz, quien asumió el cargo el 8 de noviembre de 2025 tras casi dos décadas de gobiernos de izquierda, ha dado un giro drástico a la política diplomática boliviana. Paz restableció relaciones con Estados Unidos y anunció el retorno de la Administración de Control de Drogas (DEA), expulsada del país en 2008 por Morales.

El ex presidente Jorge Quiroga, quien gobernó Bolivia entre 2001 y 2002 y fue derrotado por Paz en la segunda vuelta electoral de octubre pasado, afirmó que Morales está “muerto de miedo” tras la detención de Nicolás Maduro por Estados Unidos. Quiroga acusó al ex mandatario de estar “jugando a las escondidas” y de “burlarse del Estado”.
Los cocaleros del Chapare han expresado abiertamente su temor a que el retorno de la DEA signifique una operación para capturar a Morales, similar a la que resultó en la detención de Maduro. Dirigentes afines al ex presidente reforzaron la seguridad en la región, incrementando la guardia campesina de 2.000 a aproximadamente 7.000 integrantes, según declaraciones del líder cocalero Aquilardo Caricari a la agencia AFP.
La ausencia prolongada de Morales rompe con su patrón habitual de actividad pública. Durante años, el ex presidente conducía cada domingo su programa radial desde la emisora cocalera Kawsachun Coca y participaba regularmente en eventos políticos y sindicales en el Trópico de Cochabamba. Su silencio actual contrasta con su histórico protagonismo mediático y político.
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